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REVISTA N° 13
NEFTALÍ REYES:
A CIEN AÑOS DE NACIDO
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Yo, el anterior, el hijo de Rosa y de José soy. Mi nombre
es Pablo por Arte de Palabra (1968).
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Por Luis Rubilar Solis*
Cumple
hoy cien años de nacido Neftalí Reyes, aunque Pablo Neruda
cumple 84 años de creado y el autofigurado Neruda ha cumplido 30
años como poeta público y reconocido universalmente (mi
deber es vivir, morir, vivir (1969)).
Por ello, porque para nacer he nacido, es que por todas partes se lo revivifica
y, como corresponde, en su Universidad - el Pedagógico - también
lo haremos: ese es el sentido de esta inmersión psicobiográfica
que rescata su genio y figura en su dimensión más humana:
la afectiva y creativa. Porque precisamente en este Pedagógico,
actual UMCE, aprendió el estudiante Neftalí Reyes
Candia (matriculado en el período 1921-1924) escaso Francés
y nula Pedagogía, pero mucho, mucho de amistad y de amor. Así
como Nicanor Parra nos confesara hace poco que sin el Pedagógico
no habría anti-poesía, ciertamente Neruda retrucaría:
sin el Pedagógico no habrían numerados poemas de amor
ni crepuscularios.
Del denso proceso vivido por Neftalí Pablo fue gestado un cúmulo
de más de 50 obras (desplegadas en 6000 páginas), traducidas
a más de 35 idiomas, estudiadas, criticadas, recreadas en encuentros,
simposios, congresos, revistas, ponencias, en distintos lugares del mundo,
que han sido musicalizadas, teatralizadas, cantadas y llevadas al cine
y al video.
Sus cómplices versos han ayudado a miles de amantes a decir lo
suyo, y sus crónicas poéticas del Canto General nos han
servido a muchos para vislumbrar la verdadera, la otra Historia de Nuestra
América, tan negada y omitida por la Historia oficial.
Igualmente respecto de Chile, su largo pétalo de mar y vino y nieve.
En lo material, y para compensar la inestabilidad de las (de)privaciones,
del exilio y de los viajes, asienta arquitecturalmente esas tres mansiones
lúdicas: Isla Negra, La Sebastiana y la Chascona, residencias de
sus variadas vidas, pasiones y, al final, de su vigilado funeral.
En 1954 dona a la Universidad de Chile su Biblioteca y su colección
de caracolas (para pagar, en parte mínima, lo que he recibido de
mi pueblo).
En lo cívico y cultural su inventado nombre se inscribe hoy en
escuelas, bibliotecas, teatros, calles y plazas, incluso hoteles y un
plato sui generis: el caldillo de congrio Neruda. Es, sin
duda, el más universal de nuestros compatriotas.
Neftalí Reyes Basoalto nació en Parral el 12 de julio de
1904, en un contexto familiar heterogéneo y egodistónico,
afrontando en soledad adversas circunstancias y llevando además
el peso y el luto permanente por la temprana pérdida de su madre
Rosa.
En octubre de 1920 escribe un poema titulado Hombre (diario
La Mañana, Temuco) firmando, por primera vez, como
Pablo Neruda. La poesía y prosa de su juventud han sido recopiladas
en El río invisible (1980), en el cual ya despuntan
como nucleares los temas relacionados con la madre muerta y con la identidad
personal.
Por qué querría aquel adolescente mutar de identidad y de
destino. Veamos algunos antecedentes: su madre, Rosa Neftalí (39
años), maestra, fallece de tuberculosis a los dos meses de nacer
su único hijo: Neftalí Ricardo Eliezer, en el mismo mes
de septiembre en que él morirá, 69 años más
tarde (1973). No pudo ella cuidarlo, ni amamantarlo, ni acariciarlo, generando
en el neonato una situación de privación materna
cabal, sin afectos, sin recuerdos... conservando de ella sólo un
viejo y hermoso retrato: Cuando nací mi madre se moría
/
Ella murió./ Y nací. / Por eso llevo un río invisible
entre las venas. /... Ella juntó a la vida que nacía/ su
estéril ramazón de vida enferma.../ Esta luna amarilla de
mi vida / me hace ser un retoño de la muerte (1920).
