En la población mapuche,
como en muchas etnias existentes en América Latina, ha operado
la exclusión, el prejuicio y la discriminación. Los
tiempos están cambiando y ya se les está comenzando
a reconocer, dentro de sus derechos básicos, su desarrollo
identitario social, en el marco de una pedagogía enmarcada
en la diversidad, el pluralismo y los valores democráticos.
Por Luis Rubilar
Solis*

La interculturalidad surge
como paradigma epistemológico y metodológico que amplía
la convergencia interrelacional de las ciencias sociales e irradia
una creciente influencia en cruciales áreas de la vida comunitaria,
como las comunicacionales y éticas. Se trata de una forma más
abarcadora y multidimensional de la racionalidad, ya no unidireccional
y monológica como la que ha hegemonizado el pensamiento y las
prácticas sociales hasta hoy. La inclusión y valoración
de los distintos contextos culturales, de lo ecológico y étnico,
de la intersubjetividad y del pluralismo, de la experiencia vivida
y de lo imaginario, todo ello en interacción dialéctica,
hacen temblar las vetustas ataduras del conocimiento y de las prácticas
vigentes.
En lo que coinciden en alto grado los interculturalistas, más
allá de sus áreas específicas y de sus diferencias,
es distinguir la dimensión sociocultural y destacar
la importancia de las condiciones históricas concretas en que
los sujetos se construyen y en las cuales se dan sus procesos tanto
comunicacionales (lingüísticos) como formativo-educacionales.
De aquí que denuncien los resortes ocultos del poder (inmersos
en los modelos curriculares y prácticas pedagógicas),
develen los códigos lingüísticos, intenten superar
el cognitivismo racionalista y, en fin, privilegien los aprendizajes
previos, cotidianos y significativos en cada contexto cultural y para
cada sujeto individual (según su experiencia vivida). Por lo
mismo, comparten ácidas críticas a la exclusión
y discriminación social y escolar, propugnando la participación,
la inclusión y la equidad psicosocial, y una visión
holística y sistémica del aprendizaje y de las prácticas
sociopedagógicas.
Es en esta dimensión, que apunta a valores ligados a la justicia
social y a la pedagogía de la inclusión, que nos interesa
aquí detenernos, para analizar la concreta situación
histórica, cultural y psicoeducativa que afecta a una parte
importante de la ciudadanía chilena: la población con
ascendiente étnico mapuche. Se trata de una situación,
de las muchas existentes en América Latina, en la cual ha operado
la exclusión, el prejuicio y la discriminación en todos
los aspectos: político, territorial, cultural, educacional,
psicosocial. Pensamos que la apertura intercultural significa
un aporte paradigmático para comprender ámbitos hasta
ahora marginados, para enmendar rumbos y generar actitudes distintas,
conductas prosociales y políticas culturales y educativas que
en algo reparen la injusticia diacrónica con que los gobiernos
chilenos han obrado, en particular, respecto a sus etnias originarias.
Mundo indígena y Derechos
Humanos
En el plano internacional, desde 1948, la ONU, UNESCO, OEA y otros
organismos ligados a los Derechos Humanos (1959, 1966, 1959, 1989,
1993, 1995, 2000...) han insistido en la proclamación, defensa
y libre ejercicio de las libertades fundamentales por parte de las
minorías étnicas, en cuanto a sus lenguas, culturas,
ideas religiosas y educacionales. Ello, en el marco del respeto a
las diversidades culturales y preservación de sus diferentes
identidades sociales. Los pueblos indígenas representan más
de 250 millones de habitantes repartidos en más de 70 países,
es decir, el 4% de la población del planeta. La ONU declaró
1993 como el Año Internacional de las Poblaciones Indígenas
y el lapso 1995-2004 como el Decenio Internacional de las Poblaciones
Indígenas del Mundo (Resolución N° 48), uno
de cuyos objetivos (N° 4) consiste en la promoción
y la protección de los derechos de las poblaciones indígenas
y su capacitación para elegir opciones que les permitan conservar
su identidad cultural, sin dejar de participar en la vida económica,
política y social, con pleno respeto de sus valores culturales,
idiomas, tradiciones y formas de organización social.
