Martes, 04 Diciembre 2018 16:30

#TituladaUMCE Claudia Fernández: "La inclusión requiere de la completa aceptación del otro y un cambio sociocultural estructural" Destacado

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Claudia Fernández se tituló el año 2011 de la carrera de Pedagogía en Educación Diferencial especialidad Problemas de Audición y Lenguaje. Hoy a sus 32 años trabaja con la comunidad sorda de la Corporación Educacional Tecnológica de Chile, donde ha podido desarrollar su labor por la inclusión, que incluso ha permitido que sus estudiantes participen con éxito en las Olimpiadas para sordos. En esta entrevista nos cuenta cómo ha transitado en su camino laboral.

En su búsqueda vocacional al salir del colegio, Claudia Fernández siempre tuvo un marcado interés por el área humanista, destacando la pedagogía entre sus primeras opciones. Así conoció la UMCE y una carrera en particular que la cautivó. "Me encontré con Educación Diferencial PAL y creo que el enfoque de la pedagogía desde esa carrera me hizo tomar la decisión definitiva, la mirada sistémica del estudiante y su familia, el rol activo, participativo y critico del profesor, en definitiva ser un profesor incidente y generador de cambios en la escuela" cuenta.

-¿Por qué escogiste estudiar en la UMCE?

-La UMCE es historia, patrimonio y ha sido por años una universidad referente en la formación de los docentes de Chile. Esto se puede percibir estando ya en el campo laboral, donde te das cuenta que los profesores de acá son valorados y requeridos. Valoro muchísimo las discusiones entre compañeros, los espacios de opinión, el acompañamiento de las profesoras, el compartir en sus espacios de manera libre, el carisma de los funcionarios, la cercanía con espacios culturales, la identidad (semana Violeta Parra, las Cuecas, exposiciones, visitas ilustres, etc.), la belleza de sus espacios y claramente el convivir ahí en diversidad de opiniones, creencias y posturas políticas.

-¿Cuáles son tus mejores recuerdos de la universidad?

-Me tocó vivir ahí, durante mis primeros días de clases, la pérdida de mi madre. Mis compañeras, mis profesoras y la U hicieron que el camino fuera llevadero. Guardo tremendos recuerdos de los vínculos que hice ahí hasta hoy. También tengo otros momentos como el aniversario número 100 de las Cuecas, ¡lo máximo! También las campañas de los compañeros de Biología y su compromiso con los animales.

-¿Tienes algún referente o alguien que admires en tu área?

-Mis profesoras son y serán mis refrentes. También mis compañeras, por cierto, increíbles profesionales, que hasta hoy son un apoyo. De hecho, una de mis compañeras más queridas y recordadas es Karina Díaz Cancino, actualmente profesora sorda de la escuela de sordos Santiago Apóstol, referente en su comunidad y a quien respeto y agradezco muchísimo su generosidad y ayuda.

-¿Cómo fue tu primera experiencia laboral en el aula?

-Fue desafiante. Comencé trabajando con niños de preescolar y sentí muchísima exigencia desde todos los ámbitos. Ellos requerían movimiento, juego, música, emociones y un sinfín de elementos que, a ratos, para mí fue desbordante, descubriéndo incluso, que es un nivel educativo en que no logré descubrir tantas fortalezas en mí, pero es importante reconocerse. No lo pasé tan bien, sentí que les quedaba al debe. Esa experiencia me hace admirar y respetar muchísimo el trabajo de las educadoras de párvulos y sus asistentes de aula, absolutamente.

-Cuéntanos de tu actual trabajo, ¿cómo ha sido la experiencia? ¿cuál ha sido el mayor aprendizaje?

-Actualmente trabajo en los liceos técnicos Pedro de Valdivia y Manuel Montt, juntos conforman la Corporación Educacional Tecnológica de Chile, acá en Ñuñoa. Llegué el año 2015 a trabajar con los estudiantes sordos, una pequeña comunidad. Con ellos comenzamos un trabajo importante. Aquí me desempeño como la profesora que favorece el proceso de aprendizaje de estos jóvenes, realizando ajustes y facilitando el acceso a la información de las clases a través de la Lengua de Señas Chilena.

