Viernes, 04 Mayo 2018 12:54

Sala de Exposiciones Nemesio Antúnez: una historia de amor a cien años del nacimiento del artista que le dio su nombre Destacado

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“Era evidente que una sala en el Pedagógico llevara el nombre de este luchador por la belleza, de un gran embajador de la paz. Conversé con él y le dije: ‘queremos que este espacio se llame como tú, porque es un lugar de futuro, un lugar de sueño, de recuperar la vida democrática’, recordó Pedro Celedón Bañados, quien se convertiría en el primer encargado de la sala de Exposiciones Nemesio Antúnez de la UMCE. Nos relató lo que denomina “una historia sensible, no una historia intelectual. Una historia de amor”.

Ningún artista visual está más cerca de la Sala de Exposiciones de la Dirección de Extensión de la UMCE que Nemesio Antúnez. Este 4 de mayo, al conmemorar el centenario de su nacimiento, recordamos cómo fue que desde el año 1993 este espacio de exhibición ya tradicional en la Universidad adquirió el nombre de uno de los difusores más grandes que ha tenido el arte contemporáneo en Chile.

A comienzos de los años ’90, Pedro Celedón era coordinador artístico – cultural en la Dirección: “el origen de esto tuvo que ver con el retorno a la democracia”, compartió. “La sala fue creada durante el primer período de un rector elegido democráticamente (Alejandro Ormeño Ortiz), lo que era una cosa esperanzadora. (…) La salida de los rectores designados desde las Universidades Estatales permitió la entrada de rectores electos y eso era una primavera (…). Es que si hay un sitio donde lo dictatorial no calza es en la vida académica. Lo dictatorial no debiera calzar en ningún lugar, aunque en estructuras piramidales como el Ejército o la Iglesia podría funcionar, pero en la Universidad no. Eso es aberrante”, señaló. “Tal vez es difícil para las nuevas generaciones imaginar lo que significó para la mía recuperar una Universidad democrática, que las Universidades recuperaran su condición propia de libertad de opinión era muy motivante, el entusiasmo era gigante, pero había que ser consecuente con ese entusiasmo”.

Si bien el “nacimiento de la sala tiene esta cosa poética, también incluye asuntos totalmente operacionales y funcionales que implicó construir una sala al interior de una Universidad que a veces es tomada. Entonces había que trabajar en la sala con ciertos resguardos. Así fue que el rector Ormeño, con el apoyo del Banco BCI consiguió el financiamiento para habilitar como galería de arte un espacio al interior del Pedagógico. Esto, requería de ciertos elementos, como alarmas y otros implementos de seguridad”.

Instalada la sala, agregó: “surgió la inquietud de qué rumbo y qué nombre darle. El nombre de una sala es importante. En ese minuto Nemesio estaba vivo, enfermo, pero vivo (…). Él representaba este mismo proceso, el de recuperar alegremente los espacios democráticos. Después de haber pasado 16 años sufriendo la dictadura, regresaba a Chile, se sumaba a la vida democrática y volvía a ser director del Museo Nacional de Bellas Artes (lo había sido entre 1970 y 1973 y volvió a serlo entre 1990 y 1993). Estos son gestos muy lindos que se dan en la historia de los países”.

“Era evidente que una sala en el Pedagógico llevara el nombre de este ‘luchador por la belleza’, era justo porque daba sentido a las cosas. No era un luchador de la guerra, de la muerte, no era un luchador de armas, que también en Chile era una opción. Él era un gran embajador de la paz. Conversé con él y le dije: ‘queremos que este espacio se llame como tú, porque es un lugar de futuro, un lugar de sueño, de recuperar la vida democrática. Eso era tan lindo como recuperar la Dirección del Bellas Artes por el mismo artista que lo dirigía antes del Golpe, que fue muy feroz”, recordó Pedro Celedón, quien se convertiría en el primer encargado de la sala de Exposiciones Nemesio Antúnez de la UMCE, y lo hizo hasta el año 1998, cuando obtuvo una beca para estudiar en el extranjero.

“Mi relación con Nemesio era muy antigua. Hicimos cosas juntos en el Pedagógico en el contexto de la inauguración de la sala. Una conferencia a dos voces en la que nos reímos mucho. Él hablaba de la pintura del pasado, de los murales de Altamira y yo hablaba de los grafiti en el Río Mapocho”.

“Nemesio accedió, y lo dejó como testimonio en su carta, en forma muy poética y muy profunda (…). Se creó la sala y al poco tiempo Nemesio murió”, comentó Celedón. Entonces modificaron la programación e instalaron en el espacio una exposición, con fotografías del pintor, hechas por Luis Poirot hacía muchos años: “instalamos grandes imágenes de Nemesio en Nueva York, en España, y en Chile. Además, se proyectaban en la misma sala las películas en las que Nemesio trabajó –hizo buenos papeles en Los Trasplantados y en Plan Z-. Se hizo un homenaje bonito porque era él, su figura y su palabra dentro de la sala”.

Miró, Matta, Brancusi: Los primeros ciclos de la sala

Más allá de la historia de creación de este espacio de exhibiciones, recordó Celedón, había muchas expectativas: “¿por qué? Para que la sala viviera, porque una sala no existe si no tiene prestigio, entonces debíamos crear 4 ó 5 exposiciones de alto nivel (…). Toda la primera programación de la sala se hizo gracias a Carmen Waugh. Ella era la encargada del Museo de la Solidaridad, que recién estaba retornando a Chile y no tenía cómo exponer su obra en condiciones adecuadas. Hice un acuerdo con Carmen, en el que comprometió que el Museo facilitaría cuadros notables al Pedagógico. Ahí se expusieron originales de Miró, Brancusi, Matta. Se nutrió completamente de la colección del Museo de la Solidaridad, de la obra internacional”.

“Tuvimos un cuadro de Miró que se ha expuesto muy pocas veces en Chile fuera del museo y los alumnos del Pedagógico lo tuvieron ahí, sin guardias, para poder tener contacto con él, lo que también era construir confianza con el estudiantado”.

“La galería –y en eso el propio Nemesio tuvo mucho que ver- fue la primera en Chile en llevar su nombre, tenía esta programación tan distinguida, y sin dinero, porque era un préstamo gratuito. La sala pudo partir con la carga simbólica de haber expuesto, por ejemplo, fotos de Picasso, que tomó Jean Cocteau, toda su colección fue expuesta en el Pedagógico en ese contexto. Se logró construir una línea expositiva que no era fruto de mi trabajo, ni del Pedagógico, sino de reunir el nombre de Antúnez, y de la generosidad de Carmen Waugh fundamentalmente. Así partió la sala y fue un buen comienzo, tanto hacia fuera como hacia el interior porque era importante: se asignó a un espacio, que era muy deseado por mucha gente. Cómo dejar que todos esos metros cuadrados no fueran oficinas –que eran necesarias- o lugares para los grupos de teatro. Cómo justificar que estuvieran destinados a la exposición cuando había tanto requerimiento en la Universidad. Se justificó con una programación muy sólida. Nadie más se quejó. Quién podría hacerlo con una muestra de Brancusi. Así fue”, concluyó.

Obras Leopoldo Torres y Joan Miró: dos de las piezas de la colección del Museo de la Solidaridad que fueron exhibidas en la UMCE

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