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REVISTA N° 3
COMPETENCIAS REQUERIDAS PARA EL EJERCICIO DOCENTE
Prof. Dra. Luz Cox M.
Departamento de Alemán
Facultad de Historia, Geografía y Letras UMCE
RESUMEN
El presente artículo pone de manifiesto las falencias
observadas en el sistema educacional chileno, destacando los roles que
le competen a cada uno de los actores involucrados en el proceso educacional.
Asimismo, aborda, desde una perspectiva muy pragmática, el proceso
de enseñanza-aprendizaje, indicando algunos factores que tienen
fuerte incidencia en los resultados que se obtienen en la actualidad.
Desde este punto de vista, se sugieren competencias a desarrollar en los
estudiantes de pedagogía, a fin de romper la tendencia actual respecto
de los resultados obtenidos en todos los niveles del sistema.
El quehacer docente en el siglo XXI
La educación chilena se encuentra enfrentada a grandes
desafíos que se derivan de la globalización, que se hizo
cada vez más patente a través de la televisión por
cable y, posteriormente, del uso hoy bastante masificado del
computador con sus conexiones a la red para el tráfico de la información.
Hace una década, el acceso a estos medios llámense
televisión por cable e internet era privativo de un sector
reducido de la sociedad. A través del impulso dado por el gobierno
a la modernización de la educación en Chile, a poco andar
se equiparon algunas escuelas con salas multimediales, con el propósito
de disminuir la brecha entre ricos y pobres y poner a disposición
de los jóvenes, a través del acceso a la información
globalizada, una fuente de información para su desarrollo intelectual
y su trabajo autónomo. En la actualidad, parece impensable que
las escuelas y liceos no dispongan de los avances tecnológicos
para que los niños y jóvenes accedan al conocimiento.
El desarrollo tecnológico, los avances científicos, el cúmulo
de conocimientos desarrollados durante las dos últimas décadas
implican un decidido esfuerzo de los docentes en función de: a)
propiciar el desarrollo autónomo del educando, a fin de que él
construya su conocimiento según intereses y necesidades, b) entregar
las herramientas necesarias que permiten que el educando maneje software
de utilidad en su vida de estudiante, c) orientar adecuadamente el proceso
de enseñanza-aprendizaje en el aula, seleccionando los sitios más
relevante para la formación de los jóvenes del país.
Estas tareas docentes, entre muchísimas otras, implican una formación
de profesores acorde con los tiempos en que vivimos, de forma de capacitarlos
para dar cumplimiento a los grandes requerimientos que nos demanda la
sociedad actual y el desarrollo logrado y, por ende, el sistema educacional,
que debe adecuarse al desarrollo imperante.
Actores en el proceso de formación
Uno de los grandes problemas que concita el proceso de
formación se deriva de la poca claridad de muchos padres respecto
de su rol como actores relevantes en él.
Cada vez se hace más notorio el hecho de que los padres entienden
como labor de la escuela y de sus profesores la adecuada formación
de los niños. Una vez que se logre despejar y se asuma, efectivamente,
el rol formativo al interior de cada hogar, se podrá lograr avances
progresivos y sustentables en el tiempo.
Es una utopía pensar que la escuela debe asumir el proceso total
sin apoyo de la familia, por el hecho de que las deformaciones producidas
en el seno del hogar por las razones que fueren, difícilmente
pueden cambiarse, aun cuando se apliquen todas las herramientas con que
cuentan los docentes.
La mal intencionada crítica que se hace a los docentes de no estar
cumpliendo con su rol formador evidencia la postura cómoda de los
detractores del sistema que pretenden responsabilizar al gobierno de turno
de las falencias en la formación de los niños.
Por cierto, no se puede desconocer que el sistema educacional adolece
de múltiples deficiencias, que finalmente también inciden
en este proceso, sin embargo, los resultados no sólo son atribuibles
al sistema, sino que obedecen a un amplio abanico de factores.
En la última década se ha reiterado la necesidad de desarrollar
un trabajo conjunto entre padres y profesores, a fin de implementar cambios
que produzcan, a su vez, avances perceptibles en el desarrollo integral
de los niños.
