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REVISTA NÚMERO 11
EDUCADORES ACTUALES
Al borde del "almicidio"
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Estudios recientes revelan que el 53 % de la población
nacional es técnicamente analfabeta, no porque no sepa juntar
las letras, sino porque no comprende la información impresa,
o es incapaz de utilizarla. El gremio de los profesores sería
uno de los que menos lee.
Hoy se preparan personas ciegas de sus potencialidades,
activos negadores de su mundo interior, que no recuerdan la experiencia
educativa como una oportunidad que les hubiese permitido su expansión,
ni el cotidiano maravillamiento por el mundo descubierto,
señala la autora de este artículo. _____________________________________________________________________________________________________________________
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Por María Teresa
Pozzoli*

En realidad hablar de Educación hoy
día, es hablar de nuestra preocupación por este mundo roto,
adolorido, en el cual despertamos cada mañana con la clara conciencia
de no estar haciendo la tarea con la fidelidad con que alguna vez dibujamos
nuestros sueños.
Suele decirse que la meta de la tarea educativa es crear personas saludables,
ajustadas y sociables, felices en sus relaciones interpersonales, entrenadas
en las destrezas y habilidades básicas para convivir en sociedad.
Pero
ciertos datos ponen en duda el cumplimiento de esos objetivos.
Ocurre que en el 25% de los hogares chilenos no hay libros y que sólo
el 31 % de la población los lee. Asimismo, la encuesta OCDE (Corporación
para el Desarrollo Económico sobre alfabetización del 2000),
develó que Chile figura en el último lugar del ranking de
los países evaluados y que el 53 % de la población nacional
es técnicamente analfabeta -no porque no sepa juntar las letras,
sino porque no comprende la información impresa, o es incapaz de
utilizarla-.
El artículo de referencia señala que los sectores socioeconómicos
más modestos, apenas leen1 . Con el conocimiento
que me da la experiencia de ser profesora universitaria de jóvenes
de clase media y de familias acomodadas, estos jóvenes tampoco
evidencian haber incorporado alguna vez el hábito de la lectura.
En este mismo informe se advierte algo todavía más inquietante:
el gremio de los profesores sería uno de los gremios que menos
lee, lo que implicaría un contrasentido respecto del rol modelar
que la sociedad les encomienda.
Asimismo, llama la atención que estas afirmaciones pudiendo corresponder
al estereotipo de realidades culturales de países subdesarrollados,
siga ocurriendo de modo tan generalizado en un contexto en el que se persigue,
de modo bastante exitoso, la disminución de la pobreza y la modernización
económica.
Si bien en teoría, la tarea educativa tiene por finalidad reproducir
generacionalmente las pautas reguladoras del auto-sostenimiento humano;
en la praxis -más realista- la educación como institución
siempre ha actuado en consonancia con las necesidades del mercado económico,
reproduciendo el individualismo en un concierto de almas atrapadas en
las fronteras de una sobrevivencia egoísta poco expansiva de la
humanidad. Preparamos embriones de ingenieros, de abogados, de técnicos
en refrigeración, de empleados de Isapres, que en más de
una ocasión no le encontrarán sentido a tanta postergación
existencial de anhelos incumplidos y se hallarán en una profunda
soledad psicosocial en la relación con sus congéneres, sintiéndose
además desintegrados de las expresiones exultantes de la naturaleza.
Así es, preparamos personas ciegas de sus potencialidades, activos
negadores de su mundo interior, que no recuerdan la experiencia educativa
como una oportunidad que les permitiera su expansión ni el cotidiano
maravillamiento por el mundo descubierto.
Como educadores, por negligencia, o sin darnos cuenta, estamos preparando
depredadores de la naturaleza, personas que por haber sido victimizadas
por la autoridad, se adaptarán con facilidad a los modelos de control
autoritario, y se volverán a sentir constreñidos, limitados
en sus capacidades y opciones individuales, ausentes de experiencias de
encuentro comunitario, y lejanos de las expresiones más solidarias
y tolerantes de la diversidad.
Grupos de alumnos jóvenes, portadores de un alma con vocación
para participar de la fundación de una nueva ética
se
desvanecen en la niebla de un sistema que no los acoge en la complejidad
de su existencia, y los exponemos enfermos de desesperanza a sucumbir
a partir de nuevos tipos de marginalidad. Otros más enajenados,
se han homogeneizado en el opacamiento de sus potencialidades, dejándose
sumergir en sus capacidades más integrales.
Muchos de ellos, no podrán descubrir las potencialidades contenidas
en su alma salvaje, porque la experiencia educativa no servirá
de excusa para su autodescubrimiento. Se sienten objetalizados frente
a un poder inmenso, sin límites, por parte de un Estado, de un
modelo de desarrollo, o de una institución religiosa que se hizo
cargo de su educación.
La preocupación por la falta de motivación de quienes son
educados y la inquietud por el deterioro de la calidad de la enseñanza
son comentarios que se repiten de modo reiterado. Así también
es objeto de preocupación la incapacidad de muchos educadores para
dar vida -más allá de lo meramente enunciativo- a los cambios
conceptuales y valóricos anunciados en la Reforma Educativa.
Todos estos son asuntos de los que son responsables los colegios y las
universidades, no tendrán solución ni revisando críticamente
los programas de estudio, ni impulsando un perfeccionamiento cosmético
del magisterio y de los cuerpos académicos. La crisis que vivimos
traspasa la cultura completa, abarca todos los sistemas de la vida, y
con ello, la visión de la ciencia y de la realidad.
