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REVISTA NÚMERO 10

LOS ENTENDIMIENTOS EN MATEMÁTICAS

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Más de la mitad de los chilenos no puede resolver problemas matemáticos simples. Esta preocupante realidad ensombrece el proceso de integración de nuestro país al mundo. La firma de tratados con la Comunidad Económica Europea, países del Asia y América y el TLC con Estados Unidos, nos desafía a poner “codo a codo” los entendimientos científico-tecnológicos de nuestros ciudadanos con los congéneres de estos países. Un espacio privilegiado para intercambiar conocimientos y experiencias se dará el 2003 en la XVII Reunión Latinoamericana de Matemática Educativa, que tendrá como sede la UMCE.
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Por Leonora Díaz Moreno*

La prensa nos informa cómo el analfabetismo funcional impacta a nuestra sociedad. En efecto, la mayoría de nuestros ciudadanos -si bien pueden leer lo escrito- muestran incapacidad para entender eso que leen. Se ha reorientado esfuerzos para enfrentar este grave problema que empobrece la convivencia demo-crática, el empoderamiento de los ciudadanos en esta “era de la información”.
Junto a esto, y de igual o mayor gravedad, constatamos un “analfabetismo matemático”: magros logros de entendimientos de matemática –a la base de los códigos científico-tecnológicos- en la población chilena, a pesar de la certificación de los procesos de enseñanza llevados a cabo, en una población que ostenta 10 años de escolaridad en promedio. Una gran mayoría de chilenos no puede resolver problemas sencillos de matemática. Por ejemplo, no logran leer gráficos presentados en la prensa. Estos últimos son usados a la hora de ilustrar situaciones de delincuencia, tendencias económicas, infor-maciones comerciales, intereses de los créditos, descuentos porcentuales en sueldos, costos de planes de salud, elección de fondos de AFP. En suma, la ciudadanía requiere tomar decisiones para ejercer a cabalidad una óptima satisfacción de necesidades básicas, así como para su inserción en sus diversos ámbitos de participación-país, sin estar capacitada para ello.
Más aún, constatamos que una mayoría de nuestros ciudadanos no mira con simpatía esta disciplina, albergando profundos sentimientos de incompetencia. Para los chilenos “es normal1 no entender matemática”, catalogando de mateos a aquellos pocos “elegidos” que se desenvuelven fluidamente en los requerimientos de la escuela.
Esta realidad preocupante se enmarca en el proceso de integración de nuestro país al mundo globalizado. La firma de tratados con la Comunidad Económica Europea, países del Asia y América, el TLC con Estados Unidos, nos desafía a poner “codo a codo” los entendimientos científico-tecnológicos de nuestros ciudadanos con sus congéneres de Alemania, Francia, Suecia, Corea, México y Estados Unidos, entre otros, de modo de participar en intercambios comerciales, laborales, culturales y científicos. A lo anterior se debe agregar la responsabilidad que tenemos como país de aportar a la humanidad con nuestra identidad cultural y no dejarnos asimilar simplemente a culturas que emergen e impactan en el mundo global.

TRIÁNGULO EDUCATIVO

Las distintas tradiciones de la enseñanza de la matemática que vienen confluyendo en las prácticas educativas, han aportado en uno u otro aspecto del aula: el saber matemático, la enseñanza propiamente tal o los procesos cognitivos de los estudiantes.
En la más tradicional de las postDuras –cuyo foco es el saber- se plantea que un buen dominio de la matemática por parte del profesorado basta para encantar a los estudiantes y, por ende, generar aprendizajes. La legitimidad de esta tradición significó la irrupción en las aulas de la corriente de la matemática moderna. “La crisis de los fundamentos de principio de siglo empujó al matemático hacia el formalismo, hacia el énfasis sobre el rigor, a una cierta huida de la intuición en la construcción de su ciencia” (De Guzmán, 1992). Este enfoque ha perdido vigencia en los distintos países donde se implementó.
Las posturas provenientes de la psicología educacional, por su parte, han profundizado en los procesos cognitivos de los estudiantes, dando interesantes aportes sobre sus posibilidades de abstracción, motivación y las condiciones para el logro de aprendizajes significativos. Algunos pilares fundamentales de este enfoque fueron desarrollados por Skinner, Piaget, Rogers, Gagné, Ausubel y Vigotsky, sentando las bases de la disciplina psicoeducativa.
Estas bases, desde una perspectiva histórico-epistemológica, configuran los paradigmas (entendidos como configuraciones de creencias, valores metodológicos y supuestos teóricos compartidos por una comunidad académica) que más han incidido en la enseñanza de la matemática: el paradigma conductista, el humanista, el cognitivo, el psicogenético constructivista o piagetano y el sociocultural o vigotskyano. Este último incorpora la dimensión social, ampliando el estudio de los “conflictos psicocognitivos” a los “conflictos sociocognitivos” como elementos vitales a los procesos de aprendizaje. Pero aún estas posturas no consideran características propias del saber a enseñar como un factor relevante en los procesos de enseñanza y aprendizajes de la matemática.
Otros enfoques han centrado su mirada en la elaboración de propuestas metodológicas para su uso en la enseñanza por parte del profesorado, con insuficiente profundización en la naturaleza epistemológica del saber matemático, así como de la complejidad de los procesos de aprendizajes de los estudiantes. Una corriente importante de este enfoque en la región lo constituyó la tecnología educativa.
Hoy día emerge como educación con soporte de tecnología de la información y las comunicaciones (TIC´s), educación con soporte TIC’s, las que estarían llegando para quedarse en la realidad educativa de nuestro país, inducidas por proyectos como “Enlaces” y el portal “Educarchile”. Las ofertas de capacitaciones y postgrados con soporte de las TIC’s son cada día más comunes en nuestro medio de la matemática educativa. Estos programas pioneros buscan que las TIC’s se pongan al servicio de la formación de profesionales desde un punto de vista pedagógico y didáctico-matemático y no sólo desde un punto de vista tecnológico. Lo anterior no nos puede obnubilar lo primordial, lograr la construcción de entendimientos matemáticos de calidad en las aulas.