Son, pues, la comunidad educativa y la familia, en un primer término,
los responsables de este proceso, sin desconocer, ciertamente, que el
papel fundamental recae en la familia, pues es en el núcleo de
ésta donde los niños y jóvenes adquieren los valores
y principios que sustentarán sus vidas. A través de una
metáfora, se puede decir que si el árbol crece torcido,
en sus primeros años de vida, y no se le coloca el puntal en el
momento requerido, éste seguirá su crecimiento torcido y
a mayor tiempo menor será la posibilidad de enderezarlo. De allí
la importancia de la familia en los primeros años de formación
de los niños.
El arduo trabajo del profesor para enderezar árboles torcidos se
ve permanentemente frenado por múltiples factores externos que
inciden en el proceso. Por una parte, afecta este proceso el hecho de
que muchos profesores deben cumplir dos jornadas de trabajo, para contar
con un ingreso que le permita satisfacer las necesidades mínimas
del núcleo familiar; por otra parte, este mismo hecho implica que
muchos deben desplazarse para cumplir en otro establecimiento la segunda
jornada; por último, se suman a lo recién mencionado otros
factores como cursos con un excesivo número de alumnos, infraestructuras
poco acogedoras, falta de medios didácticos, bibliotecas si
es que las hay poco acogedoras, con carencia casi absoluta de bibliografía
que estimule el interés de los niños y jóvenes por
adentrarse en la lectura, jóvenes desprovistos de todo interés
provenientes de hogares de alto riesgo, etc, etc. Estos son sólo
algunos de los factores que influyen negativamente en el proceso, sin
considerar la salud mental del docente quien con tanto ajetreo,
preocupación, strés pierde motivación e interés
por enderezar el árbol torcido. Uno debe preguntarse si, luego
de mencionar sólo algunos factores, es aceptable la crítica
que se hace al sistema.
Ciertamente, quien opta por estudiar pedagogía sabe de antemano
lo que conlleva el ser docente en un país que poco reconoce su
labor; no obstante ello, la entrega debe ser total y absoluta, pues está,
en gran parte, en manos de los docentes provocar el cambio que nos permita
lograr el nivel de país desarrollado.
La importancia de la infraestructura y otros medios
Quienes tienen la suerte de estudiar en un colegio particular
son aquellos niños y jóvenes que provienen de hogares económicamente
mejor situados y cuentan, en consecuencia, con los elementos necesarios
para desarrollarse integralmente, sin presiones, sin preocupaciones, sin
temores y por qué no decirlo, sin hambre, sin carencia de útiles
escolares, etc. La realidad de la escuela pública, del liceo, dista
mucho de esta realidad. Comenzando por la infraestructura, hay que decir
que muchos alumnos a lo largo del país están expuestos al
frío durante el invierno, porque en la sala de clases hay un vidrio
roto, cuántos alumnos sobreviven sólo con los alimentos
que reciben en el colegio, porque en sus hogares no existen los medios
que permitan darles una alimentación adecuada, cuántos de
ellos viven en condiciones de hacinamiento, compartiendo incluso con animales
domésticos sus pobres camas para sentir un poco de calor, sin siquiera
imaginar lo que significa tener su propia habitación.
Ante una realidad tan aberrante en tiempos actuales, la escuela debe ser
el lugar de acogida de estos niños y jóvenes que deben formarse
en el espíritu de superación para, en un futuro cercano,
derrotar la extrema pobreza.
Sí, la escuela del siglo XXI debe ser esto y tal vez mucho más,
pues sólo a través de la educación el país
podría lograr alzarse en un país desarrollado. Sin embargo,
esta escuela y este liceo deben contar con las condiciones adecuadas aquí
ya no es posible hablar de condiciones mínimas, dado el avance
económico del país dígase buena infraestructura,
buen mobiliario, buenos materiales, equipos computacionales de última
generación y, por sobre todo, con una excelente biblioteca abierta
que permita a los niños potenciar sus áreas de interés.
El rol del Estado
Todo gobierno que pretende producir cambios sustanciales
en un país debe centrar su quehacer prioritario en la educación.
La inversión en educación es tal vez la única inversión
en donde no se debería escatimar esfuerzos en pos de subsanar todos
aquellos aspectos que presentan falencias para que la educación
que se entrega a lo largo y ancho del país sea, efectivamente,
una educación de calidad. Es, en consecuencia, necesario que el
Estado invierta. El mejoramiento debería comenzar con la infraestructura
de los establecimientos educacionales existentes, muchos de los cuales
se hallan en un estado bastante desmejorado, especialmente sus servicios
higiénicos.
