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REVISTA N° 13

Formación de profesores:
UNA EDUCACIÓN QUE SE ESTANCA, NO SIRVE

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Es cierto que hay que dar una nueva orientación a la formación de profesores, que responda a las exigencias sociales, económicas y culturales que requieren los nuevos tiempos. Pero también es necesario señalar que la educación siempre debe estar en este proceso.
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Por Raúl Navarro P.*

En estos días, parece habitual hablar de crisis en la educación. Incluso, a las voces de autoridades nacionales se unen organismos extranjeros que entregan su visión. Y tanto la mirada local como la foránea coinciden en que algo anda mal. Curioso, pero en general quienes hablan sobre educación no son educadores. Hay sociólogos, psicólogos, abogados y muy pocos maestros.
Tal vez por allí tendríamos que comenzar a analizar el tema de la crisis que, sin duda, existe.
¿Pero hay sólo crisis en la educación? Al mirar al mundo, uno se encuentra con que la crisis abarca terrenos más amplios. La institucionalidad conocida está cuestionada. Desde la política a la religiosa, pasando por los organismos del Estado, por los mecanismos de participación que operaban en la sociedad.
Claro, la educación está en la base. Pero es cierto que su crisis asume una dimensión diferente cuando comenzamos a revisarla en la perspectiva más amplia que da un planeta sumido en un cúmulo de interrogantes:
Sociedades que enfrentan la globalización con la evidente desventaja de la debilidad que aporta la pobreza; con la indefensión que significa el no ser poseedores de las tecnologías; o con sociedades que aún teniendo el poder que da el dinero y la fuerza, se debaten ante el desafío que genera un pragmatismo que pareciera haber olvidado la felicidad del hombre como meta final.
Son temas que escapan a la educación mirada con cánones tradicionales. Pero que se acoplan a ella si tomamos una nueva perspectiva. Una perspectiva integradora, en la que el ser humano sigue como objetivo central, pero con énfasis en la totalidad de sus potencialidades.
Refiriéndome a Chile, asumo un tema que ha sido abordado de manera reiterada: la formación de los profesores.
¿Por qué es importante reflexionar acerca de la formación de profesores? Buscando asideros en la crisis, se está recurriendo al facilismo al cargar la mano crítica. Es cierto que hay que dar una nueva orientación en esta área. Una nueva orientación que responda a las exigencias sociales, económicas y, más ampliamente, culturales, que la época plantea. Pero también es necesario señalar que la educación siempre debe estar en este proceso.
Eso es cierto. Una educación que se estanca, no sirve. Tal como una visión crítica que centra su balance sólo en un elemento, no es positiva.
Quiero decir que, a mi juicio, la formación de profesores no es ni el único elemento, ni el central, de la crisis de la educación en Chile. Los profesores, como cualquier habitante de un país, somos el reflejo de nuestra historia, de nuestro pasado reciente. Y Chile viene recién saliendo de un apagón cultural profundo.
Por lo tanto, la crisis tiene también afluentes que bajan desde la política, del cambio de modelo económico, del cambio de paradigmas e, igualmente, de una confusión que aporta la globalización y el estado en que se encuentra el mundo.
Debemos enfrentar la crisis. Quienes tenemos el deber de formar maestros asumimos tal responsabilidad. Y hemos avanzado en ese sentido. Pero tenemos que marchar con suma cautela. Nos enfrentamos a presiones que crean confusión. Entre ellas, pretender dar un sentido exclusivo a la educación como factor económico.
Porque esa orientación olvida, oculta, tergiversa, una realidad esencial: la educación tiene importancia fundamental en el desarrollo integral de la persona, no sólo en términos de integración eficiente en la economía.
Para los tiempos que hemos comenzado a vivir, esto no puede estar ausente en la formación de los profesores. Tal vez de ello dependerá que las futuras generaciones asuman de manera adecuada y no traumática los cambios que se avecinan.
Una educación que prepare para un acoplamiento eficiente al desarrollo económico, pero que no considere a hombres y mujeres en su amplia gama de potencialidades, es una educación que fracasará. Porque aunque parezca extraño en esta época, el éxito económico no lo es todo. El ser humano necesita otras respuestas. Requiere que sus emociones sean consideradas. Exige que a la certeza de la racionalidad se sume la elevación de la espiritualidad.
Creo que ese es el desafío que tenemos por delante. Por un lado, preparar maestros para que estén en condiciones de comprender el mundo tecnológico. Pero, a la vez, que sean capaces de trasformarse en referentes valóricos en los que la juventud pueda encontrar orientación y la sociedad logre las respuestas que deben entregar los educadores.

*Raúl Navarro P. es rector de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación desde el año 2001, donde se ha desempeñado además como docente, decano de la Facultad de Filosofía y Educación, y director de Investigación. Es profesor de Matemática, y magister en Ciencias de la Educación y Educación Matemática.