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REVISTA N° 14
NUEVO HUMANISMO:
Una reflexión en torno al plurilingüismo

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Je pense, donc je suis (Pascal).
La belleza de una alfombra está en la diversidad
de sus colores (Amadou Bâhampate, sabio del Malí).
La defensa de la diversidad cultural es un imperativo
ético, inseparable del respeto de la dignidad de la persona
humana. Ella supone el compromiso de respetar los derechos humanos
y las libertades fundamentales, en particular los derechos de las
personas que pertenecen a minorías y de los pueblos autóctonos
(Artículo 4 de la Declaración Universal de la UNESCO
sobre la diversidad cultural).
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Olga María Díaz*
Resumen
En el gran escenario de la globalización, se percibe
un orden supranacional que, intentando explanar diferencias lingüísticas
y culturales del planeta, tiende a la eliminación del sentido de
pertenencia. Semejante pérdida de identidad significa, a la larga,
que todo un pueblo sea desposeído de su propia capacidad de representación.
Frente a una evolución tan negativa, la comunidad internacional
ha reaccionado, favoreciendo una mundialización, donde la defensa
del plurilingüismo y del interculturalismo pasan necesariamente por
la defensa de un nuevo humanismo, cuyos principales cimientos bien podrían
llamarse tolerancia, respeto y comprensión mutuos, democracia,
solidaridad y por sobre todo, paz.
Résumé
Dans le grand scénario de la globalisation
on perçoit un ordre supranational qui, en essayant de faire disparaître
les différences linguistiques et culturelles à un niveau
planétaire, tend vers lélimination du sens dappartenance
à une communauté spécifique. Sans nul doute, arriver
à une telle perte didentité signifie, à long
terme, pour tout un peuple, être dépossédé
de sa propre capacité de représentation.
Face à une évolution aussi négative, la communauté
internationale a déjà fait part de sa réaction, en
prenant position en faveur dune mondialisation où la défense
dun plurilinguisme et dun interculturalisme passe nécessairement
par la défense dun nouvel humanisme, dont les principaux
soubassements pourraient bien porter les noms de Tolérance, Respect
et Compréhensión mutuels, Démocratie, Solidarité
et, par-dessus tout, Paix.
Aspectos paradójicos de la globalización
Con más de 6 millares de habitantes1 , nuestro planeta
refleja una increíble variedad de lenguas y culturas, puesto que
la especie humana siempre ha vivido en un mundo multiétnico, multicultural
y multilingüe. Sin embargo, hoy más que nunca, pese a existir
mayores posibilidades de comunicación, nos sentimos amenazados
en un valor más vital y fundamental: nuestra propia identidad.
El debate actual de tribunas en el mundo entero está centrado en
la siguiente reflexión: intensificar el proceso de uniformización,
ligado al conocido fenómeno de la globalización2 o bien,
en virtud del carácter indisoluble que existe entre lenguas, culturas
y pensamiento, favorecer una pluralidad lingüística y cultural.
¿Hacia otro aprendizaje de la interculturalidad?
La
globalización, habitualmente presentada como un fenómeno
económico, tecnológico y político, es además
y sin lugar a dudas, un fenómeno sociocultural. Pero como bien
lo sabemos, la sociabilidad de los pueblos no sólo se construye
sobre bases culturales, sino también sobre incuestionables bases
lingüísticas.
Así explicamos, por ejemplo, que a una innovación cultural
corresponda un cambio en la tipología lingüística,
y recíprocamente, que todo cambio lingüístico denote
alguna novedad cultural y mental.
Claramente lo señala Philippe Blanchet (1998), con estas palabras
traducidas del francés: Toda originalidad lingüística
es cultural, y por constituir elementos en constante interacción,
siempre están en equilibrio y en proceso evolutivo, heterogéneo
y abierto. Una lengua, subraya el Profesor Blanchet, es un hecho
total, inscrito en el corazón de la dinámica de una
comunidad y de una persona. Siendo el lazo social fundamentalmente lingüístico,
es menester hablarse para encontrarse. No puede haber intercambio de ningún
tipo si no hay primero comunicación.
Por un momento, y de modo muy artificial, separaremos estas dos realidades,
pero sólo para reanudarlas más adelante, dentro de la alarmante
configuración que el riesgo de homogeneización lingüística
y cultural deja pesar sobre nuestro patrimonio universal.
El impacto sociocultural que ya se ha hecho sentir, borrando virtualmente
todas las fronteras, aparece primero como algo difícil de cernir,
porque el concepto mismo de cultura escapa a cualquier intento de definición.
En la terminología de la UNESCO (Declaración 2001) se entiende
por cultura los modos de vida que se dan grupos humanos para vivir
juntos. Pero esto representa una vasta realidad. Vale entonces preguntarse
cómo proteger aquello que queda de cierto modo indefinido.