La tendencia de reducir costos construyendo grandes escuelas, para albergar
en ellas a un gran número de estudiantes, debería erradicarse,
a fin de propiciar el desarrollo de los jóvenes y de velar por
su crecimiento intelectual. En los grandes colegios se produce la deshumanización
de la educación con actitudes represivas por parte de los profesores
para mantener el control. La situación actual, con un aumento progresivo
de la violencia y, por qué no decir, de la delincuencia al interior
de los mismos establecimientos educacionales debería llevar a pensar
que sólo dentro de grupos pequeños es posible vencerla,
es decir, si se tiene control sobre los alumnos y estos no desaparecen
en el anonimato de la gran masa de alumnos. Pareciera ser que el cambio
cualitativo en lo concerniente a los aspectos recién mencionados,
sólo se logrará si se construyen pequeños colegios
al interior de las comunas, en los cuales la comunidad escolar termina
transformándose en una gran familia. En el seno de esta familia,
los estudiantes se sentirían acogidos por sus profesores, éstos,
a su vez, podrían mantener una relación más estrecha
con sus alumnos, la que les permitiría detectar más fácilmente
posibles problemas en los niños y jóvenes e implementar
la orientación necesaria en orden de ir en ayuda y solución
de los mismos. Con esto se podría lograr avances cualitativos muy
superiores partiendo del solo hecho de que los niños y jóvenes
no estarían expuestos a riesgo, desplazándose a colegios
ubicados en sectores muy alejados de sus hogares; la familía podría
mantener un mayor control sobre ellos y trabajar a la par con los educacdores,
de este modo se evitaría la excesiva exposición de los jóvenes
a la calle que se ha transformado en el centro de operaciones de los narcotraficantes,
de la violencia, etc.,
La reforma de la educación
Sin lugar a dudas, la reforma educacional implementada
en el país, luego del retorno a la democracia, ha significado un
avance sustantivo, por sobre todo, en el aspecto de la inversión
hecha la cual aún resulta insuficiente y desde el punto
de vista de la orientación que se ha dado al quehacer docente en
el proceso de enseñanza-aprendizaje. Se deben destacar los siguientes
aspectos de relevancia: implementación de aulas multimediales ciertamente
aún insuficientes en un alto número de escuelas y
liceos, cambio del centro de atención en el proceso de enseñanza-aprendizaje,
en donde el docente ya no cumple la función de transmisor de conocimientos,
sino que más bien se transforma en facilitador de aprendizajes,
destacando aquí al alumno en el centro de atención del quehacer
docente; también la ampliación de la jornada escolar ha
sido bien recibida por la sociedad.
Aun cuando es innegable la relevancia de estos hitos de la reforma, resulta
cuestionable que no se haya preparado, primeramente, a los profesores
que debían atender las aulas multimediales. A este respecto hay
que decir, que, iniciados los grandes cambios, los profesores se enfrentaron
a la triste realidad de que no manejaban el computador ni siquiera
a nivel de usuario, e incluso sentían temor, temor de que
los alumnos manejaran mejor este medio, temor a producir desperfectos
en el aparato por desconocimiento de su manejo. En un comienzo, se consideró
la incorporación del computador como medio en el proceso de enseñanza-aprendizaje
como pérdida de tiempo. Los docentes no contaban con el know how
requerido para elaborar sus propios materiales. No obstante ello, el gobierno,
consciente de las múltiples ventajas de esta tecnología,
decidió iniciar cursos de capacitación para los docentes,
pues era creciente la motivación de los niños y jóvenes
por incursionar en el medio, con el propósito de desarrollar sus
trabajos escolares. Por otro lado, la infinita cantidad de información
disponible en la red podía ser usada tanto por profesores como
alumnos para facilitar el trabajo de ambas partes.
El cambio del centro de atención en el proceso de enseñanza-aprendizaje
conllevó, para el docente, el uso de nuevos medios didácticos
y nuevas formas sociales de trabajo en aula; a este respecto hubo mucha
resistencia a la aplicación de nuevas metodologías, se rehuyó
el cambio, pues todo cambio implica necesariamente más trabajo.