En América Latina una vez cumplido el proyecto uniformador
y homogeneizador que consolidara la formación de sus
Estados-naciones, y ya adentrado el siglo XX, la visibilidad
de las culturas indígenas y afroamericanas se hace ostensible,
adquiriéndose más conciencia de la condición
multiétnica, pluricultural y multilingüística que
la caracteriza como formación históricosocial, del mismo
modo como a cada uno de sus países. Hoy día -
afirman en Chile Gabriel Salazar y Julio Pinto - ha crecido la conciencia
acerca del necesario respeto a la diversidad cultural y el derecho
de las etnias indígenas a vivir en paz y seguridad en sus tierras
y fuera de ellas... Sin embargo, el indígena sigue inmerso
en la marginalidad... (1999).
Junto a variados movimientos reivindicacionistas provenientes de las
etnias segregadas y/o postergadas, contribuyó enormemente para
que el tema indígena se mantuviera en el espacio público,
regional y mundial, la letra y el arte comunicando sus luchas y esperanzas,
a cargo de ensayistas, poetas, novelistas, pintores, cantautores,
principalmente en el siglo XX. Ellos hicieron más por el conocimiento
y comprensión de la realidad amerindiana que todas las ciencias
sociales reunidas, las más de ellas imitando y copiando temas
y métodos foráneos, desde entonces y hasta ahora. Ellos
tomaron la voz de los sin voz para expresar y desenterrar -como hace
Eduardo Galeano- las profundas raíces sobre las cuales se asienta
en alto grado el constructo identitario social que nos distingue como
pueblo (s) mestizo (s).
Ellos, como ayer y en estos años muchos indígenas, han
hablado y hablan en representación de un inmenso colectivo
de habitantes originarios, más de 40 millones, es decir, el
10% de la población latinoamericana, quienes practican y se
comunican a través de más de 500 lenguas propias, conllevando
sus cosmovisiones y saberes específicos.
La presencia y situación social de las etnias es diferente
en cada país, yendo desde poblaciones mayoritarias en Perú,
Ecuador, Bolivia o Guatemala hasta minoritarias en Brasil, Cuba, Colombia
o Venezuela (con fuerte raigambre afroamericana). Destaca aquí
el caso de Paraguay, país en el cual el 90% es bilingüe
y, desde 1993, el guaraní es también lengua oficial
(inter)nacional. También lenguas co-oficiales existen en Bolivia
(aymara y quechua) y en Perú (quechua).
Consonantemente con tales situaciones particulares el avance respecto
a los derechos civiles, particularmente los relacionados con la cultura
y la educación, ha sido disímil en los distintos países.
En la mayoría de ellos ya se ha implementado legalmente, a
través de las correspondientes reformas, la Educación
Intercultural Bilingüe (EIB), sea como temática transversal
o como eje curricular. Los resultados no están
por ahora determinados, pero se augura una serie de logros socio y
psicopedagógicos positivos, los cuales aparecen avalados por
la importancia fundamental que adquiere la utilización de la
lengua materna en el desarrollo psicosocial y en los aprendizajes
escolares. Pero, aquí no sólo se juegan logros psicopedagógicos:
se trata de reivindicar los derechos básicos de la población
indígena a su propio desarrollo identitario social, en el marco
de una pedagogía enmarcada en la diversidad, el pluralismo
y los valores democráticos.
Aproximación histórica
y
psicosocial a la cultura mapuche
Si bien la acepción araucano
fue instalada por los españoles (desde Valdivia y Ercilla,
y consagrada después por los criollos), en la actualidad y
cada vez más es el vocablo mapuche el que se viene
utilizando para aludir a la etnia originaria y mayoritaria en Chile,
gracias a la tesonera y resistente acción social de los propios
indígenas. Resistencia a la usurpación territorial y
lingüística, a la negación y exclusión de
su cultura, al prejuicio y la discriminación económica
y social. La invisibilidad y ninguneamiento que ha operado respecto
a la etnia mapuche, así incoada desde la colonización
española, fue facturada política y militarmente por
los dirigentes novocentistas, y continuada particularmente por los
historiadores oficiales y por los gobernantes del siglo
XX, y muy fuertemente por la dictadura militar (1973-1990), con la
cual culmina un crónico proceso de genocidio y etnocidio cultural.
