.

DEPARTAMENTO DE PREESCOLAR
LOS PRIMEROS 12 MESES DE VIDA
"Un enfoque psiconeurológico del desarrollo".
Registro: 120.717

Autor: MARÍA ALICIA CORVALÁN BÜCHER.

ARTÍCULO 11:
EVOLUCIÓN DEL DESARROLLO DE LA PRESIÓN DURANTE EL PRIMER AÑO DE VIDA

Conocimiento de la mano.

Durante el primer año de vida, el desarrollo de la mano experimenta una acelerada maduración neurobiológica, manifestada por el progreso desde lo proximal hacia lo distal, de lo reflejo a lo cortical y de lo inconsciente a lo voluntario.

Durante las primeras semanas de vida, predomina el tono flexor. Los dedos del recién nacido tiende a flexionarse cerrando la mano, con el pulgar flexionado fuera de ella y solo por momentos dentro de la palma.

El reflejo de prensión palmar, está siempre presente en el recién nacido normal, su ausencia es signo patológico. Es habitual que la mano del recién nacido se aferre vigorosamente a los objetos que estimulan la sensibilidad de sus palmas. La posibilidad de elevar al bebé de su plano de apoyo por medio de prensión palmar, aumenta desde el nacimiento hasta fines del primer mes, luego se atenúa progresivamente, hasta desaparecer durante el tercer mes.

Junto con el reflejo del prensión palmar, se desarrolla otra sinergía, que constituye la matriz de la conducta postural del lactante; el reflejo tónico cervical asimétrico. Desde el nacimiento hasta los 3 a 4 meses de edad la ejercitación simultánea e integrada de ambos reflejos, va enriqueciendo su conducta y sus conocimientos. Es así como el niño, ensaya la fijación ocular sobre sus manos (no sobre ambas, sino sobre una u otra) y recibe las primeras aferencias que le permitirán elaborar imágenes internas fragmentadas de ellas, que irán constituyendo tempranos elementos de su futuro esquema corporal.

Durante el 4 mes se atenúan y desaparecen ambos reflejos, cesa el automatismo que mantenía sus manos tensas y cerradas sobre si misma o alrededor del primer objeto que estimulara las palmas de sus manos, pasando a una etapa neutra de la actividad refleja, permitiéndole al niño, ubicarlas con frecuencia frente a la vista, sobre su tórax cuando está en decúbito dorsal o sobre el plano de apoyo delante de su rostro, en decúbito ventral. Los estímulos provenientes de sus manos, llegan por múltiples receptores propioceptivos, visuales, orales, táctiles, que enriquecen con la experiencia el conocimiento de su cuerpo.

Los primeros intentos de prensión voluntaria, comienzan al 4 mes, con movimientos globales y desordenados de la parte proximal de los miembros superiores (el desarrollo de la prensión sigue una progresión descendente desde los hombros hasta las extremidades dístales de los dedos) para alcanzar antes del año la prensión de los objetos utilizando las extremidades dístales de los dedos índice y pulgar.

Las primeras aproximaciones a la prensión voluntaria de los objetos (4 a 5 meses) van siempre precedida de la fijación ocular sobre dicho objeto (sinergía óculo-manual). La prensión de los objetos se realiza a esta edad con movimientos impulsivos dismétricos e ineficaces para cumplir su objetivo.

La simetría propia de la edad impulsa a efectuar simultáneamente movimientos semejantes con ambas manos. Solo el ejercicio acelerará el desarrollo, y las manos estimuladas irán adquiriendo destrezas. No existe inicialmente diferenciación de roles y funciones entre los dedos, no hay oposición del pulgar, ni esbozos de pinza.

Para alcanzar un objeto, colocado sobre la mesa el niño tiende una mano, a veces ambas, y se las aproxima, con un movimiento de barrido en el que la parte cubital de la mano, participa tanto como la radial. Es la prensión más primitiva "el grasping".