Nociones centrales de la didáctica de la matemática irrumpen a mediados de la década 1970-1980. Su uso en la investigación con distintos acentos, está acercando las posibilidades de estudiar la construcción de saberes matemáticos en el aula. Estas posibilidades devienen urgencias, de cara a la magnitud de contenidos matemáticos que se tornan resistentes al entendimiento de nuestros estudiantes.
Tales construcciones constituyen un desafío que se juega al nivel de cada grupo de estudiantes, su profesora o profesor y un saber matemático escolar específico. Abordar esta perspectiva demanda indagar e intervenir en cada vértice constituyente de este “triángulo didáctico”, así como en sus recíprocas interacciones, sin olvidar que tales construcciones son a la vez cotidianas e históricas y provienen de actores tanto individuales como colectivos, en contextos socioculturales e históricos específicos que marcan sus posibilidades y limitaciones (Fig. 1).
Cabe hacer referencia a la naturaleza que va tomando el mismo triángulo didáctico, cada uno de sus actores, la interrelación de éstos, así como sus articulaciones con otros niveles o facetas del fenómeno educativo, en un marco de creciente confluencia de las miradas indagativas de las ciencias humanas. Transitamos hacia superar algunas oposiciones, herencia de distinciones clásicas de la filosofía y cuyas resonancias en la sociología se expresan en los dipolos: “colectivo-individual”, “macro-micro”, “objetivo-subjetivo”, “acción-estructura”.
Lo que antes se separaba, ahora se interrelaciona. La realidad social se considera una totalidad de sentido, una estructura de significaciones sociales, que se manifiesta en sus situaciones particulares, cris-talización de múltiples deter-minaciones sociales, institucionales y personales. De este modo, un episodio encierra una trama de relaciones en la cual dicho evento se encuentra inserto, y que explican su particular ocurrencia. Emergen como objetos válidos de investigar para la didáctica de la matemática, entre otros, las epistemologías de los sujetos y de sus prácticas educativas. Ello es coherente con una concepción de realidad social donde los sujetos, por el hecho de formar parte de una trama compleja de interacciones, se encuentran involucrados en una estructura dinámica de significados sociales. La búsqueda de comprensión de lo singular nos va permitiendo descubrir los elementos estructurales comprendidos en una realidad particular: expresión de la relación dialéctica de la acción del sujeto y la estructura social.
Investigaciones que reflejan tales confluencias han develado facetas del aula matemática, tales como las que se ilustran a continuación:

• Propósitos implícitos y divergentes de los actores del aula

Díaz (1999) muestra que los estudiantes despliegan un esfuerzo con el objetivo de aprobar la asignatura de su malla curricular, desplegando estrategias de estudio hacia el profesor más que hacia el saber que se ha de aprender (estudio de pruebas anteriores,
”encuesta” con estudiantes que ya han aprobado el ramo sobre el estilo del profesor, libros que consulta para construir pruebas, tópicos que más le interesan, entre otros aspectos).
Los propósitos con que los profesores abordan su enseñanza en esa misma asignatura varían, desde coincidir con los de los alumnos en cuanto a aprobar al máximo de estudiantes, hasta la intencionalidad general de “enseñar buena matemática”, sin pasar necesariamente por el logro de aprendizajes matemáticos del currículum explícito. Emerge entonces otra fuente explicativa para aprendizajes matemáticos no logrados del currículum explícito: ni docentes ni estudiantes se lo han propuesto para el currículum vivido.

• Producciones escolares que esconden obstáculos de origen didáctico

Por ejemplo, la maestra que señala perentoriamente al alumno de primero o segundo básico “¡¡Cuántas veces te he dicho que 5-7 no existe!!”. Este mismo estudiante se enfrentará, unos cursos más adelante, a la existencia de esta misma resta, en el contexto de los números negativos, lo que es un obstáculo al presentar este contenido prematuramente en la malla curricular. Sólo logra su pleno significado en el contexto de la matemática formal.

