En el aniversario 137 de la UMCE: un mensaje del Museo del Instituto Pedagógico Valentín Letelier

Tiempo de lectura:‎ 5 minutos
casino
  • En el marco del aniversario institucional, el Museo del Instituto Pedagógico Valentín Letelier comparte una reflexión dirigida a la comunidad universitaria, invitando a valorar el legado histórico de la formación docente y su vigencia en el presente de la UMCE.

 

Querida comunidad UMCE:

Hoy 1 de agosto nuestra Universidad cumple 137 años.

Hace 137 años se abrió por primera vez la puerta de una sala de clases que cambiaría para siempre la historia de la educación chilena. Ese día no comenzó solamente una institución; comenzó un sueño que aún sigue vivo en cada estudiante, en cada profesor y en cada rincón de nuestra querida Universidad.

Desde el Museo queremos invitarlos a realizar un viaje en el tiempo.

Cerremos por un instante los ojos e imaginemos aquellos primeros pasos por los patios del viejo Instituto Pedagógico. Escuchemos las conversaciones de sus estudiantes, las enseñanzas de Valentín Letelier, de Diego Barros Arana, de Claudio Matte y de tantos maestros que comprendieron que enseñar no era transmitir conocimientos, sino formar personas capaces de transformar la sociedad. Esa fue la esencia con la que nació el Pedagógico y la que sigue dando sentido a nuestra Universidad.

Pero este viaje no es para quedarnos mirando el pasado. Es para volver fortalecidos.

Volvamos con la convicción de quienes hicieron de la docencia una forma de servir a Chile. Volvamos con la humildad de quienes entendieron que nunca se deja de aprender. Volvamos con la pasión de quienes hicieron de estas aulas un lugar donde la libertad de pensamiento, la ciencia, el arte y la educación caminaron siempre de la mano.

Porque la historia no vive solamente en los libros ni en las vitrinas del Museo.

La historia vive en ustedes.

Vive en quienes recorren hoy estos mismos patios. En quienes sueñan con convertirse en profesores y profesoras. En quienes comprenden que educar es uno de los actos de amor más profundos que existen.

El primer estudiante del Instituto Pedagógico, Enrique Molina Garmendia, recordaba que aquí aprendió a trabajar, a estudiar y a descubrir la disciplina que marcaría toda su vida. Ese sentimiento de gratitud hacia el Pedagógico ha acompañado a generaciones enteras de maestros.

Por eso quisiera pedirles algo. Amen esta Universidad.

Cuídenla como se cuida la casa donde uno aprende a ser quien es.

Honren sus salas, sus patios, su historia, sus profesores, sus compañeros y también a quienes nos precedieron. Cada muro guarda una historia; cada árbol ha visto pasar generaciones de jóvenes que llegaron con un sueño muy parecido al de ustedes: cambiar el mundo a través de la educación.

Nunca olviden que formar parte de la UMCE no es un privilegio cualquiera. Es pertenecer a una comunidad que durante 137 años ha construido el país desde las aulas, sembrando conocimiento, pensamiento crítico, inclusión, justicia y esperanza.

Que los grandes maestros del viejo Instituto Pedagógico sigan caminando junto a nosotros. Que su ejemplo inspire nuestras decisiones.

Que su legado nos recuerde siempre que enseñar es un acto de generosidad, de valentía y de profundo amor por las personas. Y cuando dentro de muchos años alguien vuelva a recorrer estos patios, pueda decir que nuestra generación también estuvo a la altura de esta historia.

Feliz aniversario, querida UMCE

Porque el Instituto Pedagógico no es solamente nuestro pasado. Es el corazón que aún late en nuestro presente y la esperanza con la que seguiremos construyendo el futuro.

Y es precisamente por ello que nació el Museo del Instituto Pedagógico Valentín Letelier: para custodiar este legado, para proteger la memoria de quienes hicieron de la enseñanza un acto de amor y de servicio, y para recordar a cada nueva generación que aquí existe una historia que merece ser conocida, cuidada y continuada.

El Museo no guarda únicamente objetos, fotografías o documentos. Guarda vidas, vocaciones, sueños y el inmenso amor de miles de hombres y mujeres que un día eligieron ser maestros y maestras. Ese amor permanece en cada cuaderno, en cada pupitre, en cada libro y en cada fotografía que resguardamos; pero, sobre todo, permanece en ustedes, que hoy continúan escribiendo esta historia.

Por eso, el Museo quiere permanecer siempre junto a ti. No como un lugar donde habita el pasado, sino como un compañero de camino, un espacio donde puedas volver cada vez que necesites recordar por qué elegiste enseñar.

Que este legado viva en tus manos, en tu voz y en tu ejemplo. Que cada vez que cruces los patios de la UMCE sientas que caminas acompañado por quienes nos precedieron y que, con su dedicación y esperanza, hicieron posible esta gran casa de estudios.

Porque ser profesor o profesora no es solo una profesión; es una forma de amar a los demás. Y mientras exista ese amor, el viejo Instituto Pedagógico seguirá vivo en el corazón de la UMCE y en el corazón de Chile.