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Jueves, 25 Enero 2024 14:06

Guillermo Castro, Vicerrector Académico: “Busco tener el sello de un diálogo permanente para trabajar y una toma de decisiones más colectiva” Destacado

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Entre las proyecciones y desafíos de su área, plantea el modelamiento del Sistema de Evaluación y Jerarquización Académica (SEJA) y el análisis del rediseño curricular de las carreras.

Con la experiencia de haber sido director del Departamento de Educación Básica durante dos períodos y una vasta trayectoria académica en temas de didáctica específica de las ciencias sociales, la formación práctica en diferentes niveles y la experimentación pedagógica, reformulando la relación universidad - escuela, el profesor Guillermo Castro Palacios llegó a asumir el liderazgo de la Vicerrectoría académica.

“¿Qué me llevó a aceptar esto? Básicamente la creencia de que uno puede colaborar desde la experiencia en la gestión interna institucional. En mi trayectoria como director de Departamento, busco tener el sello de un diálogo permanente para trabajar, una toma de decisiones más colectiva que individual y pensando en ello no solo como una posibilidad de gestión, sino como una necesidad al interior de la Universidad”, plantea la autoridad universitaria. “Mi decisión de aceptar esta responsabilidad tiene que ver básicamente con que creo que es el tiempo y la posibilidad para colaborar más decididamente en ese espacio”, añade.

El profesor de Historia y Geografía, con un Magíster en Desarrollo Cognitivo, asumió este nuevo rol en un momento clave para la Institución, tras el resultado de la acreditación en nivel avanzado. “La idea de la acreditación de cuatro años es, desde un punto de vista del gobierno universitario, un segundo tiempo de la gestión que apunta a definir qué cosas podemos hacer de aquí al término del período. En este minuto nuestro horizonte de posibilidades tiene que ver con algunas decisiones estratégicas que se deben tomar en este lapso que nos queda de gobierno”, plantea. “Lo que generan los cuatro años es, esencialmente, alivio institucional, nos da herramientas y un tiempo acotado para consolidar lo que hemos avanzado en este proceso y podamos proyectar institucionalmente. Ese es el desafío también y para eso hay que articular y conversar. Y cuando digo conversar no solamente conversar las personas, sino también las distintas unidades. Tratar de hacer realidad la idea de que aquí la gestión administrativa se pone al servicio de un propósito común que es esencialmente académico, institucional y de política universitaria”, agrega.

- ¿Qué le motiva a integrar el proyecto de gestión institucional? ¿Cómo recibe este desafío?

- Enfrentamos un desafío grande desde el punto de vista no solamente de sobrevivir institucionalmente, sino de proyectar a la Institución hacia el futuro y eso requiere de procesos de transformación que deben ser consensuados con la comunidad, que deben ser progresivos, que deben generarse en un espacio de diálogo y de colaboración. Esto tiene que ver con decisiones institucionales asociadas a la posibilidad de recuperar un rol protagónico a nivel de la educación superior y, particularmente, en el ámbito de la formación de profesionales de la educación y la salud, que se piensan desde las necesidades que los sistemas educativos y de salud se plantean.

Mi diagnóstico inicial es que muchas de las instancias institucionales no dialogan entre sí en función de ciertos procesos comunes, no se comparte una idea de Institución en relación a lo que es el ahora y lo que debiera ser hacia adelante y eso es más allá de las diferencias que tengamos de énfasis, de foco, epistemológicas o incluso políticas. Ese es un piso necesario de construir porque, finalmente, lo que moviliza a la institución debería ser un interés común, más allá de las diferencias que nos caracterizan y que debería ser considerado también un valor.

Yo tengo una adhesión originaria, primero a la candidatura de la Dra. Araya como Rectora en todo el proceso previo. Tuve la oportunidad de conocerla cuando éramos ambos directores y a partir de ese trabajo común, compartimos la necesidad que la Universidad se moviera en una dirección diferente a la de los últimos veinte años.

Desafíos y proyecciones

A nivel de las acciones que proyecta desde la Vicerrectoría académica, releva como una gran tarea la imprescindible necesidad de una reflexión de todas las instancias y estamentos de la institución para evaluar el proceso de rediseño curricular.