ESTRUCTURAS RESQUEBRAJADAS
Sin quererlo, o sin saberlo, los educadores de hoy estamos
asesinando el alma de las nuevas generaciones, siendo artífices
de nuevas marginalizaciones, reproduciendo la soberbia y la ignorancia
de un sistema social que se apoya en esta ideología educativa de
recambio, en una ideología de la diferencia en términos
foucaultianos que está obsoleta y que debe ser superada si es cierto
que nos interesa acortar la brecha entre ricos y pobres.
Una crisis, por otra parte, que nos obliga a entender que todo lo que
hemos aprendido sobre el mundo debe ser revisado, y que, a pesar de ello,
lo mantenemos como un estandarte en nuestros quehaceres, debido a que
para segurizarnos -en la inercia del vivir- reproducimos nuestros saberes
como un estrategia de autoconfirmación, en un contexto cultural
en que todas las viejas estructuras, incluso la educativa, se resquebrajan.
Es sabido que la influencia normativa para controlar y juzgar la conducta
que ejercían en tiempos pasados, los profesores, el clero, la familia,
en términos generales, en el contexto de la modernidad, tienden
a perder su eficacia frente al sujeto social complejo que forma parte
de las nuevas generaciones. En ellas, hay más indiferencia y desinterés,
desencanto y desconfianza frente al poder, falta de reconocimiento de
los educadores como maestros ejemplares a imitar por ser un
modelo de consecuencia. Es lamentable, que la primera razón de
respeto al educador sea simplemente una cuestión de estatus, dado
que es la autoridad que dentro de la sala, administra recursos de premio
y castigo.
Por muchas razones este almicidio, -permítanme la expresión-,
viola el espíritu creativo, transformador y romántico de
las nuevas generaciones que están siendo educadas de una forma
en que su único destino seguro sea cierta anomia social en los
términos en que el mismo Durkheim lo describiera hace más
de un siglo atrás.
Lo que nos mantiene atados a la equivocación en la tarea educativa,
de seguro, no se corrige con un retoque cosmético del currículum,
ni con incorporar a los programas de estudio un objetivo educativo más
o menos progresista, o relacionado con la cibernética de los nuevos
tiempos. El tema es mucho más profundo e integral, es una cuestión
de paradigma: de ideas dinosaurias que han subsistido, y que representan
cada vez menos el espíritu de totalidad y de unidad desde el que
es urgente repensar el mundo y los sujetos sociales que lo integran.
El educador como agencia psíquica de la sociedad, transmite valores,
pero ¿cuáles valores?, los que son el fruto de sus propias
sujeciones de su mirada. Que el educador pueda ser la piedra de desate
no sólo de daños caracterológicos, sino también
de enfermedades de nuestra sociedad es una oscura realidad de referentes
comprobables.
La educación guiada por las más nobles intenciones, la estudiada
por Alice Miller, (Por tu propio bien) es la responsable de
muchos sufrimientos psíquicos inútiles que pueden ser atribuidos
a la explosiva combinación de principios educativos impropios y
rasgos de personalidad de muchos de nosotros.
Nuestra pedagogía, se retacea en la negación de las emociones,
de los cuerpos, de la sofocante homogeneidad de los valores que entrampa
la expresión de la diversidad.
Las razones de estos fenómenos serán observadas en esta
ponencia, atendiendo a los rasgos disciplinares, epistemológicos
y de desarrollo humano que a modo de sujeciones de los educadores, inciden
en el déficit de la tarea educativa en el contexto cultural globalizado
del Tercer Milenio.
Para referirme a la tarea del educador compartiré con Uds. algunas
reflexiones donde aparecerán las sustancias del alma
y del fuego, que sospecho servirán para resignificar
el sentido de la tarea educativa, atendiendo a las necesidades de bienestar
y de desarrollo integral del sujeto social complejo que educamos.
EL ALMA Y EL FUEGO
Lo que se aprende en una vida es infinitesimal
comparado con lo que se sabe desde que fuimos mineral
Para esta resignificación de lo educativo, debemos
echar mano de todos los recursos que han servido de guía a la especie
humana a lo largo de los tiempos, entre los que ocupan un lugar preponderante
los mitos. Los valores encarnados en los mitos y los símbolos tienen
un efecto sanador por su capacidad de resignificación. Valores
ontológicos que otorgan unidad, significado y congruencia a la
vida, debido a que si son componentes arquetípicos están
subjetivamente presentes en cada individuo independientemente de los contenidos
de su conciencia. Por eso es necesario hablar del alma y del fuego, del
camino que siempre han señalado en la manifestación fundacional
de lo humano.
Elegí hablar de fuego por tratarse de un dominio que forma parte
de la primera expresión revolucionaria de los logros de nuestra
especie. Por algo el fuego tiene un carácter paradigmático
por
ejemplo, en el robo del fuego que le hizo Prometeo a los dioses para beneficio
de todos los hombres.
El fuego acompaña la visión del origen y del funcionamiento
del Universo, dado que es uno de los cuatro elementos básicos que
dan sustancia al cosmos.
El fuego a través de la imagen del
infierno, es uno de los mitos más provocadores de la transformación.
La historia de Psíquis, pudo justamente atraer a Freud por ser
un personaje que hubo que penetrar en sus propios infiernos para recuperar
allí algo antes de alcanzar la apoteosis.
De manera similar todos, las personas, las instituciones, las sociedades,
tenemos que atrevernos a entrar en los infiernos del alma, -de la propia
y de los que generamos afuera-, para que al contacto con nuestros ingentes
errores, podamos hacer que la tarea educativa recupere un sentido expansivo
y saludable.