A los 6 meses se atenúa la tendencia bimanual de coger objetos, pero cada vez que una mano atrapa algo lo transfiere a la otra, que a su vez, la devuelve a la primera, con altos para mirar el objeto o llevárselo a la boca.

Durante el 7 mes, todavía utiliza el movimiento de "rastrillo" pero la supinación obligada en que se ubica el antebrazo para cumplir el ademán, cede lugar a un esbozo de pronación que facilita el desplazamiento del eje de la mano hacia el lado radial, que pasa a asumir el predominio funcional.

Hacia los 7 u 8 meses, golpea ocasionalmente el objeto sobre la mesa, actividad que se hace predominante.

El movimiento vertical de golpeteo, cede paso entre los 9 a 10 meses, al movimiento horizontal. El niño enfrenta los juguetes que tiene en cada mano o bien enfrenta sus manos haciendo "tortillitas".

El lado radial utilizado para coger con moderada torpeza los objetos, desde los 7 a 8 meses, se ha perfeccionado a los 10 meses y el dedo índice parece comandar el movimiento, extendiéndose hacia los objetos, secundado por el pulgar.

Cambia en esta edad el interés del niño por los objetos grandes, dirigiendo su atención a los pequeños, a los mínimos (miguitas de pan) y se dedica cuidadosamente a recogerlas. Estudia concienzudamente los detalles de las cosas, llamándole la atención la nariz, ojos y boca de las personas, los botones, adornos, etc.

La mano del niño de 10 meses está pronta a hurgar, tocar y cuando toma un objeto lo hace netamente con los dedos índice y pulgar. No es aún una verdadera pinza, pues ambos dedos quedan extendidos en un mismo plano (prensión, pinza inferior tipo "tijera").

Cuando el pulgar acentúa su oposición, el índice se aproxima a él para formar la pinza con las falanges semiflexionadas y el objeto cuando es pequeño, queda aprisionado entre el índice pulpejo del pulgar y el lado externo de la falange distal del índice (otra variante mejorada de la pinza inferior). Pronto se superan estas imperfecciones y entre los 11 y 12 meses aparece la pinza perfecta semejante a la del adulto, mediante la cual se toma finamente objetos pequeños con los pulpejos del índice y del pulgar. Si el objeto está sobre una mesa al alcance del niño, este lo aborda por arriba, con precisión sin que los dedos barran la superficie de apoyo.

En el curso del desarrollo, el niño a aprendido a tomar objetos y recibirlos de otras personas, pero tarda mas en aprender a soltarlos y a entregarlos.

Durante los primeros meses y hasta que perdure el reflejo flexor, retiene automáticamente lo que se le pone en la mano.

En el segundo trimestre, lo que toma con su mano deja de interesarle y lo deja caer con movimiento de apertura de los dedos, pero sin intencionalidad.

Cuando la relajación de los músculos flexores culmina a fines del primer año, está en condiciones de dominar los antagonistas y aprende a soltar voluntariamente los objetos. Ejercita este comportamiento en el plano vertical, arrojándolos al suelo una y otra vez, reclamando los objetos arrojados con señas, para repetir la experiencia. El ruido que producen los objetos al golpear el piso, condiciona el reflejo cocleoparpebral con cierre de los ojos.

Así, los datos que suministran la manos como órganos táctiles y prensores, acompañados y enriquecidos por los estímulos visuales y auditivos, colaboran en la generación de nuevas estructuras, adquiriendo el niño las nociones de espacio y tiempo, imprescindibles para conocer el mundo que lo rodea.

Para que el niño esté en condiciones de dar y no sólo de soltar el objeto, se requiere también de madurez emocional, elaborada a través de experiencias positivas en sus relaciones personales. Al año de edad este logro dependerá de las oportunidades que él tenga de recibir (alimento, abrigo, afecto) para satisfacer sus necesidades físicas y síquicas, a su vez sabrá dar y entregar lo que valora , a pesar de la escasa madurez psicomotríz que lo capacite para ello.

De lo contrario, evidenciará un retardo aparentemente motor pero en realidad de raigambre emocional, producido por falencias en sus relaciones interpersonales.