Esta
sensación de carencia, abandono y precaria herencia afectiva va
a troquelar decisivamente la existencia del niño Neftalí:
Me puse pálido, flaco y ausente.../ guardar mi propia identidad
oscura / atada al ritmo de la primavera.
El camino para superar esa dramática realidad fue, por una parte,
la poesía, y por otra, el cambio de identidad. El paso hacia la
poesía fue claro y precoz, no así el paso hacia otra identidad,
que fue más lento y elaborado, a cargo de un torturado adolescente
perdido entre los libros que le proveía Gabriela Mistral, los bosques
del sur y el mar de Puerto Saavedra.
¿Cambiar de nombre era reiterar la moda tan propia de escritores,
a través de un seudónimo? Nuestra tesis es que, en su caso,
se trataba de algo mucho más profundo y trascendente, y para probarlo
recurriremos a sus propios textos, de acuerdo a su invitación:
Si me preguntan qué es mi poesía debo decirles, no sé;
pero si le preguntan a mi poesía ella les dirá quién
soy (1943).
Entonces, si nos preguntamos: quién fue Pablo Neruda, la respuesta
debemos buscarla en su corpus poético. La condición autobiográfica
y autorreferente que singulariza su producción (esas cartas a mí
mismo que los otros llaman poemas, 1972) pareciera facilitar tal tarea.
Sin embargo, no es así, ya que el dilema identitario no se expresa
en forma manifiesta, como todo secreto, sino críptica y soterradamente.
En aquellos juveniles escritos (El río invisible) encontramos
este singular recado y convite: Pero oídme, yo he de liberarme...
el salto hacia la altura, el vuelo contra el cielo infinito, seré
yo quien lo haga... deberé ser otro, transformarme, liberarme...
arranco estos vestidos con que me conocisteis hasta ayer y loco de tempestad,
ebrio de libertad... Para que nadie pueda oírlo iré esparciendo
un secreto en estas palabras y en ellas anidará... adivinad el
secreto que fui esparciendo en estas palabras para que nadie, para que
nadie lo supiera.
Tenemos pues que: Neftalí Reyes debe transformarse,
y que guardará en sus escritos un secreto, del cual debe liberarse.
Y aquí surge con relevancia y pertinacia la figura de su madre
Rosa Neftalí. Su ausencia, su perdida imagen, el temor a la tuberculosis,
el vacío de su amor, constituyen para el huérfano el obsesivo
centro de su pulsión emotiva, convirtiéndose afectiva y
efectivamente en objeto primario, a través de un proceso
de fijación erótica basado en el deseo de su posesión,
reciclando el arcaico mito de Edipo en su doble dimensión
de vínculo incestuoso y de anhelo de retorno al seno materno.
Enfrentado el púber a tan grande necesidad de amor y amparo, crea
fantasiosamente el objeto imaginario necesitado, erótico y protector.
Como tal relación es tabú (se prohibe y se castiga),
el hijo es impelido a transfigurarse, ser otro, para así mantener
ocultamente (secreto) el deseado y así recuperado vínculo
con el objeto erógeno y amado.
Desde
este fondo motivacional emergen dos creadas figuras: Rosa, la amada, ya
no madre, resignificada y renombrada mujer, eco y reflejo del significante
primario: Y baja la rosa que ha matado a la madre/ y vuelve a brillar
su destello en la altura del hombre que nace/ yo soy el distante que lleva
en sus venas su vida y la mía... /... te formo como tú me
formaste... ; Pablo Neruda, autogestado y autopronunciado, libre para
sentir y decir su amor: Yo siento que brotas del triste silencio / cómo
te presiento... / yo no sé tu fragancia, yo no sé tu recuerdo/
y te busco en la sombra como un niño perdido.../ yo te busco en
los ojos de todas las mujeres / te busco pero nunca te he podido encontrar...
/... Inmóvil frente a mí tú serás mi destino
/ flor de mi corazón.../ ausente, eres la ausente... eres el estío
que ama mi deseo, no estás.