Resulta pues urgente establecer un consenso a nivel internacional, para
que, como lo señala el ministro de Cultura, José Weinstein,
sea considerado distintamente el sector cultural. Para este propósito
afirmó:
Se necesita una convención y un instrumento normativo internacional
que ejerza con prontitud, una salvaguarda de nuestra riqueza cultural
común en el planeta. Para nosotros, este resguardo de la diversidad
cultural se enmarca en límites éticos y debe darse en el
marco del respeto de los derechos humanos.3
Queda claro que no es posible poner sobre el mismo pie de igualdad el
intercambio de bienes culturales y el de bienes comerciales, y menos aún
de fondos financieros, ya que no son mercancías que puedan ser
sometidas a las mismas leyes de un mercado, caracterizado por una estandarización
y cuyo motor esencial es la rentabilidad.
Si se reconocieran igualdad de condiciones para el sector económico
y el sector cultural, se admitiría -al mismo tiempo- la lógica
de un modelo estándar dominante para la industria cultural, que
nos sitúa en relación de fuerza con las leyes del sistema
económico.
Dicha situación traería, consecuentemente, la pérdida
de la independencia cultural y junto con ella, la perspectiva de ser asimilados
por la acción de un poder homogeneizante. A título indicativo,
recordemos que más del 20 por ciento de los intercambios mundiales
son de tipo cultural, deteniendo masivamente la exportación estadounidense
el record en la concentración de la industria del entretenimiento.
Frente al aplastante poder unila-teral de una futura monocultura ¿habrá
que resignarse a pensar que sólo atravesamos una etapa más
del capitalismo, fundada esta vez en una desestructuración social,
donde se anuncia más desigualdad y menos identidad, por no decir
negación de las identidades y de la diversidad cultural? ¿O
se tratará más bien de una regresión tal en la historia
del humanismo que cabría hablar aquí de una futura forma
de vida en la incultura?
Así como resulta inimaginable que, al unísono todo el mundo
rezara el mismo credo, es inconcebible invalidar toda tentativa de rechazo
al paradigma único de mercado y de pensamiento. Es más,
aunque fuera absurdo pensar, antropológicamente hablando, que una
cultura pudiese ser indiferenciada pues algo tendrá de distinto-
en este nuevo orden global de las cosas, no parece tan inadmisible pensar
que el que pretenda ser diferente, estará condenado a desaparecer.
Por éstas y muchas otras razones, estimamos como irrenunciable
el derecho a reivindicar una verdadera diversidad cultural, con sus infinitas
formas de comprender el mundo y con su arte natural de vivir, según
una apertura hacia todo lo que nos ofrece el universo ilimitado del conocimiento
humano.
Resumiendo este punto, diríamos que la configuración del
actual paisaje mundial globalizante, avanza hoy de modo contradictorio,
en cuanto se presenta, por una parte, como un formidable instrumento al
servicio de una prolífera circulación de las ideas, en particular
con las NTIC (Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación),
y por otra, como un incomparable riesgo de acción homogeneizante
a nivel lingüístico y cultural.
Tomar conciencia de esta situación significa, para las personas
y los pueblos, dejar de mostrar indiferencia o neutralidad. Tal como expresó
recientemente el Presidente Ricardo Lagos: No podemos asumir el
camino de ser meros receptores pasivos de objetos y valores culturales
que se producen en otras latitudes. Para que la globalización sea
un diálogo entre culturas y no hegemonía de una cultura
sobre las restantes es preciso que nos apliquemos ahora a las tareas para
favorecer y estimular nuestra propia creación e incrementar nuestro
patrimonio.4
En este contexto, resulta crucial referirse a otro orden jurídico
internacional, para que -tal como lo promueve la Declaración Universal
de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural- los Estados y Gobiernos logren
mantener sus propias políticas y programas de apoyo a la industria
cultural, en un marco de absoluta y permanente libertad, ya que ésta
ha de ser la base precontenida en el indispensable resguardo de todas
las especificidades y el desarrollo de todas las sociedades.
Pero no nos engañemos: De qué servirían tan nobles
propósitos si no van acompañados de una evolución
profunda y duradera de todo el conjunto del sistema educativo.
De más está decir que, en defecto de un auténtico
plan de acción en torno a esta piedra angular -que es la formación
cualitativamente fundada en los valores culturales5 - difícilmente
se logrará revertir la fuerza expansiva de la globalización,
en favor de lo que, por ahora, sólo percibimos como una emancipación
integrada en los cimientos de un nuevo humanismo.
¿Hacia otro aprendizaje del plurilingüismo?
El
breve análisis de la mundialización, desde el punto de vista
de la multiculturalidad, partió del hecho que la lengua, en sí
misma, es un fenómeno cultural. En consecuencia, el desafío
cultural es primeramente de orden lingüístico, y su componente
esencial, por supuesto, el plurilingüismo.
