María Cristina
Abarca Tapia
El
Seminario Latinoamericano me otorgó la posibilidad de compartir
con personas que, en su calidad de académicos decidieron elegir
una opción: la asistencia a una mesa de trabajo cuyo tema principal
versó sobre las distintas modalidades de práctica docente
que se estaban realizando desde hacía años en algunas
universidades, mientras, en otras, estaban por empezar un nuevo proyecto.
Era razonable suponer que nos encontraríamos con diferentes modos
de pensar la innovación y el cambio, lo que efectivamente ocurrió,
encontrándonos con algunos elementos que quisiera destacar.
Un mayor acercamiento hacia los centros de práctica constituye
parte de un proceso en que los cambios propuestos en las universidades
han afectado las costumbres, metodologías, y percepción
de las prácticas pedagógicas por parte de los profesionales
de la educación dentro de los ámbitos universitarios,
tanto como a los profesores en ejercicio en los establecimientos educacionales
del país.
Ambos han tenido que efectuar una revisión que ha constituido
un encuentro con ellos mismos y un re- encuentro con su profesión,
porque el cambio personal es la primera parte del proceso y éste
ha sido difícil y delicado, porque implica una transformación
en el pensamiento pedagógico, en el comportamiento, actitudes,
creencias y supuestos de grupos de profesionales que han compartido,
trabajado y frente a alumnos desarrollado su rol profesional
En la Universidad, el pro-yecto de formación inicial docente
significó el reconocimiento de la necesidad de cambio, en especial,
la aceptación de los grupos de académicos a comunicarse
y compartir propuestas, inquietudes, estrategias, que permitiesen la
comprobación de alcances y metas, la consolidación de
algunas y la reformulación de otras.
Las prácticas docentes tuvieron una reformulación importante
para el proyecto de Formación Inicial de nuestra Universidad,
siendo considerada como uno de los ejes principales del proyecto. Hoy,
recordar con los académicos representantes de otras universidades
cómo fue el proceso vivido, permitió a los particpantes
sentirse y sentirnos compartiendo una historia personal y profesional
donde se mezclan recuerdos de situaciones intermedias, no previstas
del todo, de etapas en terreno, donde el surgimiento de objetivos no
planeados, constituyó una de sus características
El proceso que se lleva aún adelante, el seguimiento y comprobación
de aciertos y errores, de tomas de decisiones en situaciones problemáticas
imprevistas y que, en sí mismas, esconden una gran riqueza, ayudan
a incorporar la innovación como una forma de actualización,
obligando a los profesionales de la enseñanza a cuestionarse
sobre las escuelas como lugares de formación, y a los centros
universitarios sobre su razón de ser, sobre su enseñar
a los futuros docentes.
Estuvimos
de acuerdo en que las prácticas constituyen una parte de nuestro
quehacer pedagógico donde se trata de otorgar sentido a las situaciones
imprevistas, de atreverse a impactar a los alumnos, creando momentos
significativos, generar clases vivenciales donde constatar cómo
se logran los objetivos propuestos y de aprender a verificar la eficacia
de algún procedimiento.
Descubrimos que todo cambio o innovación que se ha puesto en
marcha ha posibilitado constatar a través de las etapas de práctica,
según la modalidad establecida por cada universidad, cómo
cambian las escuelas, cómo cambian los estudiantes, y a conocer
las circunstancias que permiten el éxito o fracaso de alguna
innovación.
Las situaciones que se producen en los diferentes establecimientos educacionales
y, en especial al interior de la sala de clases, son problemas prácticos
que, forman parte de las actuaciones que un profesional de la educación
ha de tratar, partiendo de un conocimiento sobre la realidad propia
del centro de práctica donde se encuentre, lo que le lleva a
constituirlo en un investigador en la acción de las características
que singularizan al centro educativo, de las condiciones socio culturales
de sus miembros y de la historia del colegio.
Las experiencias en las diferentes instancias de práctica que
las universidades han establecido -y que hemos compartido- son un laboratorio
lleno de momentos propicios para estimular en los sujetos la apertura
de una conciencia más amplia sobre los alcances de la formación
que obtienen y aquella que desarrollarán con sus propios alumnos.
Las demandas de modernización de las universidades y sus propuestas
sobre la formación de profesores avanza, al tenor de las conversaciones
con los profesionales en la mesa de trabajo, hacia la concepción
de un profesor activo no sólo en la organización escolar
de que formará parte, sino en la percepción de los alcances
de su propia acción hacia los alumnos, capacitado para tomar
decisiones sobre lo que enseña y sobre las formas cómo
enseñar.
Nuestro profesional de la educación, ha de desarrollar la capacidad
para analizar los problemas que surgen en la sala de clases y aprenderá
a comunicar, y compartir algunas propuestas de posibles soluciones a
los problemas detectados con los demás practicantes, lo que constituirá
una actitud de vida en su trabajo profesional.
Cada etapa de práctica está concebida como un proceso
graduado que permite al estudiante vincular los conocimientos adquiridos
en las sedes universitarias, con las problemáticas que surgen
en la realidad educativa.
Conocimos
sobre los Proyectos de Formación Docente diseñados por
los representantes de las demás universidades y descubrimos que
frente a nuestro tema central: las prácticas pedagógicas,
tenemos en común algunos aspectos, como la necesidad de pensar
la formación de profesores como un proceso que parte por considerar
que la educación tiene una misión transformadora, que
sólo adquiere su real sentido si los alumnos practicantes acceden,
desde los primeros años de su formación, a los centros
educativos para darse cuenta de las reales necesidades in situ.
Se entiende que la enseñanza a los estudiantes de Pedagogía
estará orientada a generar en ellos un estilo de vida profesional,
basado en la actitud indagativa y crítica de su realidad y de
los entornos socioculturales donde ejerza, en virtud de las instancias
de práctica pedagógica, donde se estimulará la
integración de conocimientos dados en las universidades, con
los proporcionados por las áreas de conocimientos que emanan
de la realidad, y de las necesidades del sistema.
En la concepción del profesional, los proyectos de formación
plantean el compromiso del profesor con el aprendizaje de sus alumnos,
integrando dos visiones sobre la realidad: la que nace del cuestio-namiento
de los alumnos y del surgimiento de planteamientos propios nacidos de
la reinterpretación de lo conversado y analizado con los demás,
y la que entrega el profesional como parte de su construcción
personal del conocimiento, además de la forma como apoya el proceso
de enriquecimiento del conocimiento al interactuar con los estudiantes
a su cargo.
Las prácticas pedagógicas nos permitieron concluir que
poner al aprendiz en los centros de práctica, desde el inicio
de su formación, genera un análisis sobre su propio rol
como docente, lo que va validando el perfil profesional, alejándolo
de supuestos y creencias que ha tenido sobre la docencia porque recoge
e interpreta hechos y situaciones, lo que le permite evaluar la importancia
de las decisiones y las consecuencias de las acciones pedagógicas
que se asuman.
En este sentido, los procesos conversados y analizados por los integrantes
de esta mesa de trabajo permitieron sentirnos comprometidos aún
más en una labor que se configura como un elemento central para
el desarrollo de un profesional de la educación y con la necesidad
de volver a reunirnos para compartir experiencias, innovaciones y nuestra
forma de asistencia especializada a los alumnos.
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María Cristina
Abarca P es profesora de Curriculum y Evaluación Educacional
de la Umce. Profesora de Castellano, licenciada en Educación,
consejera educacional y vocacional, magister en Curriculum Educacional
y magister © en Evaluación Educacional. |