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DEPARTAMENTO DE PREESCOLAR
LOS PRIMEROS 12 MESES DE VIDA
"Un enfoque psiconeurológico del desarrollo".
Registro: 120.717

Autor: MARÍA ALICIA CORVALÁN BÜCHER.

ARTÍCULO 7:
MADURACIÓN   PSICOMOTORA DEL LACTANTE EN EL TERCER TRIMESTRE DE VIDA.

El niño del tercer trimestre es inquieto y curioso, está adquiriendo consciencia de sí mismo y toda ocasión le es buena para explorar y conocer su cuerpo. Nota en las personas que se le aproximan, algo que las hace diferente de los rostros familiares, y luego de un lapso variable de observación suele romper en llanto desconsolado: la "angustia de los ocho meses" comienza a hacerse notar.(ver anexo págs 4-5-)

Decúbito dorsal:

Manteniendo al niño de 6 meses en decúbito dorsal, es capaz de volver su cabeza libremente hacia uno y otro lado.

El tronco puede mantenerse apoyado contra la superficie o rotarlo activamente alineándolo contra la cabeza.

Las manos le son conocidas y no manifiesta especial interés hacia ellas; ahora solo son herramientas para diversos menesteres y no objetos interesantes por si mismo. La curiosidad se centra en sus pies, que los mantiene en alto, frente a su vista y no tarda en atraparlo y llevarlo a la boca, alcanzando a succionar, a los menos, el dedo pulgar. Maniobra que fuerza la elasticidad de músculos y ligamentos, para que el ángulo poplíteo, de 150º, se extienda, hasta que las rodillas se incrusten en los flancos.

Con la investigación de los pies, termina la primera autoexploración del cuerpo, adquiriendo el niño datos suficientes para estrcturar un esquema corporal elemental y fraccionado.

Observando las cualidades del tono muscular se comprueba cierta resistencia que se manifiesta ahora por una resistencia activa, que empieza a oponerse a la movilización. La extensibilidad ha aumentado, la abertura del ángulo poplíteo alcanza los 150º y algo más, igual aumento presenta el ángulo de los abductores y la maniobra de bufanda se cumple sin contactar con el cuello, el ángulo de flexión del codo.

Al sentarlo:

Entre los 6 y 9 meses, complace al niño la posición sentada y la ejercita las veces que pueda. Al tomarlo de las manos para ir sentándolo, a partir de la posición decúbito dorsal, se aferra a los dedos del observador y procura erguirse, participando todo el cuerpo en el esfuerzo, mientras los miembros inferiores como los superiores se flexionan fuertemente, y la cabeza se eleva por delante del eje del tronco, para facilitar y acelerar la maniobra.

Poco más tarde, a los 8 y 9 meses, busca espontáneamente elementos firmes de que asirse para lograr sentarse. Se mantiene sentado sin apoyo.

A los 7 meses, requerirá del doble puntal de sus manos abiertas apoyadas contra la superficie en que está sentado; a los 8 meses solo recurre a una mano para apuntalarse ocupando la otra en tareas prensiles, pero reservándola para las eventualidades que ponen a prueba su equilibrio.

A los 9 meses el apoyo manual es ocasional. La liberación de las manos del cumplimiento de funciones estáticas, le permite el manipuleo de objetos y juguetes, con lo que reitera experiencias y afianza conocimientos.

La columna que a los 6 meses era un arco convexo, comienza a diseñar las curvaturas:-convexidad dorsal y concavidad lumbar- que se mantendrán en edades ulteriores.

Sentado, muestra franca curiosidad por sus pies, pero su interés no llega más lejos y no explora su entorno. Descubre sus genitales como parte integrante de su cuerpo y los explora cuando se le cambia los pañales o se baña.

Si se le empuja y se intenta hacerle perder el equilibrio, se apoya no solo hacia adelante y hacia un lado, sino también hacia atrás. Si se sujeta al niño por un hombro o un brazo y se inclina suavemente hacia el lado contrario, se apoya con el brazo para evitar la caída.

El lactante de 9 meses puede permanecer por lo menos 1 minuto sentado sin apoyo y con la cabeza levantada. La espalda está extendida hasta el raquis lumbar y las piernas algo flexionadas. El esfuerzo que tiene aún para mantener el equilibrio y la falta de extensión total de la espalda, demuestra que esta capacidad que acaba de adquirir no está aún completamente desarrollada.

  • Prensión:

A esta edad el lactante se interesa por juguetes relativamente grandes, como un cubo de unos 3 cm. de aristas y un arco rígido de no más de 10 cm. de diámetro. El niño dirige su mano al objeto, con los dedos hiperextendidos y no los atrapa por arriba sino que efectuando un movimiento de barrido, "grasping", sin predominio radial ni cubital. Irá madurando paso a paso y perfeccionando la prensión, hasta lograr a fines de la etapa, una pinza radial inferior en la que se insinúa ya, la clara utilización del pulgar, aunque no hay clara oposición.