Por ello, estos tiempos de crisis paradigmática que vivimos obligan
a resignificar los objetivos de la tarea educativa. Emerge en esta transición
comenzar a educar para acompañar el desarrollo integral de las
personas, del niño y del joven en el darse cuenta del
mundo que les rodea, dado que en los tiempos que vienen, no se podrá
educar al sujeto social complejo sin atender a las múltiples dimensiones
de su humanidad.
Pero, veamos entonces, porqué he usado la palabra psíquico
para hablar de un modelo de educadores para el s. XXI. Ocurre que la Psykhe
ánima- en latín- significa soplo, aliento, por ello,
psíquico remite a lo anímico, lo espiritual,
a las materias del alma. Mientras que Análisis -analista
psíquico- hace referencia, a la acción de desatar, soltar.
Esta es la razón por la que en Psicología se usan estas
palabras que definen su oficio, al realizar un tipo de tratamiento que
permite soltar, desatar las funciones del alma. Temática que trataré
de demostrar está vinculada con un modelo posible de la tarea educativa
y con una resignificación de su sentido.
Fue
el mismo Freud quien solía hablar del alma2
, de su naturaleza y de sus atributos, de cómo el alma se revela
en todo lo que hacemos y soñamos. En estos tiempos culturales que
corren, el acercamiento clínico al alma de los jóvenes como
parte de la tarea educativa, debería estar alimentado por una profunda
motivación: la pasión por el sujeto social complejo, entidad
compartida por educadores y educandos, pasión lo que nos acerca
al mito del fuego.
El develamiento de las funciones del alma del sujeto social complejo,
implicaría concomitantemente, entrenar la racionalidad, acompañar
al joven en un proceso de despliegue de su espiritualidad, movilizando
no sólo la conceptualización de experiencias disciplinarias,
sino además, el descubrimiento de la emoción inconmensurable
que surge en la humanidad más profunda al tomar contacto con el
universo infinito que se nos despliega -sin ningún pudor- ante
la mirada expectante de niños y jóvenes, conmovida por la
curiosidad, cautiva en el asombro que los moviliza a ir más allá,
para encontrarse a sí mismo en sus vocaciones, mientras explora
los saberes interconectados. Para ello, el educador cada vez más
requerirá, ya no ser un especialista en una disciplina aislada
sino un investigador clínico permanente, un nómade transdisciplinario
de sus conocimientos. Dado que el sujeto social complejo del s. XXI no
podrá contenerse en un solo orden disciplinario, y requerirá
cada vez más de una formación polívoca y transdisciplinar
de todo profesional. Lo interdisciplinar es el lugar privilegiado de reflexión
en el s. XXI (Motta, 2002).
Así, la metáfora de lo clínico es sustraída
del monopolio del acto médico y se multiplica en numerosos usos
transdisciplinarios, que buscan acceder a una conciencia subjetiva y trans-subjetiva
del sujeto social complejo (Rheaume, 1999) en cuya expansión lo
educativo ocuparía un lugar protagónico.
¿POR QUÉ LO ESTAMOS HACIENDO MAL?
a) Autoritarismo y bajo desarrollo moral de los educadores
Vivimos en una sociedad en la que destaca su autoritarismo, su tendencia
a la homogeneización, la agresión o invisibilización
hacia los que se diferencian, sus silenciamientos y represiones.
Es una sociedad de identidad dividida, fracturada, con una memoria lábil
de su pasado, victimizada por crímenes que han sido silenciados
por la impunidad, marcada por una gran hipocresía, que recomienda
para sobrevivir, que de eso es mejor no hablar
3 .
Todos sabemos por nuestra propia experiencia educativa, que hablar de
educación, es también hablar de expresiones de la paranoia
y la crueldad del poder. El maltrato psicológico y corporal, a
veces se ha disfrazado de educación y ha sido un recurso de con
trol perverso en el modelo de educación tradicional. Un modelo
de educación que hoy se sigue practicando en muchas organizaciones
educativas, y que tiene por objetivo principal: quebrantar la voluntad
del niño o del joven con el fin de convertirlo en un ser dócil
y obediente
4
Que el cuerpo es algo sucio y repugnante o que la severidad
y la frialdad constituyen una buena preparación para la vida
son preconceptos presentes en educadores y se siguen instalando penosamente
en la conciencia de niños, jóvenes, hoy en el s. XXI. Si
bien en la época actual tales valores deformantes y representaciones
arcaicas, no se expresan con el mismo desenfado que antes, se cuelan de
modo sutil a partir de que los mismos educadores no han sabido rastrear
en sus propias victimizaciones, y su conciencia ha quedado entrampada
en el propio dolor, convirtiéndose en agentes represores que siguen
enfermando el imaginario social de quienes son objeto de su influencia.
Sabemos incluso que el sistema educativo tiene una gran responsabilidad
en el quebrantamiento de la voluntad de los educadores. Educadores profesionales
que son deformados por el clima opresivo en el que se forman los mismos
profesores; hace que que los educadores estén al comienzo como
efecto de una sociedad opresiva y se transformen también es sus
causas, como lo ha señalado en extenso Paulo Freire.
Después, el sistema educativo continúa debilitando más
su yo, inhibiendo su autoafirmación diferenciada. Por lo mismo,
el sistema absorbe con mayor facilidad las psicologías más
serviles, mediocres y asimilables a estas obsoletas estructuras valóricas,
mientras expulsa o agobia hasta el hartazgo a los educadores más
creativos y cuestionadores del sistema.
Educadores que sustentan su presencia de autoridad en la temeridad, directores
de escuela que se hacen respetar con estrategias de control perversas
y manipuladoras, y que se aseguran séquitos de educadores que para
mantener su puesto se acostumbran de modo camaleónico5
a no hablar y a ocultar la verdad, haciendo un hábito de la inopinancia
en materias que son neurálgicas como tópicos educativos.