Sin embargo, a pesar de que no sea extraordinario tener competencias para
hablar varios idiomas, ya que más de la mitad de la humanidad es
plurilingüe, es menester considerar el carácter complejo a
veces aparentemente contradictorio de esta interrelación
entre las culturas y las lenguas.
En efecto, pudiesen parecer inconciliables o incompatibles las dos funciones
que Philippe Blanchet atribuye a la diferenciación y comunicación,
y que tienen a cargo, la una diferenciar y la otra unificar a los seres
humanos.
La escuela, por ejemplo, siempre ha tenido por misión principal,
reforzar la unidad nacional, enseñando fundamentalmente una misma
lengua, y con ella, unos mismos valores y saberes.
Así, su vocación dista mucho de ser prioritariamente la
de enseñar los idiomas extranjeros
Pero resulta que si el
aprendizaje de la lengua materna, como gran vector de cohesión
social, debe influir en la construcción cultural de la identidad
individual y colectiva, la adquisición de otros idiomas igualmente
influirá en esta otra parte cultural que universalmente une, en
una identidad común, a todos los seres humanos, más allá
de las diferencias.
Las particularidades lingüísticas son, por decirlo de alguno
modo, declinaciones de lo universal. Como señaló Edgar Morin,
comprender al otro es vivir en la igualdad, tanto como en la diferencia.
La trilogía idioma- cultura- educación contempla de esta
manera, tanto la preservación de una identidad lingüística
y cultural particular, como la protección de un cosmopolitismo
propio de los contactos entre los grupos sociales y los seres humanos
del mundo entero. Y aquí es donde ciertamente radica el eje central
de la tan anhelada cultura de la paz.
Toda verdadera política cultural empieza por acoger una diversidad
lingüística que, en su aceptación de las diferencias,
se nutre de tolerancia y respeto mutuo para formar, desde su más
temprana edad, al ciudadano plurilingüe que necesita la nueva convivialidad
solidaria de la democracia mundial.
No
tratándose ya de una simple cooperación internacional, es
de vital importancia que veamos en esta diversidad un imperativo
ético inseparable del resto de la dignidad de la persona humana,
como así lo estipula el artículo 4 de la Declaración
Universal sobre la Diversidad Cultural de la UNESCO, agregando que esto
supone un compromiso con los derechos humanos y las libertades fundamentales,
en particular de aquellas personas que pertenecen a minorías y
a los pueblos autóctonos.
Luego de constatar la importancia que para todos nosotros tiene tan amplio
y emblemático debate, parece imposible esquivar una pregunta por
lo demás ineluctable: ¿Qué lugar o qué rol
le reserva hoy la globalización a las lenguas?
Pues bien, conocemos el pano-rama que este candente problema nos plantea:
el sistema actual, no sólo nunca ha favorecido la diversidad lingüística,
sino que intenta cada día más intensamente imponer a nivel
planetario un régimen monolingüe, donde el inglés aparece
como lengua hipercentral (Calvet, 1999).
Al empezar por acoger esta verdad, todos los foros internacionales han
manifestado claramente su rechazo a la presencia exclusiva de una lengua,
ya que semejante hegemonía impide el gran diálogo cultural
y viene a ser para los pueblos una nueva forma de alienación que
va en contra del espíritu mismo de la mundialización.
De hecho, vivir en humillante sumisión a un imperialismo monolingüístico,
ha activado siempre las tensiones, las incomprensiones y los conflictos.
Y es que, en materia de política lingüística, toda
ortodoxia que tienda a establecerse sobre el concepto de dominación,
le hace perder su valor al concepto de alteridad, anulando así
la función de diferencia que, como anteriormente mencionamos, caracteriza
a los idiomas.
Romper este equilibrio existencial de las lenguas es poner en peligro
la identidad misma de los pueblos, dado que, como justamente lo subraya
Philippe Blanchet (1998) la lengua se inscribe en lo que el hombre
es en sí.
Je pense, donc je suis, dijo Pascal, sin sospechar tal vez
que, varios siglos más tarde, el disfuncionamiento de esta dinámica
podía tener consecuencias tan graves como la destrucción
de la estructura misma de la sociedad entera.
Hoy más que nunca, el efecto del producto material sobre el comportamiento
cultural de un pueblo no se compara con el producto inmaterial que es
la lengua. Es en ella misma donde se integran la totalidad de los modelos
que estructuran toda la cultura de un pueblo.
¿Hacia el advenimiento de un nuevo humanismo?
La edad del modernismo nos deja finalmente con un sentimiento
de malestar, que proviene sobre todo de una humanización decadente.
El universalismo era antes una idea asociada a algo trascendental. La
mundialización es ahora una realidad indisociable de lo material.