Hoy por hoy se espera que todos los profesores hayan adecuado sus metodologías
y que su quehacer docente se haya centrado efectivamente en el alumno.
En lo relativo a la ampliación de jornada, ésta cumplía
con el propósito de sacar a los niños y jóvenes de
la calle y mantenerlos ocupados en el colegio con distintas actividades
del currículo y con otras extra-curriculares, las que redundarían
en beneficio del alumno. A este respecto, pareciera ser que la visión
del gobierno fue un tanto limitada; eventualmente se actuó cautelando
el excesivo costo de las actividades extra-curriculares, pues con la reforma
se llegó al extremo de suprimir asignaturas por ejemplo el
alemán como lengua extranjera, eliminando la posibilidad
de electividad a que tienen derecho los niños en su formación
ciudadana. En estas circunstancias se pierde la opción de hacer
otras actividades que enriquezcan su bagaje cultural, centrándose
en el mismo quehacer.
La formación docente
Muy posterior a iniciada la reforma en las escuelas y liceos
del país, se visualiza en algunos centros de formación del
profesorado la necesidad de reformular el currículum. Éste
debería reflejar los cambios impulsados por la reforma en las escuelas
y liceos e incorporar un fuerte componente valórico, sobre cuya
base se desarrollaría el trabajo en cada asignatura. Este componente,
que debería estar presente en toda la malla curricular, pretende
rescatar los valores sobre los cuales se cimenta la convivencia armónica,
el respeto por los demás, por las diversidades, por el medio ambiente,
etc.
Posterior a esto, es el gobierno, quien, sobre la base de las evaluaciones
hechas a la reforma en marcha, visualiza la necesidad urgente de crear
el programa denominado «Fortalecimiento de la Formación Inicial
Docente», cuyo propósito es mejorar la calidad de la formación
de los futuros docentes. A este respecto, el gobierno llamó a participar
con proyectos académicos que aseguren la formación del profesorado
acorde a los tiempos. El concurso de fondos estaba destinado a financiar
las áreas de intervención priorizadas, dando especial énfasis
a la innovación curricular, a la innovación pedagógica
y otras áreas de interés en la formación docente.
A partir de esta base, las universidades dedicadas a la formación
de docentes, inician la elaboración de proyectos concursables,
a fin de contar con los medios económicos y poder implementar los
cambios que estaba requiriendo la sociedad y el país.
En lo referente al currículum, se implementan cinco líneas
curriculares, sobre cuya base se supone cubrir los requerimientos de la
reforma.
Surge la necesidad de capacitar a los formadores de formadores y se implementan,
con el concurso de universidades extranjeras, diversos planes especiales
de magíster y doctorados, con el propósito de preparar a
los responsables del proceso de formación de profesores para asumir
el desafío que estaba imponiendo la sociedad; asimismo, se ofrecen
diversos cursos de capacitación en el uso de tecnología
moderna. En atención a que la enseñanza en los colegios
adolece de falencias tales como poca participación de los educandos,
mucho aprendizaje de memoria, poca motivación por el estudio, desconocimiento
de estrategias de estudios, etc., se decide implementar el cambio de metodologías,
en un comienzo muy resistidas, a fin de que los futuros profesores experimentaran
y vivenciaran a diario nuevas formas de enseñanza y, por sobre
todo, se compenetraran con técnicas de enseñanza y de aprendizaje
que les permitieran acceder a aprendizajes cualitativamente mejores y
mucho más efectivos.
A este respecto, parece ser que la formación de formadores para
los alumnos del sistema aún no logra dar cuenta acabada de lo que
conlleva ser profesor en el siglo XXI.
El educando del siglo XXI
El desarrollo de la sociedad chilena, el avance económico
logrado en el país, las actuales demandas de la sociedad, entre
otros, nos indican que aún no se ha encontrado el rumbo que debe
asumir la educación en Chile, para sobrellevar los múltiples
y variados fenómenos que se han instalado en el país y de
los cuales los jóvenes han sido presa fácil.