Estos
son personajes con los cuales convivimos diariamente. Docentes que realizan
prácticas cotidianas, por obligación, en las que no creen,
y a las que se asimilan de modo hipócrita o instrumental con un
conformismo a-moral. ¿ Cómo podrían estas
personas objetalizadas ser un modelo para las almas de los jóvenes?.
Es decir, en términos de Köhlberg, el sistema educativo se
alimenta muchas veces de profesionales en los que destaca su bajo desarrollo
moral
Y deberíamos preguntarnos entonces, ¿cuál es la curiosa
paradoja que hace que en esta sociedad, la organización educativa
en un rasgo que la asimila a la de las Fuerzas Armadas, sean instituciones
que atraigan y alojen una curiosa densidad de personas que sufren de lo
que la Escuela de Frankfurt describió como síndrome de la
personalidad autoritaria? (Adorno, 1950,
ver anexo 1).
Características tales como: pensamiento categorizador, trato discriminatorio,
búsqueda servil de aprobación social, sentimientos e impulsos
temidos, perversiones y sombra que se proyecta en los educandos,
narcisismo y egocentrismo, omnipotencia y endiosamiento del rol, son algunos
de los rasgos que acompañan el bajo desarrollo moral del que hablamos.
Desde el punto de vista motivacional, cabría preguntarse ¿qué
impulsa a estos profesionales a esta particular codicia de poder? Desde
el punto de vista organizacional, ¿cuál es la razón
de que muchas organizaciones educativas quiera absorberlos de modo preferencial?
Cabría como respuesta hablar en términos junguianos de la
sombra del poder (Guggenbühl-Craig,1974) de quienes amparándose
en fines morales superiores, son capaces de utilizar la crueldad para
hacer respetar la norma, y que obtienen un placer facilitado por el sistema,
al enarbolar argumentos de rectitud moral mientras rebajan con su poder
al más débil, o ven malicia en quienes son irreverentes
por no reconocerles el status de un verdadero educador.
Pero volviendo al tema del cambio de paradigma, ocurre que el pensamiento
concreto que caracteriza los esquemas cognitivos de los niveles más
bajos del desarrollo moral que tiene este tipo de educadores, son inhabilitantes
para captar la intangibilidad, que será cada vez más dominante
en esta sociedad digital. Las estructuras complejas, la desterritorialización,
la realidad virtual, la imprecisión de las fronteras de la red,
la continua reacomodación de los saberes, la ambigüedad, son
algunos de los atributos que no pueden ser captados a través de
los sentidos si están interpretados por un tipo de pensamiento
concreto.
En este contexto entonces, la pregunta es: ¿qué tipo de
personas haría falta formar en las nuevas generaciones de educadores
para que espontáneamente se ajusten a este nuevo sentido de la
tarea educativa que considere al sujeto social complejo?
.El verdadero educador es aquel que ha alcanzado como parte de sus
búsquedas existenciales un nivel superior de desarrollo moral6
y que ha logrado integrar -de modo consistente- lo que propone en la sala
a lo que vive en su vida personal, como una manera de no disociar el plano
de las ideas del de su oficio; que es capaz de captar las problemáticas
transversales y complejas que obligan a una mirada interconectada de la
realidad, lo que se logra a través de esquemas cognitivos complejos
que son afines a los niveles superiores de desarrollo moral.
Solo desde aquí el educador, despliega sin esfuerzo un universo
actitudinal facilitador de la participación democrática
y receptivo de la diversidad como las únicas vías que podrían
-al mismo tiempo- promover un desarrollo moral superior de los educandos
hacia la autonomía y hacia el reconocimiento libre de las potencialidades
alojadas en su alma.
b) El nuevo analfabetismo de los Educadores
La sociedad postindustrial o simbólica hacia la que vamos, requiere
de un nuevo tipo de inteligencia en la que las generaciones de educadores
que están en ejercicio no se han formado. En razón de ello,
podría afirmarse que son analfabetos simbólicos, afirmación
que implica instancias mucho más complejas que saber qué
hacer cuando uno está frente a la pantalla de un computador.
En el viejo paradigma del saber enciclopedista, era relativamente fácil
incorporar conocimientos, a través del acopio y acumulación
cuantitativa de saberes parciales se alcanzaban estándares competitivos
para ese modelo. Hoy día la máquina hace esta tarea apoyándose
en la cantidad de memoria del hardware. Por ello, el concepto de alfabetización
ha cambiado radicalmente.
En la actualidad el dominio sólo de la lectoescritura como resultado
de la tarea educativa es insuficiente; una persona analfabeta simbólica
quedará cada vez más al margen de la red comunicativa que
ofertan las nuevas tecnologías, dado que, en un futuro inmediato,
aquellos ciudadanos que no sepan desenvolverse en la cultura digital de
modo inteligente7 (saber conectarse y navegar
por redes, buscar la información útil, analizarla y reconstruirla
para hacerla aplicable y comunicarla a otros usuarios) no podrán
acceder a la cultura disponible. Lo que implica inhabilidad para pensar
en red la realidad compleja del s. XXI (Ruesch, 1973).
La mayoría de los educadores no han vivido su infancia en ambientes
favorables para desplegar este desarrollo cognitivo complejo del que hablamos,
capacidades simbólicas que deben entrenarse antes de los 10 años
de vida, dado que lo que se aprende a los 20 o a los 30, es sobre la base
de estructuras que harán de este acercamiento un parche artificial
respecto de las capacidades ya desarrolladas.
El tema clave aquí es el tipo de pensamiento organizador del saber,
que se requiere en nuestros educadores, una inteligencia apta para abordar
sistemas simbólicos complejos, habilitante para transmitir conocimientos
desde una perspectiva multidisciplinaria.