Sin embargo, así como en la región latinoamericana hubo
un Padre Las Casas, movimientos de resistencia y pro-indigenistas,
y cronistas y escritores que hicieron y dijeron lo suyo en defensa
de los derechos sociales e individuales de las etnias tanto afro como
indoamericanas, en Chile hubo misioneros, testigos, cronistas, historiadores,
escritores y artistas, indígenas y no indígenas, que
impidieron con sus actos y sus creaciones la torpe amnesia o la negación
contumaz. Ellos cultivaron y cuidaron la otra Historia,
arraigada en el experiencia vivida, en la convivencia cotidiana, en
la toponimia de sus lugares, en restos arqueológicos y en el
testimonio veraz.
El conocimiento de la sociedad mapuche
por parte de huincas se inicia a través de españoles
prisioneros (cautivos) en malones y batallas sostenidas durante la
larga Guerra de resistencia mantenida durante casi tres siglos y medio
por los mapuches (Reinoguelén, 1536 - Quilacura, 1546 / Temuko,
Alzamiento general o Gran Malón, 1881) y, también, por
la mediación de numerosos misioneros, viajeros y cronistas
que convivieron o percibieron el paisaje natural y humano de aquel
mundo primordial.
La mayor parte de tales relatos y testimonios fueron obviados por
la Historia Oficial (vigente en los textos escolares), sin embargo,
ya en el siglo XIX se inicia una fase de recuperación de la
memoria colectiva y de revalorización de las culturas originarias.
Entre los historiadores precursores es notable el caso de don José
Toribio Medida, quien en su obra Los aboríjenes de Chile (1882),
escrita en plena Guerra del Pacífico y ya pacificada
la Araucanía, presenta un acucioso y extenso estudio acerca
de los araucanos. Inicia el Prefacio afirmando
que: en la antigua literatura histórica de Chile... aparecían
datos verdaderamente importantes sobre los primitivos habitantes de
nuestro suelo... y las obras modernas que trataban de su descubrimiento
y conquista...guardaban absoluto silencio sobre aquellos tiempos.
Así, él intentó paliar en algo tan ominoso silencio.
Similar motivación e intención había llevado
a Francisco de Núñez y Pineda a escribir el Cautiverio
feliz dos siglos antes (1673): Lo que me ha movido a coger la
pluma en la mano y escribir algunos sucesos de este reino con verdaderas
experiencias: el haber conocido algunos escritos y obras de historia
que han salido a la luz y están para salir, de algunos acaecimientos
de esta guerra de Chile, tan ajenos a la verdad como llevados de la
adulación los más, y otros del propio interés
y del que han adquirido por sus letras.
Siguiendo la ruta historiográfica de Medina, surge otro investigador,
antropólogo e inglés-chilenizado, Ricardo Latcham (el
primero en homologar los vocablos araucano y mapuche),
quien convivió varios años con ellos para entregar inapreciables
aportes (1924), incluyendo una ácida polémica con Tomás
Guevara acerca de la procedencia de los antiguos araucanos.
En este inédito personaje, el rector del Liceo de Temuco don
Tomás Guevara nos detendremos algo más, con interés
y por justicia. Resulta que, además de rescatar paciente y
laboriosamente elementos cruciales de la cultura mapuche y su historia,
se viene a consagrar -en nuestro concepto- como el primer psicólogo
social del grupo mapuche (junto al sabio Rodolfo Lenz, más
centrado en lo lingüístico-cultural) y, además,
como un precursor tanto de la historia regional como de
la historia de las mentalidades. Los títulos de
tres de sus sabrosas obras hablan por sí solos: Historia de
la Civilización de Araucanía (1902), Psicolojía
del pueblo araucano (1908) y La mentalidad araucana (1916).
Si bien su lente es positivista y racionalista, en el contenido de
estos textos y otros de su autoría, hay tal cantidad de datos,
testimonios, documentos, que ameritarían un exhaustivo análisis
crítico y (re)constructivo. Incluso en el proyecto civilizador
nacionalista de la época, advierte en su Psicolojía:
intención científica... nuestro propósito
primordial es allegar un pequeño concurso a este proyecto de
convivencia nacional. En su Mentalidad... insiste: la
mentalidad del indio, no como producto de la especulación imaginativa,
sino como resultado del conocimiento real i científico de su
carácter psíquico. Como documento valioso y testimonial
respecto a la vida y cultura mapuche sobresalen las Memorias de un
cacique mapuche, de Pascual Coña (1930). Baste decir que lleva
un prólogo del citado y experto lingüista Profesor Lenz
(Diccionario..., 1905) en donde anota: No he visto nunca una
descripción tan detallada de costumbres sudamericanas, dada
desde el punto de vista del indígena mismo...la obra es de
un valor enorme incalculable para la lingüística araucana,
la etnología chilena y la psicología étnica en
general... para todos los que se interesan por la etnología
y el folklore de los araucanos y por la psicología del indio
(4-5).