• Resonancias cotidianas en voces matemáticas que constituyen obstáculos socioculturales a los entendimientos

Aplicada la reforma en México, la SEP (Secretaría de Educación Pública) se alarma ante la regularidad detectada en el estado de Chiapas: los niños no restan. La SEP alerta a los maestros de esta situación y los invita a encontrar explicaciones y construir soluciones a este problema. Ante ello, dos maestros conviven un verano en una comunidad chiapaneca.
Transcurrido la mitad de ese verano, el jefe de la comunidad convoca a una asamblea para dar cuenta de una importante resolución: debe restarse de la comunidad a un miembro que ha violado reiterada y gravemente sus reglas de convivencia, es decir, será exiliado. Los profesores comprenden que sus niños no quisieran restar en la clase de matemática. A la luz de lo anterior procedieron a elaborar un diseño didáctico que satisfizo los requerimientos de evaluaciones del sistema.

• Hitos del desarrollo de una noción matemática cuyos significados y sentidos han desaparecido del aula y que pudieran proporcionar bases para rediseños didácticos

En su indagación epistemológica, Ferraris (2001) concluye que se pueden distinguir tres etapas en el desarrollo de los logaritmos, si se toma como eje central la relación entre las progresiones aritméticas donde se deben realizar sumas reiteradas, y las progresiones geométricas donde se deben realizar multiplicaciones reiteradas, relación que quedó oculta en las formulaciones de la matemática moderna. De este modo, la enseñanza actual los escinde de su construcción histórica. Ferraris propone reponer a las nociones de progresión geométrica y aritmética, como hilo conductor de los tres estadios del logaritmo que ella identifica en su estudio.
En efecto, estas progresiones pueden contribuir a dotarlos de un mayor sentido, apartándolos de su tratamiento que en la escuela los reduce a una aplicación algorítmica de sus propiedades, apareciendo en el aula sin ningún antecedente analítico que pudieran haber adquirido los estudiantes hasta ese momento. Mientras que en el aula universitaria, los estudiantes se encuentran con una noción matemática a la que someten a derivación, integración, entre otras operaciones matemáticas, sin haberla construido en su vida escolar.
La complejidad de lo expuesto muestra la necesidad de fortalecer comunidades de profesionales en educación matemática, que avancen colaborativamente en la constitución de sus entendimientos y propuestas de acción educativas, recurriendo a metodologías propias y apropiadas, concibiendo la calidad en marcos de flexibilidad y diálogo, de una equidad que involucra a todos y promueve nuevas interpretaciones y prácticas de acción para el logro de más y mejores entendimientos matemáticos.
Se han gatillado procesos que intentan instalarse con distintos matices en Latinoamérica. En estos procesos nos vamos constituyendo en colectivos que comparten inquietudes, que aprenden desde la reflexión de sus prácticas, ya sea como enseñantes, como inves-tigadores o como estudiantes: ¿Cuánto te demandó evaluar portafolios, fichas de aprendizajes, bitácoras? ¿Encontraste verdaderos problemas y no, ejercicios rutinarios? ¿Cómo contextualizas y no pierdes rigor? ¿Cómo estudié para esa prueba en que me fue bien? ¿Cómo influye en los estudiantes sus ideas previas, lo que han aprendido en la casa?
Invitamos a la reflexión conjunta que contribuya al mayor desarrollo en nuestros países de Latinoamérica y del mundo de la Matemática Educativa. Lo educativo refiere a procesos de largo aliento, a un sistema educativo que aprende, a una sociedad que aprende, a docentes que aprendemos y, entonces, ¡a estudiantes que entienden matemáticas!
El corazón de nuestra epopeya como país, y especialmente como profesionales de la matemática educativa, es entender que conocemos con el otro, elaborando lo propio y apropiado al mundo de nuestros estudiantes, sobre la base de comunidades de aprendizajes que abordan las complejas realidades y desafíos que Chile enfrenta en los inicios de este nuevo milenio.
Un espacio privilegiado para dar vida a estas comunidades de aprendizaje y potenciar las existentes es la Reunión Latinoamericana de Matemática Educativa (RELME). Tenemos el privilegio de organizar su versión decimoséptima el 2003 en nuestra casa de estudios.
Este importante foro de la disciplina científica, preocupada de la enseñanza y los aprendizajes de matemática en América Latina, permitirá el intercambio de experiencias sistematizadas de aula, de aplicaciones y de resultados de destacados inves-tigadores y profesores, así como de estudiantes de pre y postgrado de la región. Con este evento se espera fortalecer el encuentro entre el saber de aula y el saber de investigación, potenciar redes de apoyo entre profesores, estudiantes de pre y postgrado e investigadores, así como retomar el liderazgo que otrora tuvo nuestra casa de estudios en la educación latinoamericana.

*Leonora Díaz es profesora de Matématicas y Computación. Docente e investigadora del Programa de Magister en Educación de la UMCE es, además, magister en Matemáticas y en Educación Matemática de la Usach. Obtuvo también el grado de Doctora en Ciencias de la Educación en la Pontificia Universidad Católica de Chile.