Hablamos de cogniciones pero al mismo tiempo estamos hablando de un problema
de paradigma; que controla el campo cognitivo general con el que hacemos
la cultura y, por supuesto, la praxis derivada de esos principios teóricos,
la manera en que se organizan los saberes disciplinarios y los razonamientos
científicos. Por ello, el paradigma está implícito
en la lógica que reproduce el sistema educativo, encarnado en las
sujeciones de la mirada de los educadores, convirtiéndolas, de
modo multiplicador en contenidos de la conciencia de las nuevas generaciones
de personas.
c) Paradigma simplificador y sedentarismo simbólico
en los educadores en una sociedad del conocimiento nómade
El ser que aprende y sólo cuenta con lo que aprende,
no cuenta con nada para recrearse después del cambio.
No obstante, todos los seres vivos somos parte de un proceso integrado
de transformaciones de la corteza terrestre, de modo que, seamos concientes
o no de ello, estamos históricamente interconectados a una red
de relaciones que se va transformando en un presente cambiante, en una
sociedad de conocimientos que será cada vez más nómade.
El cúmulo de conocimientos disponible en la sociedad digital, permite
calificarla como nómade, se duplican cada cuatro años, por
otra parte, aparecen nuevas y gravitantes disciplinas8
, lo que muestra el estandar de exigencia que la sociedad del conocimiento
le impondrá a la tarea educativa. La desproporcionada volatilidad
de los requerimientos educativos hace que los ciclos de innovación
-cada vez- sean más cortos y devela la brecha con la que los educadores
son sedentarios en el conocimiento aprendido.
La especialización adquirida genera una mirada aislada, descontextualizada,
que inhibe la capacidad simbólica compleja que permite captar y
reconstruir los grandes problemas de hoy que son transversales, multidimensionales,
transdisciplinarios, de mundialización, son planetarios (MORIN,
1998) como muestra el fenómeno de la desocupación, el efecto
invernadero, el agotamiento de recursos naturales, las amenazas de la
paz internacional.
¿Qué habría que hacer? ¿Actualizar constantemente
el claustro de profesores para que el sistema sea capaz de seguir el ritmo
de la ciencia y la tecnología? Una posibilidad inalcanzable en
términos éticos y económicos a partir de la carencia
de recursos destinados a educación. Ir pensando en la solución
aparece como una necesidad, dado que la formación continua es una
demanda que afectará progresivamente a la inmensa mayoría
de los adultos durante su vida económicamente activa (Pettersen,
2001)
Pero frente a este contexto cultural nómade de la sociedad digital
algo ocurre con nuestra negligencia irresponsable ¿o inconsciente?
como educadores, que contribuimos a reproducir ad-infinitum un modelo
que está en crisis y que genera también el almicidio
del que hablamos al principio.
Mientras los economistas y los tecnócratas del sistema requieren
de los educadores la función de forjar nuevas camadas de seres
emprendedores, con iniciativa para la productividad, competitivos, multiplicadores
de bienes y devoradores de productos, ávidos e insaciables, los
jóvenes rechazan nuestros modelos. Hablamos de cosas que no son
creíbles, en las que no se sienten interpretados en sus preocupaciones.
Se aburren, se sienten excluidos de las propuestas dominantes, no se sienten
representados en nuestra ética. Muchos de ellos nos ven como integrantes
de un ejército de gendarmes que de modo disciplinador no damos
lugar a la expresión generacional de su diferencia.
En este mismo sentido, Edgar Morín señala, que el saber
impartido fragmentariamente no despierta interés y no es fuente
de sentido. Las respuestas a sus problemas de la existencia son transversales
y son atinentes a temáticas de reflexividad, globales, tales como
el mundo, la tierra, el amor, la vida, la humanidad, áreas temáticas
en las que los Educadores no han ensayado respuestas. Temáticas
que están interconectadas entre sí y que son atinentes a
las funciones y a los atributos del alma y que siendo tratadas
en la tarea educativa, contribuirían a formar una conciencia humanista
y ética de la pertenencia de niños y jóvenes a la
especie humana y al cosmos.
SENTIMIENTO DE HERMANDAD
a) El paradigma complejo y la transdisciplinariedad para
los educadores
El paradigma no controla sólo el modo de definir el mundo externo,
también incide en el contenido de nuestros sentimientos y actitudes
respecto de la manera de pensar la propia vida, y en la forma de actuar
en la realidad circundante.
Por estas razones, debemos reflexionar sobre lo que nos parece obvio,
en los implícitos, sobre la manera en que siempre hemos visto la
realidad. Si no incorporamos un sentimiento de hermandad con la creación
entera, es muy difícil que cambie nuestra actitud hacia todos los
sistemas vivos; mientras no redefinamos lo humano del sujeto
social complejo como un sistema interconectado más, y no en el
lugar de privilegio en el que lo puso la mirada antropocéntrica,
funcionalista y controladora en el s. XIX, sólo haremos parches.
Este paradigma ya obsoleto ha prestado utilidades a los oligopolios a
través de nuestras conductas reptílicas9
, siendo competitivos, emprendedores, explotadores insaciables de ganancias,
acumuladores y posesivos. Pero no habrá control suficiente,
ni provisión hecha que pueda alcanzarnos para devolvernos a la
sustancia de los sueños, que es la materia originaria de nuestra
propia alma silenciada.