¿Significa esto que llegamos al fin de un ideal? Y si así
fuera ¿a qué aspiraría el hombre y la creación
si tocan los límites de una finalidad definitiva? Más bien
necesitamos entrar en este tercer milenio a la visión del advenimiento
de un nuevo humanismo.
Y aunque nadie tenga una idea precisa de tal visión, por lo menos
una cosa parece clara:
La humanidad ya no puede pensar en el porvenir como si fuera una
continuación del pasado o del presente, porque, nos advierte Eric
Hobsbawn (2003, p.749), si intentamos construir el tercer milenio sobre
estas mismas bases, fracasaremos, y, por habernos negado a cambiar de
sociedad, el precio de este fracaso, serán las tinieblas6
.
Al parecer, filósofos y poetas aquí concuerdan
o se encuentran. Como lo demuestra uno de los tantos textos dedicados
a este tema por la poetisa nacional Ermelinda del Carmen Díaz (2000):
Niebla
y Luz
En este mundo de brumas
Donde todo es negra noche
¡A veces parece que alumbra
La luz detrás de los montes
!
Y renace la esperanza
Que invade los corazones
¡Cuando se ve en lontananza
De una luz los resplandores
!
Pero se aleja, se esconde,
Otra vez vuelve la niebla
Y van en sombra los hombres
Como ciegos en la tierra
¡ Otra vez los corazones
Caminan en las tinieblas
!
Una lectura interpretativa de este soneto, por cierto nos
indicaría un rumbo, donde sólo al abrirse la luz en las
tinieblas, encontraríamos la paz.
Mientras, y antes que el destino comunitario tome una decisión
erradamente inapelable, urge empezar a buscar dicha luz en el advenimiento
de un nuevo humanismo que, con su sorprendente diversidad lingüística
y cultural, será la mejor garantía de un mundo más
abierto, más democrático; en suma, de un mundo de paz
Porque, como nuevamente muy bien nos lo recuerda Arturo Navarro, del Consejo
Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, la diversidad, la llevamos
dentro, no es un concepto ajeno o lejano, seremos diversos o sencillamente,
no seremos.
Bibliografía
- Actas del Congreso Pluralismo Lingüístico,
Educación y Desarrollo Nacional, SOCHIL (Sociedad Chilena
de Lingüística) y Comisión de Idiomas Extranjeros en
Chile, Santiago octubre, 1994.
- Amnesty International, Rapport, ed.Gallimard, Paris, 1975.
- Berthet E., Langues dominantes et langues dominées, éd.
Seuil, 1982.
- Beacco J.C., Les dimensions culturelles des enseignements de langue,
éd.Hachette, Paris 2000.
- Blanchet P.,Langues, identities culturelles et développement
: quelle dynamique pour les peuples émergents ? Conférence,
Cinquantenaire de la Revue Présence Africaine, UNESCO, 1998
- Bourdieu P., Libre échange, éd.Seuil, Paris, 1994.
- Calvet J.-L., Les politiques linguistiques, PUF, Paris, 1996.
-____________, Histoire de lécriture, éd.Plon, Paris,
1996.
-____________, Le besoin identitaire et ses manifestations
in: Pour une écologie des langues du monde, éd.Plon, Paris
1999.
- Charlot B., Education et cultures, in: Synergies Chile,Revista
de Didactología, N°1, Instituto franco-chileno de cultura,
Santiago de Chile, 2004-2005.
- Chirac J., Allocution inaugurale de 20 mars 2001 (Jour de la Francophonie),
Colloque Trois Espaces Linguistiques, face aux défis de la
mondialisation, Université de la Sorbonne, Paris.
- Déclaration Universelle des Droits de lHomme, (article
27)
- Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural,
2001.
- Díaz E., Espiga de Esperanza, in: Obras Completas
de Poesía, Vol.II, ed. Rumbos, Santiago de Chile, 2000.
- Hobsbawn E.,Lâge des extrêmes, Traduc.Française
éd. Complexe, Paris, 2003.
- Morin E., Les sept savoirs nécessaires à léducation
du future, éd. Seuil, Paris, 2000.
- Publicación de la edición chilena de Le Monde Diplomatique,
Diversidad cultural, ed. Aún creemos en los sueños,
Santiago de Chile, 2004.
- Revista Le Français dans le Monde, N° spécial Le
plurilinguisme, éd.Hachette, Paris.
*
Olga María Díaz imparte clases de fonética,
gramática y lingüística en el Departamento de
Francés (UMCE) desde 1996. Egresada de la Universidad de
París III-Sorbonne, donde presentó su tesis doctoral
en lexicología. Actualmente es directora de la Revista Synergies
Chile (de Didactología de las Lenguas y Culturas) publicación
asociada a la red del Gerflint (Groupe dEtudes et de Recherche
en Français Langue Internationale).
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