No podríamos cerrar este breve recuento temático sin
mencionar a don Alejandro Lipschutz (1944), al venezolano-chileno
Mariano Picón-Salas (1944), y sin citar este impactante juicio
de otro lingüista, don Angel Rosenblat (1954): La mayor
parte de la población chilena -algunos calculan que más
del 80%- tiene ascendencia indígena lejana o próxima.
La cuna de las clases populares en Chile está en el mestizaje.
Es claro que, formal y aparentemente, tal porcentaje resulta exagerado
pero, no lo es si consideramos el larvado e ingente proceso de negación,
ocultamiento y cambios de nombres y apellidos originarios que se ha
cumplido a través de siglos, hasta la actualidad. 32
mil mapuches quieren cambiar nombre y apellido... para evitar discriminación
y encontrar empleo, titula en primera página el diario
La Nación de Santiago, con fecha 4 de febrero del 2002.
Hacia una educación intercultural
bilingüe en Chile-XXI
Al iniciar estos nuevos tiempos milenarios,
los vientos interculturales que soplan por todos los rincones del
planeta, están haciendo posible la reivindicación de
los derechos de nuestras etnias primordiales, la recuperación
de su memoria colectiva y la reescritura de los hechos, tanto por
la acción mancomunada de organizaciones indígenas como
por la realizada por notables investigadores científico-sociales,
entre los cuales se cuentan en las últimas décadas:
Carlos Munizaga (1960), Alvaro Jara (1971), Mario Orellana (1994),
Cristián Vergara (1997), Luis Vitale (1999), Gabriel Salazar-Julio
Pinto (1999), José Bengoa (2000) y Jorge Pinto (2000).
De estos investigadores seleccionamos un texto-resumen con el cual
comienza José Bengoa su Historia del pueblo mapuche: Esta
es una historia acerca de la intolerancia. Acerca de una sociedad
que no soporta la existencia de gente diferente. De un país
español, criollo, europeo, cristiano occidental, que se dice
civilizado y trata de acabar con los bárbaros, los salvajes,
los hombres que deambulaban libremente por las pampas y cordilleras
del sur del continente. Ellos se defendieron del salvajismo civilizado...
La historia de los que no aceptaron ha sido silenciada... Nuestro
intento ha sido rescatar esa historia olvidada, negada, silenciada
por nuestras culturas intolerantes.
A pesar de los pesares, la vida sigue, los hechos son porfiados, la
historia misma se recicla haciendo reaparecer neurálgicos núcleos
de la verdad ocultada; así como la población indígena
en Chile era aproximadamente un millón de habitantes al arribo
de Diego de Almagro (1536), el último Censo poblacional (INE,
1992) constata por primera vez la existencia de cerca de un millón
de indígenas (93% mapuche; 4,9% aymara y 2,2% rapanui), de
los cuales más del 50% vive en Santiago.
En el proceso educativo nacional, durante el siglo XX y desde siempre,
se han discriminado las culturas indígenas: en su estructura
formal, en las distintas reformas implementadas, en sus contenidos
programáticos, en sus prácticas de aula.
Si bien en la última década se evidencian avances jurídico-institucionales
y educacionales, además de sus insuficiencias, la tarea se
hace compleja, ya que el colectivo mapuche se encuentra diseminado
en distintas áreas poblacionales, capas sociales y sectores
urbanos y rurales, participando en su mayoría de los niveles
con mayor riesgo de pobreza y marginalidad. En muchos casos se agrega
un grado más de discriminación si la persona
es mujer, joven o tiene acentuado su biotipo.
La migración a las ciudades (Santiago, en particular), la deserción
escolar, los trabajos mal remunerados, en fin, la calidad y expectativas
de vida del pueblo mayoritario mapuche se erigen como realidades socioeconómicas
y culturales que dificultan una acción educacional fructífera
y proyectiva. A ello se agrega el efectivo proceso de desidentificación
social de las nuevas generaciones inmersas en la vorágine de
la gran ciudad, del impacto de los medios comunicacionales y de la
llamada modernidad.