Este proyecto ha ido sosteniéndose estos años, sensibilizando a la comunidad educativa y realizando un trabajo colaborativo con los profesores, las familias y estudiantes de los liceos. Juntos hemos ido creciendo poco a poco y orgullosamente ya tengo dos generaciones de estudiantes sordos titulados. Actualmente dos de ellos están en la educación superior, uno de los cuales está estudiando Educación Diferencial en la UMCE actualmente.

Esta experiencia ha tenido múltiples momentos, un comienzo bastante azaroso junto a todos los estamentos de la escuela. En general es difícil que las personas comprendan lo fundamental que es vivir en comunidad, cooperarse, la no competencia, la no discriminación, etc. Todo es parte del camino que hay que construir y eso ha sido complejo. Creo que el Sistema Educativo actual tampoco aporta mucho en eso, pero son objetivos que se deben profundizar y estructurar como fundamentales. El mayor aprendizaje ha sido desarrollar adaptabilidad y disposición al cambio porque, en definitiva, no hay certezas en este camino, sobre todo en el ámbito de la inclusión, en que se requiere de completa aceptación del otro, consideración de sus particularidades, historia, el respeto a la diversidad, de muchísima flexibilidad, adquisición de estrategias y un cambio sociolcultural estructural que se construye día a día.

La existencia de las leyes inclusivas no necesariamente hace que estas se cumplan. Debemos hacer un trabajo ahí creo que de ciudadanos conscientes, no debo ser inclusivo por ley, sino debo serlo porque creo que como profesora soy garante de esos derechos, tengo compromiso y voluntad. Creo con certeza que el mayor desafio está en la comunidad mayoritaria, quienes debemos cuationar nuestros privilegios y, además de manera consciente y voluntaria, manifestar apertura ante la diversidad. Al menos yo estoy muy esperanzada en eso. Los jóvenes, las nuevas generaciones, van comprendiendo y transmitiendo día a día la necesidad de apertura y aceptación de las diferencias. Ellos son por lejos más visionarios al sostener la importancia de reconocer la diferencia y diversidad como una riqueza. Las barreras muchas veces son puestas por nosotros los adultos.

 

-¿Cuáles han sido los principales desafíos que has enfrentando?

-Pienso que una de las mayores dificultades es entender que las personas sordas presentan una forma distinta de enfrentarse a la lectura y escritura, que la particularidad de su rica lengua, hará imposible la obligación de leer y escribir como una persona oyente. Entender eso y aceptarlo, construir desde ahí, es un tremendo desafío para los profesores. Los estudiantes sordos de mi escuela luchan día a día para lograr desarrollar habilidades de lectura y escritura.

Recuerdo una anédota que refleja esto. Durante un año completo intenté motivar la lectura de uno de los estudiantes más resistentes, pero sin éxito, pasó ese año. Un día, sin forzar el proceso me pidió ayuda para leer un texto y acepté. Era la primera vez en dos años que me pedía algo así. Era una noticia, pero era una noticia muy particular. El nombre de su padre estaba en esa noticia y, por consiguiente, descubriría un episodio familiar importante. Esta acción significó la apertura, a sus 16 años, con valentía y coraje al mundo de la lectura, a través de un noticia, a través de un relato, a través de hechos, pero no cualquier relato, sino un relato real, parte de su puzzle de vida, quizás la pieza que faltaba para encontrar muchas respuestas. Esta situación generó un vínculo muy particular con la lectura. Poco a poco ha ido motivándose más, de manera autónoma y voluntaria. Para mí eso es más que una anécdota, viene a explicar que no puedes forzar el aprendizaje, que cada uno tiene su ritmo y que debemos estar preparados para estar ahí en los momentos precisos.

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