Los mecanismos psicodinámicos de identificación,
fijación, transferencia (con Delia y Matilde,
claramente) y regresión están siempre latentes
en su discurso poético, pero más patentes aún en
estos juveniles versos: Mujer, yo hubiese sido tu hijo, por beberte/ la
leche de los senos como de un manantial, / por mirarte y sentirte a mi
lado y tenerte/, en la risa de oro y en la voz de cristal. / Por sentirte
en mis venas como Dios en los ríos/ y adorarte en los tristes huesos
de polvo y cal /... Cómo sabría amarte, mujer, cómo
sabría/ amarte como nadie supo jamás! / Morir y todavía/
amarte más. / Y todavía / amarte más/ y más
(1923).
Reiterándolos sin ambajes en su obra madura: Amamántame,
/ noche, / déjame vaciar el líquido / de tus ubres nocturnas
/ húndeme en tu regazo / horizontal... / ir dormido en el viaje
de la esfera / como un nuevo nacido (1968). Y en su poemario póstumo
Jardín de invierno (1974) dejaba consignado: Qué
puedo hacer si cada movimiento / de mi mano me acercó a la rosa?
/ Y por mi amada sin mirada / estoy dispuesto hasta a morir.../ Antes
de ver el mundo, entonces, / cuando mis ojos no se abrían / yo
disponía de cuatro ojos: / los míos y los de mi amor.
Para decirle esto a Rosa, la mujer recreada y renacida, por la palabra,
(re)nace el amante Pablo Neruda, también por la palabra. Que el
proceso de transmutación fue difícil y lento nos lo prueba
el hecho que en su biblioteca personal el adolescente Neftalí tenía,
entre otras, obras de fabulosos autores: Esquilo Sófocles,
San Pablo, Ovidio, Dante, Cervantes, Dumas, Defoe, Poe, Wells, todos ellos
maestros en el arte de transfigurar lo real, de la metamorfosis,
la doble identidad, la transfiguración o el sosia.
El propio Neftalí se hizo experto artífice de la palabra,
nombrando, haciendo ser (transfiguraba todo lo que tocaba,
decía Matilde Urrutia). Sus razones tuvo Neftalí para bautizar
a su réplica como Pablo Neruda, lo importante era que
así eliminaba sus nombres de pila y apellidos, como lo deja establecido
un año antes de su muerte: Yo recuerdo aquel día / en que
perdí mis tres primeros nombres.../ Lo cierto es que no quise cuenta
ajena / y creí inaugurarme / darme apellido, nombrarme a mí
mismo / y crecer en mi propia levadura (1972).
Con ello, además y de paso, rechazaba la figura paterna, prohibitiva
y autoritaria, y porfiado obstáculo para su proyecto personal de
poeta. Sin embargo, así pudo sin censuras cantar Rosa, resucitarla,
amarla y hacerla florecer. El resultado fue que la representación
más recurrente, la metáfora de sus metáforas ha sido
la palabra rosa. Se trata de un homenaje de amor inconmensurable
a la arquetípica imago, el sustantivo más sustantivo en
sus versos.
Como ramilletes y en surcos de pasión, la Rosa secreta se multiplica
y despliega como nervadura por toda la frondosidad de su semiótica
más intimista, adjetivándola de mil maneras: separada, magnética,
mojada, enterrada, encendida, desatada, desgarrada, seca, humedecida,
dolida, ensangrentada, única, ocultada, pequeña, tremante,
primera, última, fragante, triste, blanca, azul, roja, sola, florida,
silenciosa, magnánima, renacida... Y el nombre se esparce y oculta
en otros como Rosario, Rosalía, Rosaura o Rosía,
su último personaje, motivado por su musa postrera, Alicia, en
La Espada encendida(1970), cuando al final Rosía dice
a Rhodo: Pero, cuando tú llegas sube a mí una fragancia
/ de bosque verde y me convierto en rosa.
Para esto fueron necesarias al menos tres simbólicas muertes: la
de Rosa Madre, la del nombre del Padre, y la del niño Neftalí
(reeditando aquello de Caín y Abel), porque ¿qué
ha pasado con aquel triste y enlutado niño Neftalí en la
estructura personal del disfrazado poeta Pablo Neruda?. De aquél
que dijo: Estoy muerto. Estoy asesinado. Estoy naciendo con la primavera,
voy a vivir otra vez, me duelen las raíces...