El Censo Poblacional 2002 constituirá un importante marco de
referencia situacional para la implementación de políticas
culturales y de la EIB (mapudungun) en el futuro. Mientras tanto,
en este ámbito se han generado avances e importantes logros
en la última década. La Ley Indígena de 1993
establece normas sobre protección fomento y desarrollo
de los indígenas y sus etno-culturas (mapuche, aimaras
y pascuenses, entre ellos). En el Art. N° 28 se lee: a) El
uso y conservación de los idiomas indígenas, junto al
español en las áreas de alta densidad indígena;
b) el establecimiento en el sistema educativo nacional de una unidad
programática que posibilite a los educandos acceder a un conocimiento
adecuado de las culturas e idiomas indígenas y que los capacite
para valorarlas positivamente; d) la promoción y el establecimiento
de cátedras de historia, cultura e idiomas indígenas
en la enseñanza superior; en el N° 32: desarrollará
un sistema de educación cultural bilingüe a fin de preparar
a los educandos indígenas para desenvolverse en forma adecuada
tanto en su sociedad de origen como en la sociedad global, y
en el N° 33: La ley de presupuesto del sector público
considerará recursos especiales para el Ministerio de Educación
destinados a satisfacer un programa de becas indígenas.
Actualmente usufructúan de ella 24.000 estudiantes. Resulta
que en la Región Metropolitana, que concentra el porcentaje
mayor de población mapuche, no existen casi instituciones formales
que investiguen, formen en, o practiquen la interculturalidad y el
bilingüismo. Tampoco existen en las universidades de Santiago
programas de formación pedagógica (docente), que habiliten
profesionalmente para ella, por lo cual todo avance investigativo
o aporte profesional en este campo se transforma en un aval y apoyo
significativos en tal dirección.
La
CONADI y el MINEDUC, junto a las Universidades estatales metropolitanas
(y algunas privadas como la UCCSH), han desarrollado múltiples
programas, seminarios, y actividades relacionadas con promoción,
capacitación pedagógica y perfeccionamiento docente,
que vienen significando un firme piso para la implementación
de acciones e iniciativas más abarcadoras e institucionalizadas.
Sin desmerecer la importancia de los aspectos territoriales, políticos
y económicos que integran la problemática mapuche, consideramos
que el área pedagógica representa una zona
psicosocial de desarrollo próximo y proyectiva
en cuanto a la temática diversidad cultural y a
la preservación identitaria social de los grupos étnicos
originarios. La adecuación de la escuela a las características
específicas (pertinencia) del grupo sociocultural
y del sujeto-alumno en el cual se instala, la primordial significación
y proyección que adquiere la lengua materna en
los aprendizajes primarios y en sus auto y heteropercepciones (incluidas
su autoestima, relaciones emocionales, competencias cognitivas y visión
de mundo), el principio de equidad socioeducativa,
requieren de un soporte teórico-práctico que convoca
a las ciencias sociales y pedagógicas
(en interdisciplinariedad) a entregar lo suyo en apoyo para la implementación
de la EIB en nuestro país.
Es relevante el hecho de que en el Informe Final del Primer Congreso
Nacional de Educación realizado por el Colegio de Profesores
de Chile, A.G. en Santiago (1997), en su Recomendación 1.3
(Tema N° 2) se exprese: Es necesario que se considere, en
la planificación curricular, la diversidad étnica y
lingüística de los alumnos, sus familias y comunidades
en las que viven, dado que es indispensable preservar nuestras raíces
étnicas como condición para resguardar nuestra identidad
como nación. Ello debería significar la incorporación
de la educación bilingüe en todas las etnias aborígenes
y con respeto a sus derechos, a una real autonomía y preservación
de sus culturas.
Este comprometedor precepto gremial, la legislación internacional
y nacional, y el andamiaje epistemológico y científico-social
aquí expuesto, constituyen poderosos avales para sustentar
y proyectar la EIB, con lo cual estaríamos respondiendo también
- más vale tarde que nunca - al imperativo ético de
superar las injusticias existentes en nuestra concreta realidad: la
sociedad chilena, haciéndola más solidaria y cooperativa,
con vistas al bienestar colectivo y personal de sus habitantes, sin
discriminaciones, en este naciente siglo XXI.
* Luis
Rubilar es docente del Departamento de Formación Pedagógica
de la UMCE. Sicólogo y profesor de Filosofía (U. de
Chile), es además Doctor en Estudios Americanos (USACH).