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Martes, 04 Septiembre 2018 13:59

#TituladoUMCE Felipe Ramírez: "La vida me ha dado el privilegio de ser educador hospitalario" Destacado

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 A sus 31 años, Felipe Ramírez, profesor de Artes Visuales titulado de la UMCE, desarrolla su pasión por la Pedagogía hospitalaria en el Hospital de Puerto Montt. Su labor lo llevó a ser el ganador del Global Teacher Prize Chile y ser uno de los 40 finalistas a nivel mundial del premio que reconoce a los mejores profesores del mundo. Acá nos cuenta más de su carrera y su compromiso por la enseñanza.

 
 
En el año 2005, Felipe Ramírez entró a estudiar Pedagogía en Artes Visuales, siendo el primer seleccionado por puntaje ponderado. Tras titularse en 2009, no ha parado de perfeccionarse en el área que lo apasiona: la Pedagogía hospitalaria. Hoy es alumno tesista del Máster en Pedagogía Hospitalaria de la Universitat de Barcelona y pronto defenderá la tesis del Magister en Educación de la Universidad San Sebastián, en Puerto Montt.
 
-¿Por qué decidiste estudiar pedagogía? ¿por qué en la UMCE?
 
-Decidí estudiar pedagogía porque me pareció la mejor forma de contribuir a la sociedad y en Artes visuales, porque es lo que me apasiona desde que estaba en la enseñanza media. Quería compartir con las personas esta alegría del arte, acompañar a los niños y jóvenes en el camino de descubrir sus talentos, pero también enseñarles a disfrutar del arte, a ser buenos espectadores y promotores del arte y la cultura. Por supuesto que elegí la UMCE por ser la universidad histórica en la formación de profesores en nuestro país. Cada vez que hablaba con un profesor que había estudiado ahí, su rostro se iluminaba en la evocación. El día que visité por primera vez la universidad como estudiante de Cuarto medio, recuerdo haber tenido esa sensación de que ese sería mi lugar, sus parques, sus casonas antiguas y luego el Departamento de Artes. En cuanto llegué, me saludaron (primera cosa extraña en Santiago) los jóvenes que allí estudiaban y me preguntaron en qué andaba y les conté que desde el colegio nos habían enviado a conocer la universidad en que queríamos estudiar y yo quería ser profesor de Artes visuales, así es que había ido al Pedagógico. Fueron súper amables y me contaron maravillas de la carrera, pero la experiencia posterior superó todas mis expectativas.
 

-¿Cuáles son tus mejores recuerdos de la universidad?
 
-La comunidad de aprendizaje, los talleres abiertos todo el día. Todos nos quedabamos pintando o en el taller de escultura, haciendo nuestros trabajos o simplemente ejercitando en gráfica, volumen, grabado, lo que te interesara. Siempre había alguien dispuesto a enseñarte, a guiarte, algún estudiante de un curso más alto o incluso los mismos profesores, te dejaban quedarte a las clases de otros cursos para que siguieras avanzando. Los maestros del Departamento de Artes son súper accesibles, sencillos, siempre dispuestos a darte un consejo, una guía en todo momento, aunque no fueran tus profesores si te veían trabajando en una sala o en el hall de la facultad, se acercaban y te decían cómo hacer mejor lo que fuera que estuvieras haciendo. 
 
Recuerdo con mucho cariño a mis profesores y les guardo la mayor gratitud por haber compartido su saber con tanta generosidad. Fue una etapa bellísima la vivida en la universidad y siempre la recuerdo con una sonrisa. Lo mismo me pasa con mis compañeros, fueron realmente compañeros de ruta en esta aventura por las artes y la educación. Hoy mantengo contacto con muchos de ellos, sin importar si iban un curso más arriba o más abajo. De algunos fui ayudante de cátedra en pintura o en didáctica, de otros fui aprendiz. Hoy todos somos colegas y admiro el trabajo que muchos de ellos desarrollan, ya sea en el diseño, el streetart, las artes circenses, origami, la innovación didáctica y otros que son grandes artistas.
 
-¿Tienes algún referente o alguien que admires en tu área?
 
-Por supuesto que admiro mucho a grandes maestros tanto en la educación, como Humberto Maturana, o a Humberto Eco, en la teoría del arte, grandes maestros de las artes visuales, históricos y contemporáneos. Pero, como tengo el privilegio de dedicarme a la pedagogía hospitalaria, he tenido la fortuna de conocer e interactuar con mis más grandes referentes en el área. No sólo tenemos la suerte de tenerlos con vida, sino que además están vigentes y aportando. Como si esto no fuera suficiente, son las personas más sencillas, integradoras y generosas que he conocido. Partiendo por casa, admiro mucho a nuestro encargado nacional de escuelas hospitalarias, don Tomás Arredondo; a la Dra. Sylvia Riquelme y Marianella Ferreira; a Sergio Velásquez y Monserrat Pérez-Cueto. También he tenido el privilegio de estudiar con la Dra. Maria Cruz Molina, en el Máster de Pedagogía Hospitalaría en la Universitat de Barcelona; la Dra. Toñy Castillo, con quien estamos realizando algunos proyectos juntos; la Dra. Olga Lizasoáin y el Dr. Sebastia Berger en España; la mg. Jenny González trabaja en Colombia y Argentina es representante de REDLACEH para Colombia y Argentina además de haber diseñado el material para el proyecto enlaces hospitalario en Chile. Admiro mucho el trabajo de mis colegas en la localidad de Salta en el norte, en Argentina, y hace poco comencé a conocer el trabajo de Lea Albertoni, en Brasil. Es una comunidad muy unida, estamos muy conectados y son personas sumamente colaboradoras.   
 