Para ello es necesario reconocer que nuestra reptílica manera de
educar, no es más que el reflejo de la reptílica manera
en que nos hemos educado los educadores. Como lo decía el maestro
Bateson:
la verdadera belleza es la que aparece como tributo
cuando es posible visualizar la interconexión entre lo que aparentemente
está disociado. Por lo que, posicionarnos en un nuevo paradigma
requiere de forjar en la conciencia de los jóvenes, un meta-punto-de-vista,
integrador y abarcativo, insuflando en su alma el reconocimiento de la
unidad que es propia del Universo, lo que implica comprender que a través
de cada una de nuestras minúsculas acciones se contribuye de modo
incesante e interactiva a lo que nos afecta humanamente a todos de modo
silencioso. Realidad que durante generaciones y siglos, ha sido imperceptible
para nuestra inteligencia ciega educada en un paradigma simplificador10
.
Sólo
habrá dirección, ascensión y diligencia hacia algo,
por nuestra conexión con el orden superior que nos contiene y da
pertenencia, dotándonos de sentido. Ese orden superior es el Universo
al que estamos integrados en red.
Abandonar la concepción antropocéntrica presente en la educación,
realizando una campaña de alfabetización paradigmática
para que todos, educadores y educandos, -desde el kinder hasta los doctorados
universitarios- nos sintamos como un minúsculo punto dentro del
universo, incorporando una visión ecosistémica en la que
todas las coordenadas de los sistemas vivos converjan y sean respetados
en su diversidad.
El nuevo paradigma de la complejidad empuja entonces, a una visión
transdisciplinaria11 del mundo que hoy los docentes
aún desconocen (Motta, 2002), basada en un modelo epistemológico
muy cercano a la visión sistémica de la realidad.
El desafío es el de la articulación de los saberes, lo que
requerirá de nuevas condiciones metodológicas que posibilitarían
una verdadera práctica interdisciplinaria en educación,
dado que el uso de los conceptos interdisciplinario y transdisciplinario,
sugiere dinámicas interactivas que tienen por consecuencia una
transformación recíproca de las disciplinas.
La transdisciplinariedad nos conecta con el alma. Para Nicolescu,
asumir la revolución cognitiva de mirar transdisciplinariamente
la realidad implica, un conjunto de actitudes que hablan de un cambio
espiritual equivalente a una conversión del alma (Motta,
2002).
Y hablamos de revolución porque implica un cambio de
estructuras, rupturas que los educadores deberán hacer:
1. Ruptura con la convención de lo que se considera real,
lo real no es solo lo que captamos materialmente de ella (por eso en esta
ponencia hablamos de imágenes mitológicas como almay
fuego)
2. Implica ruptura con el lenguaje estereotipado, repetitivo, vulgar,
de las perspectivas disciplinarias limitadas que hoy forman de nuestras
mallas curriculares (JUARROZ, 2002)
b) Nuevas capacidades personales de los educadores para
tratar con sujetos sociales complejos
encender el fuego, recibir el sol, regular la temperatura,
conservar la humedad, mantener el agua, conocer los manantiales, moldear
la arcilla, aprovechar el viento, orientarse por las estrellas, reconocer
los frutos saludables, convivir con los animales, hacer pan, hilar, y
muchas otras cosas más
.
Hemos afirmado que será necesario revisar la personalidad como
común denominador de nuestros educadores, y entender que las particularidades
nómades de esta sociedad actual tenderá a deshacer las formas
sociales existentes, desmantelando incluso las propias estructuras cognitivas
personales de las que depende la identidad personal.
Que son específicos los rasgos de personalidad que permitirían
el acercamiento clínico de los educadores a su tarea; una tarea
que debe ser dialógica respecto de sus alumnos, interactiva,
lo que implica que ambos componentes de esta interconexión deben
interlocutor como sujetos activos12
, rompiendo con el modelo de la transmisión cultural tradicional,
en la que el alumno es un sujeto pasivo como condición
irrenunciable de su controlabilidad.
El acercamiento clínico parte de presupuestos que rechazan la construcción
del saber que tuvo como eje el racionalismo empírico del modelo
positivista instaurado en el s. XIX y que, hasta hoy, a pesar de haber
quedado obsoleto, sirve de sustento ideológico a todo nuestro sistema
educativo. Dentro del cual para ser creíbles, no podríamos
hablar de alma, ni de fuego, ni de ninguna sustancia
no mensurable, como lo estamos haciendo.
Resumiendo, este acercamiento clínico parte de una epistemología
constructivista, interpretativa, crítica y compleja, que requiere
de educadores con:
Una actitud interactiva del educador.
Un trabajo de interpretación abierta.
Habilidades simbólicas complejas.
Un desarrollo moral superior.
Como se ve, la actitud interactiva es una situación
que no podría ser asimilable por las personalidades más
autoritarias e inseguras, dado que implica por sobre otras cosas, refundar
una idea de poder y de la autoridad educativa no tradicional,
embarcándose en un sistema de comunicación en la que se
asegure la síntesis cultural de Paulo Freire, creando
lugares de encuentro y acercamientos posibles entre educador y educando.
Implica no tratar al alumno como objeto instrumental para fines egocéntricos
del educador, significa acercamiento, presencia activa del alumno, alimentar
su espíritu crítico y sus diferencias valóricas.
Es una práctica relacional abierta y reflexiva (lo que llamó
Paulo Freire acercamiento dialógico).
En segundo lugar, un trabajo de interpretación abierta,
que implica redefinir la tarea y el rol del educador. Su trabajo se centraría
fundamentalmente en ser un facilitador de interpretaciones e hipótesis
reflexivas, más que un repetidor de interpretaciones cerradas y
dogmáticas, de certezas inamovibles. Esto implica un ejercicio
higiénico de la incertidumbre como atributo del sujeto social complejo
en un contexto cultural de cambio valórico acelerado, de conocimientos
nómades.