Entre los 6 y 7 meses, todo objeto que coge es transferido de una mano a otra en un juego incesante, solo interrumpido por la aproximación del objeto a la boca, donde se enriquecerá su conocimiento a través del tacto oral. Le gusta coger el objeto con ambas manos y darle vueltas observándolos detenidamente, si se le cae lo recoge. Si al caerse el objeto sale de su campo visual, inclina la cabeza y parte superior del cuerpo y lo busca con la vista hasta localizarlo en el suelo. De este modo aprende que hay muchas cosas que de momento no las ve ni las oye, ya que la caída supone perder de vista por un momento el objeto.

A los 9 meses encuentra atractivo coger y botar los objetos, proceso que lo repite con frecuencia, maniobra con la cual ejercita la prensión.

  • Al pararlo:

Hasta los 6 meses el niño no tiene control voluntario de los miembros inferiores. Al mantenerlo erecto el niño responde con firme reacción de apoyo, un poco aducidos los miembros inferiores; no necesita ampliar su base de sustentación porque está sostenido por el observador. El interés por sus pies lo lleva a flexionarse para verlos y a inclinarse para tocarlos.

Alrededor del 7 mes descubre una nueva forma de movimiento que le divierte, cuando el adulto lo coge por debajo de las axilas se pone en cuclillas y luego vuelve a estirarse extendiendo las articulaciones de la cadera, rodilla y tobillo (juego del saltarín).

Al caerse desarrolla un ágil paracaidismo, rara vez cae hacia atrás, lo cual es muy favorable, pues aún no sabe caer sentado. La próxima adquisición postural, será mantenerse erecto con sostén propio, aferrado con las manos a personas o muebles, sosteniendo todo el peso de su cuerpo. Esta habilidad la ejercita en torno a los 8 o 9 meses, utilizando los apoyos a su alcance, sin embargo esta posición erecta es mantenida durante poco tiempo, ya que todavía no domina el equilibrio en bipedestación.








  • Decúbito ventral:

Al girar, de la posición acostado boca arriba, hasta quedar boca abajo, supone una importante forma de movimiento en el lactante. Este giro no supone una participación pasiva de todo el cuerpo, como ya existía anteriormente, sino que un giro activo con rotación en espiral de la cintura escapular sobre la pelvis. Con ayuda del giro activo podrá cambiar la posición de su cuerpo tanto para andar a gatas como para sentarse.

Al 8 mes, el niño intenta desplazarse por cualquier medio. Por regla general todavía no puede avanzar, pero consigue girar sobre su propio eje y cambiar su postura.

A los 9 meses se desplaza reptando. Acostado sobre su abdomen, levanta la parte superior del cuerpo y apoyándose sobre sus antebrazos tira de su cuerpo hacia adelante, sobre el suelo. La fase de reptación es muy breve, siendo pronto reemplazada por la del gateo propiamente tal. Aún antes que el niño pueda desplazarse es posible descubrir este progreso mediante la maniobra de "la carretilla" elevando al pequeño por sus piernas e impulsándolo suave y firmemente hacia adelante, el niño efectuará movimientos alternados con sus miembros superiores, como caminando con sus manos.

  • Lenguaje:

El lenguaje continúa siendo corporal y reflejo.

A los 6 meses abandona la rica vocalización de la etapa anterior y ensaya fundamentalmente sonidos linguo-dentales: ta-ta-ta, da-da-da, ne-ne-ne, ta-ta-ta, durante este "cotorreo" el niño cambia con frecuencia la intensidad y tono. Naturalmente estos sonidos no tienen ningún sentido.

Al 8 mes empieza a presentarse el "susurreo", descubre que puede hablar despacio susurrando y se oye a sí mismo con gran atención.

A los 9 meses deja escuchar, particularmente cuando llora, sílabas francamente labiales sobre las que condicionará poco después sus primeros condicionamientos. De esta manera los indiferenciados mamamá y papaploá irán adquiriendo valor de símbolos: "mamá y papá".

Pese a no tener aún un lenguaje expresivo, ha entrado ya en comunicación fluida con el ambiente familiar y capta matices de voces a los que reacciona adecuadamente. A su vez se expresa con un lenguaje corporal y gestual que no tardará en ser enriquecido y reemplazado por los primeros balbuceos del lenguaje oral.

Uno de los primeros juegos sociales del niño es el "cuco", la madre coloca al niño un pañal tapándole la cabeza y los ojos y luego se lo quita diciéndolo "Cuco" o "atá". Después de algunos ensayos es el propio niño quien se quita el paño y sonríe alegremente a su madre.

A los 8 meses esta en condiciones de distinguir a las personas conocidas de las extrañas, ya no se deja coger o tomar en brazos por cualquiera, llorando y rechazando el contacto extraño. A esta edad, empieza a interesarse por lo que las personas hacen a su alrededor, siguiéndolas con la vista, contemplando concentrado como su madre realiza las tareas del hogar.

A los 9 meses se deleita jugando al escondite, buscando a su madre cuando esta se esconde detrás de algún mueble, y rompiendo en gritos de alegría cuando esta sale de su escondite.

Se concentra mucho ante sonidos suaves, como el tic-tac del reloj o el teléfono escuchándolos con atención durante largo tiempo.