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DEPARTAMENTO DE PREESCOLAR
LOS PRIMEROS 12 MESES DE VIDA
"Un enfoque psiconeurológico del desarrollo".
Registro: 120.717

Autor: MARÍA ALICIA CORVALÁN BÜCHER.

ARTÍCULO 10:
EVOLUCIÓN DE LA POSTURA Y EQUILIBRIO DURANTE EL PRIMER AÑO DE VIDA

Reacciones de Equilibrio.

Los lactantes pequeños son sensibles a los cambios bruscos de posición, debido a que sus sinergías (serie de reacciones concadenadas) no le permiten aún defenderse eficientemente de la pérdida del equilibrio que origina las caídas.

El aparato laberíntico, órgano central del sentido del equilibrio, se mieliniza tempranamente, antes que los otros núcleos de los nervios craneales, a pesar de esto, el lactante presenta pocos indicios de lucha antigravitaria eficaz.

Schaltenbrandg (1973), demostró que los reflejos de enderezamiento desempeñan un papel importante en la maduración neuromotriz al proveer patrones equilibratorios, que favorecen la independencia del niño. Intervienen en esta reacción aferencias sensoriales originadas en los otolitos que provocan respuestas motrices de la musculatura cefálica. Más tarde se suman los reflejos ópticos de enderezamiento que los refuerzan.

Entre los 4 y 5 meses, encontrándose el niño en decúbito dorsal y percibir con la vista , en la línea media, un objeto que se desplaza hacia un costado sin desaparecer del campo visual, se generan una compleja sinergía céfalo-corporal que comienza por el reflejo de fijación ocular, seguido por el de seguimiento ocular con rotación de la cabeza. En el afán del niño por alcanzar el objeto, aproxima en su ayuda, la mano contralateral, y cruzando las piernas puede llegar a girar totalmente su cuerpo hasta quedar en posición decúbito ventral (sinergía que se logra antes de los siete meses).

La madurez de las reacciones equilibratorias, requieren de un conocimiento del propio cuerpo, a través de la ejercitación de reflejos laberínticos y de toda una dotación refleja, junto con información recibida desde los receptores periféricos que le permitan elaborar un esquema del mundo circundante.

Durante los 6 primeros meses, el lactante entrega informaciones aferentes, pero aún no posee nociones de los planos del espacio en que actúa.

En el segundo semestre, ya ha bosquejado un esquema fragmentado de su cuerpo. Ha juntado sus manos en la línea media, frente a la vista, ha explorado su boca, abdomen, rodillas y se ha llevado los pies a la boca. En esta etapa el niño está maduro para ensayar algunas reacciones equilibratorias.

El paracaidismo, es una sinergía laberíntica básica del lactante mayor. Esta reacción se obtiene sosteniendo al niño en el aire firmemente asido por los costados, con el dorso hacia arriba y proyectándolo en un movimiento rectilíneo hacia abajo como si se tratara de hacerlo caer oblicuamente de cabeza.

Durante le primer trimestre, el niño no efectúa ningún ademán defensivo. La mano no ha tomado todavía conciencia de su aporte en el mantenimiento del equilibrio. A partir de los 6 meses, extiende sus miembros superiores hacia adelante, protegiendo la cara de posibles golpes. Esta reacción postural permanecerá toda la vida.

Hacia los 6 meses, el lactante sentado sin sostén tiende los brazos, aplicando sus manos abiertas sobre el plano de apoyo, junto a sus piernas o en el ángulo abarcado por ellas, inclinando el tronco hacia adelante. Aquí interviene la vista. Cuando el niño dirige la mirada hacia adelante se mantiene firme, pero si la desvía hacia arriba o a los lados, suele caerse.

Si se empuja un lactante de 6 meses hacia atrás, éste se cae, pero logra semanas después apuntalarse desplazando automáticamente hacia atrás los brazos extendidos. Reacciones similares se obtienen cada vez que la estabilidad corre peligro por variar la inclinación del plano en que está sentado.

Cumplido los 8 meses a 9 meses, el niño no requiere apoyo de sus miembros superiores al estar sentado.

Al estar de pie y caer hacia adelante, el niño reedita la respuesta semiológica de "paracaidista". Si cae hacia atrás queda sentado, apuntalado por ambos brazos que los sostienen, al alcanzar un plano de apoyo.

La mantención del equilibrio, permite multiplicar los contactos con el exterior y atenuar su temor a accidentes, llegando el niño a desplazarse con mayor seguridad por el espacio que lo rodea.