El educador deberá poseer ciertas características, no solo
técnicas en su desempeño, sino también personales
que se acercan a lo que Köhlberg llamó Desarrollo moral
superior (ver anexo 2)
La pregunta clave es la de Marx ¿quién educará
a los educadores?13 . Ésta es la
pregunta del millón, dado que necesitamos docentes que hagan un
esfuerzo de integración de los conocimientos que fueron aprendidos
aislados los unos de los otros. Ello requerirá de parte del docente
una relativa experiencia en dinámicas interdisciplinarias y una
visión transdisciplinaria del mundo que tenga por objetivo cimentar
la propuesta educativa en la TRANSVERSALIDAD de las disciplinas.
La actitud Inter y transdisciplinaria exige una
conversión del alma de los educadores principalmente. Porque como
es adentro y es afuera
No es posible una reforma de la Educación
sin una Reforma del pensamiento, y este tampoco será posible sin
el surgimiento de una nueva sensibilidad (Motta, 2002).
La reconfiguración del saber deberá recuperar su preocupación
por el alma humana y el alma de la naturaleza, interconectadas en el universo
en un Complexus14
.Ello contribuiría
a una producción más democrática del saber que, si
bien es una verdadera utopía, las utopías pueden y deben
ser fuente de inspiración para quienes nos preocupa la EDUCACION
y la SALUD como componentes indisociables en nuestra pasión por
el sujeto social complejo.
Vamos a asociar el fuego, el fuego sagrado de los altares, el que puede
ser avivado en los umbrales de las almas, al fuego interior que nos impulsa
a desplegarnos, a descubrirnos en nuestros recursos, a avanzar en un tipo
de conocimiento liberador, como es el que contribuye a la destrucción
de las envolturas, el conocimiento responsable de la mutabilidad de los
significados. De tal forma, cabe preguntarnos
¿para qué
otra utilidad debería legítimamente servir la tarea educativa?
Como aquel fuego o energía espiritual que muchos educadores ponen
como combustible cotidiano a esta tarea apasionada que genera transformación.
Todas las cosas nacen del fuego y vuelven a él, también
el alma de las nuevas generaciones, porque el fuego motivacional y apasionado
debe estar en el centro de la pasión del educador que es la que
enciende el alma a los descubridores del Universo.
«Un hombre de la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó que había contemplado, desde allá
arriba, la vida humana. Y dijo: somos un mar de fueguitos un montón
de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre
todas las demás. No hay dos fuegos iguales, hay fuegos grandes,
fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno,
que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire
de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero
otros arden con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y
quien se acerca se enciende>>.
Eduardo Galeano

Anexo 1
Rasgos del Síndrome de la Personalidad Autoritaria reconocible
en los
Educadores del Modelo Tradicional de la Educación
|
a) Etica autoritaria o absoluta
Concepción egoísta del hombre.
Moral heterónoma.
Tendencia a adscribirse a una ideología seudoreligiosa,
al dogmatismo o al fundamentalismo religioso.
Adhesión rígida a valores medios imperantes.
Visión dicotómica de la realidad.
Inclinación hacia el conservadurismo y al fascismo,
al nacionalismo.
Uso de prácticas agresivas de control del que se percibe
débil.
Afición por los controles coercitivos para el mantenimiento
del orden social.
Socialización a través de sentimientos de culpabilidad.
Propensión a imponer limitaciones a las libertades o
derechos.
Espíritu de subordinación.
Mayor comodidad en relaciones desequilibradas de poder (dominio/subordinación).
Capacidad denigratoria de los demás que justifica el
agredirles.
Resentimiento (estado de victimización que busca la
oportunidad de saldarse). |
b) Acentuado conformismo
Obediencia educada en el parámetro disciplinario
castigo-recompensa.
Violencia frente al transgresor.
Apego a las normas, según estilo esclavista.
Marcado egocentrismo (de efectos coercitivos).
Represión como respuesta moral-emocional ante las desviaciones
o uso de soluciones punitivas para desterrar el inconformismo.
c) Pensamiento rígido
Intolerancia de lo percibido como diferente,
ambíguo o relativo.
Escasa adaptación a los cambios.
Resistencia a la introspección.
Predominio del pensamiento concreto.
Rechazo de lo ambiguo, de lo relativo, de lo cambiante.
Falta de fuerza imaginativa.
Rechazo del librepensamiento.
Rechazo a la innovación, la experimentación
y la apertura.
Escepticismo.
Deseo de venganza.
Recelo ante las propias responsabilidades, transferencia
hacia los roles de autoridad superior.
Puritanismo fariseo.
Hipersensibilidad sexual o exagerada sensibilidad en materia
sexual.
|
Anexo 2
Rasgos del Síndrome de la Personalidad Autoritaria Reconocibles
en los
Educadores que practican el Modelo Tradicional de la Educación
|
|
Docentes Viejo Paradigma
Escaso Desarrollo Moral
|
Docentes para el nuevo paradigma
Desarrollo Moral Superior
|
Pensamiento categorizador.
Prejuicios- estereotipos, convencionalismos.
Contenidos discursivos o actitudinales de discriminación.
Distanciamiento emocional del educando, que es tratado como objeto.
Relación instrumental con el alumno.
Enjuicio al que no me confirma.
|
Esfuerzo por captar la vivencia del educando.
Alta empatía
Me resposabilizo por la tarea educativa que realizo, y asumo personalmente
las consecuencias
Acepto al que me desconfirma
|
| Se «CONTRAE»
CON ALGUNOS CONTENIDOS de asignaturas y con actitudes diferentes de
los alumnos que se diferencian.
Estilo evitativo.