-¿Cómo fue tu primera experiencia laboral en el aula?
 
-Comencé en la UNIACC como ayudante del profesor Humberto Zaccarelli. También fui ayudante en la UMCE del profesor Pedro Bernal Troncoso, en pintura, y de la maestra Sonia Molina, en didáctica. Pero mi primer trabajo como profesor fue en la Escuela Eliodoro Yáñez Ponce de León, en San Bernardo, con una autorización provincial, ya que estaba en cuarto año. Tenía 21 cuando tomé mi primer curso en esa escuela y aún cuando el contexto, que era muy desfavorable. Guardo hermosos recuerdos de la experiencia. Al año siguiente me dieron la oportunidad de hacer un taller SEP que se llamó "Mi primera academia de pintura" y fue bellísimo, un semestre inolvidable del 2009 con niños maravillosos descubriendo sus talentos, y que culminó con la primera exposición de pintura en esta escuela de la localidad de Lo Herrera. Simultáneamente terminaba la carrera, y me habían invitado a seguir trabajando allí, pero ya tenía claro mi objetivo, ser educador hospitalario en el sur de Chile.
 
-¿Cómo llegaste a trabajar en el área de pedagogía hospitalaria?
 
-Estando en Santiago en mi último año, mientras hacia la tesis de grado y trabajaba, supe de la escuela del Hospital Calvo Mackenna y me impresionó su trabajo. Ya había decidido irme al sur a vivir una vida más apacible que la que conocía en Santiago. La familia de una amiga vivía en Puerto Montt y me contó que allí había una escuela hospitalaria también. Comencé a escribir y una vez rendido el examen de grado viajé a una entrevista, sólo me habían ofrecido 15 horas de contrato, pero fue suficiente para volver a Santiago por mis cosas y venirme a Puerto Montt en febrero del 2010, sin más que un poco de ropa, mis pinceles, pinturas y todos los sueños e ilusiones que puede concebir un corazón joven con ganas de aportar a la sociedad.
 
La primera semana supe que esto era lo mío. A pesar de que no ganaba mucho, me las arreglaba haciendo horas en otros colegios, pintando por encargo, retratos y paisajes. Cada vez que me ofrecieron un trabajo durante esos primeros años, fue para horario completo y nunca quise dejar el hospital, así que me las fui arreglando. Al segundo año conseguí 30 horas en la escuela hospitalaria y por las tardes daba clases particulares en la casa que arrendaba con un amigo. Fue un aprendizaje en todo sentido, doméstico, espiritual, pero, sobre todo, vital.
 
Todo me encantaba de la vida en el sur: picar leña, ir al mercado, etc. Aún siendo una gran ciudad Puerto Montt, toda la gente se conoce, es cordial y amable, se camina a otro ritmo. Los fines de semana me iba a pintar a Angelmó como hicieran en sus años Altamirano, Wistuba y Manoly. Entré a la Asociación de Artistas Plásticos de Puerto Montt e hice grandes amigos en el curcuito cultural de la zona.
 

-Cuéntanos de tu actual labor en Puerto Montt, ¿cómo ha sido la experiencia? ¿cuál ha sido el mayor aprendizaje? 
 
-Desde el 2015 soy el director de la Escuela Hospitalaria Puerto Montt, pero no he dejado de hacer la clase de artes visuales, así que también soy profesor de la escuela. Me toca la parte administrativa y la gestión de una escuela que ha crecido y se ha transformado mucho durante los últimos 3 años, desde que pasó de ser privada a ser municipal. Formo parte de la Red Latinoamericana y del Caribe de Escuelas Hospitalarias REDLACEH, integró la mesa regional de educación artística y la red provincial de educación especial, además de formar parte de la directiva del Consejo de Directores de Puerto Montt. También colaboro como jurado del Fondart Regional desde el año 2014 y dicto la cátedra de Lenguaje Artístico y Creatividad en la Universidad San Sebastián, sede de la Patagonia. Este año junto a la comunidad educativa fundamos un Club de Atletismo Inclusivo que se llama Club Runner Escuela Hospitalaria Puerto Montt, donde corren personas con todo tipo de condiciones, incluso estudiantes en silla de ruedas y colaboro con la revista "Nuevos Escenarios Educativos" de la comunidad educativa de Salta en Argentina.
 