Este año se completa el conjunto de las primeras cohortes de todas las carreras que rediseñaron sus planes de estudio. Creo que ese es un desafío que pone al centro la evaluación particular de cada carrera de pregrado, pero también una discusión institucional respecto al sello formativo y a los aspectos comunes de carreras tan diferentes como Música, Biología o Historia, por poner sólo algunos ejemplos. Por una parte, se requiere definir ese sello y hacernos cargo a partir de los cambios que podemos introducir en los planes de estudio de las carreras de esas, voy a decirlo así, transversalidades formativas que debieran caracterizar particularmente a la formación de profesores/as, de educadores/as o de profesiones vinculadas a la educación”, plantea.

Y considerando siempre que la labor universitaria siempre está vinculada con los contextos y territorios, agrega: “Esta es una discusión que no puede ser solo hacia adentro, la discusión de lo que hacemos -y que lo hacemos bien- se entronca también con el sistema escolar, sus realidades y todas sus manifestaciones”.

En este marco, el Vicerrector destaca la evaluación académica como otro gran desafío de su gestión. “En este contexto también está el modelamiento del Sistema de Evaluación y Jerarquización Académica (SEJA). Pienso que es necesario situar e informar a la comunidad respecto a cómo visualizamos su implementación, que es progresiva, flexible, formativa, entendiendo que hay un consenso institucional esencial de que lo que tenemos como sistema de evaluación actualmente no permite una visualización institucional proyectada a futuro, no cumple con ninguna de las condiciones necesarias para garantizar el desarrollo institucional ni progresión académica”, explica.

Queremos que la instalación del SEJA persevere, se mantenga, se sostenga, mejore progresivamente y sea una invitación al conjunto de los académicos y académicas a mirarlo, a desafiarse, a que podamos garantizar que el centro de ese sistema no es coercitivo, sino un llamado al desarrollo académico en las áreas donde cada uno/a se desenvuelve con mayor prioridad, capacidad y talento.

- ¿Hay algunas otras proyecciones a nivel institucional?

- En el marco del desarrollo de la Vicerrectoría Académica los desafíos son evidentes. Estamos en el proceso en que la Junta Directiva ha aprobado un conjunto de propuestas de reestructuración orgánica de la institución que harán más factible que podamos cumplir con los desafíos institucionales que se proponen en esta segunda etapa de la gestión de la Rectora.

Ahora, una reestructuración orgánica, independientemente de sus características particulares, no se plasma en términos reales si no existe un proceso de toma de conciencia colectiva respecto a la necesidad de hacer las cosas de manera diferente. La Institución tiene y arrastra, y lo digo en todos los ámbitos, un conjunto de respuestas preestablecidas frente a los procedimientos y a las situaciones de ejecución que se basan fundamentalmente en la idea de que “siempre lo hemos hecho así”. Somos una universidad esencialmente pedagógica, y cuando hablamos de educación o de hacer pedagogía, eso no solamente se refiere a la formación inicial de profesores/as o al desempeño de nuestros/as académicos/as o de nuestros/as titulados/as, sino también a la construcción de ciertas lógicas internas. Necesitamos hacer pedagogía para que se comprenda la necesidad de hacer las cosas de manera distinta.

Algo fundamental en este escenario son las múltiples y necesarias articulaciones entre el mundo académico y el mundo de la gestión. La palabra clave aquí es la colaboración. Es muy necesario situarnos desde ahí para alcanzar propósitos y metas comunes. No es un proceso fácil, pero se trata de hacer las cosas de forma distinta. Necesitamos entonces que la institución en su conjunto pueda tener desafíos en ese terreno, pero que tenga también las herramientas que le permitan alcanzar esos desafíos. Tenemos que pensar colectivamente sobre dónde podemos estar situados/as de mejor forma para el servicio de la institución.

- ¿Alguna reflexión final?

-No hay que perder de vista que detrás de la figura de una autoridad siempre hay un sujeto que ha tenido un desempeño en el interior de la Institución, que puede ser más o menos reconocido por eso, y debiéramos pensar que, en la relación con los altos cargos institucionales, el principio de humanidad tendría que manifestarse siempre. Y con mayor razón también en todos los otros segmentos institucionales, con los/as funcionarios/as en todas sus condiciones, los/as académicos/as, nuestros/as estudiantes. Así que espero que la gente me reconozca cuando me vea después que deje de ser Vicerrector académico, me salude o se acerque a conversar conmigo de igual forma. La comprensión de la jerarquía debe ser una, sin cargar en esa responsabilidad todo el peso de la solución de los problemas. Esto también es un proceso de comprensión institucional. Saber que la solución a las dificultades y a los problemas nos involucra a todos y todas.

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