Mucho tiempo convivió Neruda con él, intentando en vano
olvidarlo, e imaginar que ya no existen: Me cambié de existencias
/ cambié de piel / tuve que hacerlo / no por ley ni capricho /
sino que por cadena/ lo que fuimos no somos / otro ser ocupó nuestro
esqueleto / aquel que fue en nosotros ya no está / se fue / se
perdió en el pasado y ya no vuelve...
Sin embargo, siempre permanecería la contraparte de la realidad
y de la propia identidad: negó el poeta a Parral, omitió
referencias a Rosa Neftalí Basoalto, escotomizó
a Neftalí.
Reencontrándose
ya en la madurez consigo mismo, la síntesis de su verdad resuena
en resolana: Parral, el sitio de mis más profundas raíces...
/ Fue el crecimiento como un traje / y lo llevó prestado.../ no
me sirvió la máscara nocturna / soy, a la vez, aquel hombre
que fui/ tal vez es este el fin, la verdad misteriosa...(1964).
El drama personal y psicológico de esta replicada identidad, de
este juego de abalorios y de disfraces, sirvió, aleatoriamente,
para deslumbrarnos con sus versos polisemánticos, emitiendo dobles
mensajes a través de la bisociación, como los
siguientes, que podemos interpretar ahora con otro sesgo:
Yo soy el que deshoja nombres...
Sabrás que te amo y no te amo / puesto que de dos modos es la vida...
Yo soy azul ¿en la rama una rosa? Yo la enciendo.
No me canso de ser y no ser.
De lo que sufrí por amarme.../ sin ser tal vez correspondido.
Nuestra propuesta es que en la estructura personal del poeta cohabitaron
dialéctica e integralmente Neftalí y Pablo, y que fue aquel
Neftalí quien creó a este Pablo, tal como queda evidenciado
en las arcanas letras que pueblan los hondones de su edificio escritural.
Y porque estamos en este centenario casi invernal, en esta casi democracia
en este su Pedagógico, quisiéramos comunicar algunos mensajes
que el poeta Neftalí Pablo ha legado para sus estudiantes, y para
los tiempos que corren.
Así aparece en su Canto General (1950) nuestra tierra:
En el fondo de América sin nombre estaba Arauco entre las aguas,
como vate nos recuerda, cuál abeja, que ni perdón
ni olvido: Ellos trajeron aquí sus fusiles repletos de pólvora
/ ellos mandaron el acerbo exterminio / ellos encontraron un pueblo que
cantaba... y la delgada niña cayó con su bandera / y el
joven sonriente rodó a su lado herido / por estos muertos, nuestros
muertos, pido castigo/ para el verdugo que mandó esta muerte, pido
castigo / para el traidor que subió sobre el crimen, pido castigo/
para los que defendieron este crimen, pido castigo... no hay perdón,
no hay olvido.
Frente a la economía de mercado que avizoraba y
a los vendepatria dijo: Patria, te quieren repartir como carne grasienta
/ Yo quiero tierra, fuego, pan, azúcar, harina / mar, libros, patria
para todos, por eso ando errante...
Previendo el futuro de ventas de activos y la fiebre de
privatizarlo todo, dejó establecido: Mi poesía es propiedad
de mi pueblo.
En el Pedagógico de entonces, por la Alameda abajo,
su alumno de Francés díscolo, bohemio y erótico,
a su compañera Albertina Rosa decía: De tus caderas a
tus pies / quiero hacer un largo viaje.
En términos magisteriales nos deja estos más
antididácticos recados vitales:
Libro, cuando te cierro, abro la vida.
He aprendido la vida de la vida, no pude enseñar a nadie nada sino
lo que he vivido.
Aprendí a volar y enseñé volando...
Al finalizar este breve inmersión en el pozo profundo
de su centenaria vida, tal vez, pensamos, el poeta Neftalí-Pablo
dejaría este mensaje para los estudiantes y para la juventud de
su patria:
Hoy, conversando / se salió de madre el pasado,
mi pasado... pero el presente y el futuro/ constrúyelo / con amor
/ con piedra y ala / con firmeza... sin temer a la verdad, el bien y la
justicia (1954).
*Luis
Rubilar es docente del Departamento de Formación Pedagógica
de la UMCE. Sicólogo y profesor de Filosofía (U. de
Chile), es además doctor en Estudios Americanos (USACH).
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