Se esfuerza por controlar, inhibir y reprimir.
|
Confío en mi capacidad defirenciada
de responder en cada situación que me exige respeto por la
diversidad de los valores
Estoy abierto a la verdad y a la sincronicidad en la situación
|
| Instaura distancia, tensión y clima
de falta de confianza.
Basa su conducta en la repetición de ideas ajenas, homogeneizantes,
y /o artificiales de modo irreflexivo.
Presencia de clichés.
|
Constituyo un modelo cercano, honesto
y creíble para frente a la evaluación y la crítica
de los educandos
Baso mi conducta en la experiencia vivida y en mis convicciones personales
sustentadas en principios universales que se defender |
Falta de receptividad.
Percepción estrecha, enjuiciadora.
Búsqueda servil de aprobación social.
|
Veo incluso lo que «no quisiera»
ver
Apertura a la contradicción y a la incertidumbre
Conducta reflexiva y diferenciada
|
| Contradicciones internas no asumidas.
Evitación de sentimientos e impulsos temidos: perversiones
y «sombra que proyecta en los educandos.
Narcisismo y egocentrismo.
|
Búsqueda de congruencia interna
Paz interior, por integración de opuestos.
Hábito de auto-observación.
|
| Omnipotencia, endiosamiento del rol. |
Conciencia de reales capacidades y responsabilidad
en el cambio del educando
Verdadera humildad.
Conciencia de la propia valía y de potencialidades
|
_____________________________________________________________________________________________________________________
1 Diario El Mercurio, 1 de diciembre del
2002.
2 Nadie que lea a Freud en inglés pudiera sospecharlo,
pues casi todas sus abundantes referencias sobre el alma han sido curiosamente
extirpadas de las traducciones.
3 POZZOLI, M T (2002). De eso no se habla.
(Tiempos para la reflexividad del Yo y para asumir los riesgos de los
silenciamientos en la sociedad chilena). Ponencia presentada en el Simposio
Internacional de Desarrollo Humano y Participación CEPAL
Santiago, 23 al 25 de octubre del 2002.
4 En palabras de Ferenczi, los niños se vuelven
incapaces de reaccionar como sujetos (activos) porque la fuerza y la autoridad
aplastante de los adultos los silencian y pueden incluso hacerles perder
conciencia.
5 Pozzoli, María Teresa El dolor del camaleón
(o las razones de su desconfianza). Revista Cultural ROCINANTE, Ano IV,
Nro. 38, diciembre 2001, Santiago, Chile.
6 Desarrollo moral superior implica haber alcanzado un
desarrollo cognitivo correspondiente a una perspectiva universal, que
incorpore a la persona esquemas valóricos más solidarios.
La persona se guía por su propia conciencia ética más
que por una voz externa de autoridad. Conciencia moral basada en principios
universales de convivencia que son defendidos preponderantemente de cualquier
atropello proveniente de poderes individualistas y egocéntricos.
Defensa de los DD.HH., del principio de igualdad ante la justicia, de
la dignidad de todos los seres humanos como personas de opciones diversas
e individualizados. Desde estos esquemas cognitivos, las personas son
fines en sí mismos y deben ser respetados como tales. Sentido de
compromiso personal con principios morales universales. Autogobierno,
autocontrol según principios optados por sí mismo, - hace
elecciones que no dependen de la voluntad de otro- lo que no implica que
sus elecciones sean aisladas de opciones colectivas y solidarias. Sus
opciones dependen del acuerdo dialógico entre iguales. Por ello,
se asocia con formas democráticas en las tomas de decisiones, de
un criterio independiente y auto-observante, diferenciada de la anomia
y del estar fuera de control en las posibilidades de convivencia
(Köhlberg, l997).
7 La inmensa mayoría de la población (el
85%) no es usuaria de INTERNET, el perfil medio del ciudadano que accede
a esta red de información podría definirse como un varón
adulto joven (menor de 30 años), con estudios universitarios, que
vive en una zona urbana y de clase media o alta. Una realidad que alcanza
también a los profesores.
8 Disciplinas como la genómica, la nanotecnología
y la bioinformática.
9 Pozzoli, María Teresa. (2002) Educar para enamorarse
del mundo, ediciones del 17 y 24 de marzo del 2002, Suplemento Cultural
El Utopista Pragmático, Nº 60 y 61, diario La
Nación, Santiago, Chile.
10 Pozzoli, María Teresa. COMPLEXUS. Psicología,
ciencias de la salud y cambio cultural: desde el paradigma de la complejidad.
Editorial LOM, Santiago, Chile, 2001.
11 Los prefijos multi y pluri
se refieren a cantidades (varios-muchos), en cambio, los prefijos inter
y trans (relaciones recíprocas, intercambio e interpenetración).
12 La interacción social, una nueva epistemología
para el cambio social, Revista Castalia de la Escuela de Psicología
Nº 1, Vol. 1, 1999. Universidad Academia de Humanismo Cristiano,
Santiago, Chile.
13 Expresión basada en el interrogante que plantea
Marx en su Tesis sobre Feuerbach.
14 Pozzoli, María Teresa. Complexus. Psicología,
ciencias de la salud y cambio cultural: desde el paradigma de la complejidad.
Editorial LOM, Santiago, Chile, 2001.
*María
Teresa Pozzoli es psicóloga. Posee un magíster
en Psicología Social (Universidad Arcis) y otro en Ciencias
de la Educación y Desarrollo Social (Universidad París
XII). En los últimos años, se ha dedicado a la Psicología
Social y a la Psicopatología Compleja, orientada a la capacitación
de profesionales de la Salud y de la Educación en temáticas
asociadas al paradigma complejo y al desarrollo humano integral.
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