Escrito por Amanda Aravena, periodista de la Oficina de Género y Sexualidades.
Durante los últimos meses, las carreras de Pedagogía en Física, Matemáticas, Castellano y las tres especialidades de Educación Especial de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) comenzaron a revisar sus actividades curriculares con el objetivo de incorporar en ellas la perspectiva de género, sumándose al trabajo de transversalización que la universidad comenzó en 2021.
Este trabajo se enmarca en la Política de Género de la UMCE y en el proyecto UMC22991, que buscan asegurar una formación libre de sesgos y estereotipos de género y una educación no sexista con enfoque interseccional en todas las áreas, niveles y modalidades. Además, se alinea con los compromisos públicos y de calidad educativa que tienen las instituciones de educación superior a nivel nacional a través de la Ley N°21.369; el criterio 7 de gestión de la convivencia, equidad de género, diversidad e inclusión para la acreditación institucional universitaria y el Modelo de estándares de igualdad de género del Consorcio de Universidades del Estado de Chile (CUECH).
Angélica Marín Díaz, secretaria ejecutiva de la Oficina de Género y Sexualidades de la UMCE, destaca que “la transversalización del enfoque de género en el currículum busca, por una parte, producir conocimiento crítico sobre la universidad, sus saberes y sus prácticas, ya que las aulas también pueden reproducir sesgos de género o adultocéntricos; y por otra parte, abrir un proceso de reflexión que permita explicitar a nivel curricular las prácticas que, desde el aporte de cada disciplina, nos permitan avanzar en igualdad de género, no discriminación y la promoción de una vida libre de violencia”.
El trabajo junto a las carreras
El proceso de transversalización de la perspectiva de género en los procesos formativos en la UMCE, realizado por la Oficina de Género y Sexualidades, se traduce en una metodología que combina instrumentos, instancias y procesos de colaboración con las unidades académicas y la Unidad de Gestión Curricular Institucional. De acuerdo a esto, la ruta comienza con el análisis de la trayectoria curricular de cada carrera y de los distintos componentes de sus actividades curriculares. A partir de allí se elabora un informe que identifica fortalezas, afinidades y oportunidades.
Los resultados de este informe se comparten con los equipos académicos en una instancia de sensibilización y devolución, donde cada carrera prioriza el área en que resulta pertinente avanzar de manera colaborativa en un plan de trabajo de transversalización, en base a su expertise y experiencia en el campo disciplinar y pedagógico.
Constanza Román Ponisio, consultora de la Oficina de Género y Sexualidades a cargo del análisis curricular, explica que “se revisan las actividades curriculares y cada uno de sus componentes para lograr una coherencia interna y longitudinal, de tal manera que el enfoque de género no sea una isla o se aplique solo en algunas asignaturas, sino que la trayectoria formativa propicie un abordaje transversal respecto a temas asociadas a género, violencia, no discriminación, inclusión y diversidad. En tal sentido, la transversalización resulta más viable cuando se construye a partir de aquello que las carreras ya hacen y conocen, en lugar de presentarse como una exigencia adicional. El desafío es reconocer esas prácticas, hacerlas visibles curricularmente y favorecer que tengan continuidad a lo largo de la trayectoria formativa”.
Luego de definir las actividades curriculares donde se avanzará en transversalización, las unidades académicas trazan una ruta de trabajo para proponer, revisar y acordar los ajustes factibles de acuerdo al momento y posibilidades de cada carrera. “El acompañamiento no busca agregar contenidos externos, sino identificar esas capacidades, dialogar con los equipos académicos y construir desde cada campo disciplinar formas pertinentes de fortalecerlas. En este sentido, este proceso está muy situado en cada carrera porque se toman decisiones en función de sus características, con el acompañamiento de la Oficina de Género y Sexualidades que facilita instancias de reflexión y propuestas”, complementa la magíster en Didáctica e Innovación Pedagógica.
Así, las carreras de Pedagogía en Educación Especial con especialidad en Comunicación y Lenguaje, Educación de las Personas Sordas y en Aprendizaje, Pedagogía en Matemáticas y Pedagogía en Castellano, luego de conocer el informe de análisis curricular, están prontas a comenzar a elaborar su plan de trabajo.
Por otra parte, entre las carreras que presentan mayores avances destaca el trabajo desarrollado por Pedagogía en Física y por las especialidades de Discapacidad Mental y Desarrollo Cognitivo y de Personas Ciegas y Retos Múltiples de Educación Especial, cuyos equipos académicos han asumido activamente la definición de sus propias rutas de transversalización.
“Los ritmos y formas de avance son distintos entre carreras, y esa diversidad es parte de la propia metodología: transversalizar no significa hacer lo mismo en todos los espacios, sino construir procesos pertinentes a cada comunidad académica. El desafío es que estos avances no queden concentrados en iniciativas individuales o asignaturas específicas, sino que se proyecten de manera progresiva y coherente en las trayectorias formativas, articulando género, derechos humanos, diversidad, inclusión y no discriminación en aquello que se enseña, en cómo se enseña y en las experiencias formativas del estudiantado”, finaliza Constanza.