El trabajo desarrollado desde la educación artística como eje de la articulación curricular me ha permitido realizar una serie de proyectos muy interesantes, que han trascendido más allá del hospital, siendo difundida nuestra labor a nivel regional, nacional e internacional. El mayor aprendizaje de esta experiencia de vida es la resiliencia, aprender a ver la adversidad como una oportunidad de sacar lo mejor de nosotros y de quienes nos rodean, trabajar con niños en situación de enfermedad es muy intenso, muchas personas dicen ¿cómo puedes trabajar con niños que tienen cáncer? yo no podría ¿no te da pena? y la verdad es que con el tiempo aprendes a ver simplemente niños. La vida me ha dado el privilegio de ser educador hospitalario y mi labor es ayudar a que estos niños sigan siendo niños, sigan disfrutando de las experiencias que la escuela debe entregarles, como cualquier otro niño en cualquier parte del mundo.
 
-¿Nos puedes contar alguna anécdota/recuerdo/hecho que hayas vivido allá y que haya sido significativo para ti?
 
-Anécdotas tengo muchas, siempre me pasan cosas graciosas. Una vez una señora insistía en mostrarme unos exámenes y no me creía que yo no entendía del tema. Me dijo pero si usted está con delantal, ¿cómo no va a saber? En otra ocasión le leía una tarea a una jovencita en una sala y el ejemplo hablaba de un tal Pedro.  Cuando me iba, una abuelita me llama y me dice joven, ¿me puede predicar a mí también? Yo le digo señora no soy misionero y me responde ¿no estaba hablando de la palabra de Pedro?
 
Una de las cosas que más me impactó fue un día que le llevé témperas a un niño que estaba en la Unidad de Cuidado Intensivo Pediátrico. Pintamos juntos, yo untaba los pinceles con los colores que él indicaba y luego lo dejaba en su mano y él pintaba. Hizo un barco navegando hacia una isla y un sol hermoso. Le pregunté hacia dónde iba el barco, me respondió que a Chiloé (él vivía en la isla). Luego le pregunto ¿quién va en el barco? y apuntó hacia sí mismo. Su único anhelo era volver a Chiloé y ser bombero. Cuando al fin lo trasladaron de vuelta a su casa a cuidados paliativos, fue el Cuerpo de bomberos a verlo y se tomó fotos con el traje y todo, incluso salió en el diario. Falleció poco después, su cuerpo no pudo más con la enfermedad.
 
-¿Qué significó para ti la nominación al Global Teacher Prize?
 
-Lo tomé como un gesto de aprecio de parte de mis estudiantes, apoderados y colegas. No creí que pudiera llegar a trascender más allá de la nominación. Completé la postulación por mis estudiantes, yo siempre los estoy alentando a ir más allá de lo que ellos creen ser capaces y los he acompañado en ese camino de descubrir sus propios talentos y habilidades, ya sea en el arte, las ciencias, incluso en el deporte. Bueno, esta vez me tocó a mí recibir este empujoncito de su parte. El proceso me hizo revisar todo lo que había hecho en estos últimos años y fue hermoso darme cuenta de todo lo que habíamos construido como comunidad educativa, cuanto habíamos crecido juntos.
 
La nominación y la difusión que hubo de esa noticia fue más de lo que esperaba. Cuando miraba las noticias de Elige Educar lo hacía sin ninguna ilusión, eran tantos maestros participando que jamás creí que mi trabajo pudiera destacarse, pero ahí estaba, en el número 20, al final del mapa junto a una colega de Chiloé, también de Artes. El jueves pasado el llamado me tomó por sorpresa, había sido un día muy intenso y lo último que esperaba era recibir esa noticia, además porque desde la coordinación del certamen me habían dicho que avisarían la semana siguiente, una de mis colegas ya había sido informada y fue quien me grabó.
 
Estoy feliz de haber llegado a esta etapa, sobre todo porque siento que estoy representando a la pedagogía hospitalaria en general, a cada colega que hoy enseña en un hospital y brinda un espacio de alegría e inclusión educativa en medio del dolor. Somos apenas medio centenar de escuelas de este tipo en todo Chile y nos conocemos prácticamente todos, es una comunidad muy conectada. Cada vez que se publica algo sobre alguna de las escuelas, todos lo difundimos y celebramos. Esta vez me tocó a mí y son muchos los colegas que me han dicho al verte, siento que yo también estoy ahí. Ese compañerismo, esa alegría honesta, ese sentir propios los logros de tus compañeros, es lo que hace diferente a la pedagogía hospitalaria, todos trabajamos por lo mismo, por la calidad de vida del niño en situación de enfermedad, por su derecho a la educación. Cada buena idea es una inspiración para los demás, cada avance se transforma en un referente para todos nosotros. Hoy tengo el privilegio de contribuir a posicionar la pedagogía hospitalaria y decir desde la final del Global Teacher Prize Chile, aquí estamos y esto es lo que hacemos.
 
 

 

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