Viernes, 14 Julio 2017 17:07

Historia de la primera guaguateca creada en Chile y fundada por la educadora de párvulos de la UMCE Lorena Moya Destacado

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Historia de la primera guaguateca creada en Chile y fundada por la educadora de párvulos de la UMCE Lorena Moya Biblioteca de Santiago

7.200 personas al mes visitan este espacio instalado en la biblioteca de Santiago, que se creó en 2014 y que sigue creciendo liderada por una educadora de párvulos.


La Biblioteca de Santiago no tiene la solemnidad de otras bibliotecas. En su interior, una sutil luz azul envuelve el edificio de cuatro pisos, que se divide en seis macro secciones, cada una adornada a su manera. La sección juvenil es muy distinta a la sección de literatura. Colección general no se parece a prensa. La que nos interesa a nosotros en esta ocasión, la sala infantil, es la única que tiene camino propio: en la entrada del edificio unas patas de tigre pegadas en el suelo nos marcan la ruta hacia el espacio más colorido de todas las secciones.

Guaguateca a la chilena
Si hay alguien que sabe de guaguatecas es la educadora de párvulos Lorena Moya, encargada de la sección infantil de la Biblioteca de Santiago y fundadora de la primera guaguateca en Chile el año 2014.

-Antes la guaguateca estaba en esta misma sala infantil, pero llegó un momento que no dimos abasto, la gente repletó el lugar y tuvimos que trasladarla a su propio espacio- Cuenta Lorena. Efectivamente, para llegar hay que pasar por la sección Novedades en el primer piso, caminar hasta el fondo y doblar a la izquierda. En el camino, vemos a una señora con audífonos trabajando en su computador y a una adolescente concentrada en su libro. Al lado de todo eso está la guaguateca, que pareciera una extensión de otro lugar: una mamá acostada en el suelo mostrándole un libro a su hijo, otra con guitarra en mano le canta a su bebé, otra con un gorro de mago en la cabeza le hace muecas al suyo.

-La guaguateca es un espacio vital para la biblioteca de Santiago. Entendemos a la gente que nos visita con los mismos derechos, independiente de su edad-, asegura Marcela Valdés, directora de la biblioteca.

La sala está destinada para que niños de 0 a 4 años se acerquen de manera lúdica a la lectura. Por eso, el lugar tiene la lógica de un bosque, con tres grandes árboles: el de la música, el del arte y el de la dramatización. Hay libros a pesar de que los niños y niñas no sepan “leer”, de diferentes tamaños y estilos. Libros plagados de imágenes, colores e incluso texturas (hay uno que tiene pelos artificiales de diferentes animales). Las esquinas de los muebles son redondas, el lugar está lleno de colchonetas y las paredes cuidadosamente diseñadas para promover la lectura. En la Biblioteca de Santiago saben que aprender a leer va mucho más allá de la decodificación. Los profesionales que aquí trabajan saben cómo un niño aprender a leer y que cosas son importantes en este proceso.
Todo el día la sala está supervisada por un o una especialista que guía a los padres y madres en su experiencia. Les recomienda libros según la edad de los niños y les explica detalladamente el lugar. Como no es una guardería, cada padre debe experimentar el lugar junto a su hijo.

“Creemos que la lectura es mucho más compleja que un simple texto. Tiene que ver con cómo entendemos el mundo, por ende se vincula con la sensorialidad y la inteligencia múltiple. Todas las personas asimilamos el mundo de diferentes formas. Algunos lo hacen más con la música, otros con el tacto o la pintura. En los bebés esto es mucho más notorio. La guaguateca pretende crear los cimientos para que esos niños se conviertan en futuros lectores. Esta es una forma muy potente de disminuir las brechas sociales”, asegura Lorena Moya, encargada de la sección infantil.

Lorena Moya, una educadora apasionada por la literatura
Toda su vida Lorena (43 años) quiso que su trabajo aportara a un cambio social. Al egresar, no sabía bien a qué dedicarse. Una oferta de trabajo, que llegó por casualidad, le cambiaría la vida.

Estudió Educación de Párvulos en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE). En su época de estudiante, los ramos de literatura infantil siempre le llamaron la atención. “Yo sabía que el mundo de los bebés era lo que me gustaba, pero no conocía mucho del trabajo en una biblioteca”, asegura.

En pleno proceso de titulación, su profesora de Currículum de Sala Cuna le dijo que debían hablar. “Me contó que en Puente Alto necesitaban una persona para hacerse cargo del área infantil de la biblioteca municipal y que ella veía en mí capacidades para ese puesto”, cuenta. Nunca se imaginó trabajando en algo similar, pero como necesitaba trabajo y le sonaba atractivo, postuló. A los días la llamaron para ofrecerle el puesto. 18 años después, las bibliotecas son su vida.

-Yo estoy acá para disminuir la desigualdad. La lectura a los niños les abres un mundo. Pueden conocer lugares, otros puntos de vista, otras experiencias. Le das herramientas para vincularse de mejor forma con otras personas y eso es fundamental para que un niño de menos recursos tenga las mismas oportunidades que uno de más recursos-, dice Lorena, que para perfeccionarse realizó un diplomado en bibliotecas públicas y otro en educación inclusiva. Según un artículo de The New York Times, los niños de familias de bajos ingresos han escuchado 30 millones de palabras menos que uno de familias con recursos, lo que es determinante en el desarrollo educativo de una persona.

El 2005 postuló al cargo de jefa de sala infantil de la biblioteca de Santiago, que estaba a meses de su inauguración. Tras ser elegida, rápidamente se tuvo que subir a un barco que ya estaba andando. “La guaguateca venía contemplada en el proyecto inicial y con el tiempo fue creciendo”, recuerda Marcela Valdés, directora de la biblioteca.

En un comienzo funcionó en un espacio pequeño dentro de sala infantil, pero desde el 2013 los mismos usuarios comenzaron a pedir que el lugar se expandiera. Tuvieron que pensar en un proyecto más grande. Al principio buscaron un especialista, pero se dieron cuenta que no habían expertos en bibliotecas para bebés. “Como equipo nos lanzamos a investigar experiencias de otros países, sobre todo cómo hacer animación lectora en la primera infancia. Investigamos incluso cuál era el mobiliario más adecuado para estos niños”, cuenta Lorena.

El equipo multidisciplinario- desde actores hasta historiadores del arte- formuló una propuesta que convenció a la dirección. Se asociaron con alumnos de diseño de la universidad Diego Portales y a fines de 2014 inauguraron la guaguateca. “El mérito de Lorena es haber dirigido un equipo que se ha impregnado con los proyectos. Es un equipo que se ha preocupado por ser líderes en el fomento de la lectura”, asegura Marcela Valdés.

Desde entonces, las visitas sólo han ido en aumento. Según estadísticas de la misma biblioteca, este espacio tiene un promedio de 300 visitas diarias y 7.200 al mes, que participan de las actividades que organiza la guaguateca de martes a domingo.

Tras dejar sus mochilas en los casilleros instalados a la entrada de la biblioteca, los adolescentes que antes visitaban la sala infantil ubicada en el primer piso, ahora entran por la misma puerta, siguen las mismas huellas de tigres, saludan a Lorena y al resto de las mismas personas que los guiaban en sus dudas, pero ya no se quedan: suben las escaleras que los lleva a la sala juvenil, con personas de su edad. Ya quieren leer nuevas historias.

Fuente: Eligeducar

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