El alto grado de agresividad de los educandos pareciera tener su origen
en el alto grado de permisividad de los padres, en la alta competitividad
que impera entre los jóvenes (lamentablemente esta competitividad
no se expresa en lo académico), en el laissez-faire que se instaló
luego del retorno a la democracia, después de haber estado conculcados
los derechos de los chilenos por más de una década, y por
qué no decir, también en la globalización, que ha
permitido que se instalen en el escenario nacional, a través de
internet y de la televisión por cable, realidades ajenas a la idiosincrasia
chilena, las que han ido minando la identidad nacional y, aún más,
han propiciado en los jóvenes cambios, ajenos a las buenas costumbres,
los que si no se orientan tempranamente podrían conducir al país
a su desplome total. Nunca antes estuvieron tan al alcance de los jóvenes
las drogas y el alcohol, cuyos efectos son bien conocidos.
Los jóvenes del siglo XXI requieren de profesores tolerantes, afables,
abiertos, comprensivos, involucrados socialmente, que demuestran cariño
por su profesión, que se interesan por los jóvenes; sin
estas características, no es posible pretender alzarse como modelo
de un joven que no tiene interés por cambiar en una sociedad que
no le ofrece mayores perspectivas de vida. El profesor debe partir aceptando
al joven tal cual es y desde ahí propiciar paulatinamente el cambio.
El profesor no debe olvidar que jóvenes reprimidos, en constante
búsqueda de válvulas de escape, finalmente, equivocan irreversiblemente
el camino correcto y se transforman en lastre para la sociedad.
Competencias del profesor del siglo XXI
La profesión docente es tal vez la única
que encierra una formación en diversos ámbitos del saber.
Ciertamente hay profesores que saben mucho de su especialidad, pero carecen
por entero de tantas otras competencias, imprescindibles en el profesor
del siglo XXI.
Los tiempos actuales exigen formar profesores con múltiples competencias,
de forma de mejorar la formación de los jóvenes educandos.
Dos argumentos refuerzan la necesidad de cambio en la formación
de los futuros docentes; por un lado está el nuevo enfoque que
se da al proceso centrado en el aprendizaje y por otro, los profundos
cambios que han experimentado los jóvenes chilenos. Un acucioso
análisis de las encuestas de evaluación de los docentes
universitarios arroja, año a año, como evidencia la ausencia
de características inherentes al profesor universitario; en una
gran mayoría de los docentes de las universidades, muchas de sus
características son consideradas típicas de los profesores
de escuelas y liceos. Por otro lado, los jóvenes de hoy abandonan
las aulas de sus liceos carentes de apoyo en una serie de ámbitos
antes impensados para la universidad. Es necesario lanzar una mirada crítica
y analizar aquellos ámbitos que se aluden permanentemente en las
encuestas, a fin de producir en los docentes el cambio que ayudará
a llevar a buen término el proceso de enseñanza-aprendizaje
en la universidad, de modo de formar profesores felices, realizados, comprometidos
con el quehacer docente y dispuestos a trabajar por el cambio.
Resulta interesante escuchar las quejas de los docentes en torno al rendimiento
de sus alumnos. Mucho más interesante sería buscar los factores
que inciden en el rendimiento y dar la debida orientación a los
estudiantes. Si los docentes cuestionan el quehacer de sus alumnos, es
doblemente necesario que cada docente realice una autocrítica y
trate de descubrir dónde se encuentra la falla. El proceso enseñanza-aprendizaje
es un proceso en el cual influyen permanentemente factores internos y
factores externos que el buen profesor no debe perder de vista; de allí
es que resulta fundamental que cada profesor haga parte de sus prácticas
habituales la autoevaluación. Así como hay malos alumnos
también hay malos profesores; expuesto en forma un poco más
positiva se podría decir que hay profesores que carecen de las
competencias necesarias para desarrollar su quehacer docente como también
alumnos que adolecen de falencias que le dificultan abordar en forma aceptable
su trabajo académico. Pareciera ser ineludible la responsabilidad
que recae en los profesores del siglo XXI y, consecuentemente, en las
instituciones formadoras de profesores.
En consecuencia, debemos esperar que las instituciones de educación
superior, que forman en sus aulas a los profesores que demanda la sociedad
actual, enfoquen su quehacer en el desarrollo de las competencias necesarias
requeridas para la formación del profesor del sistema educacional
chileno; se espera que éste, durante su formación, desarrolle
una serie de competencias inherentes a la labor del profesor actual. Entre
otras, por ejemplo, las siguientes:
* Competencia pedagógica: ¿Cuándo o bajo qué
circunstancia podríamos aseverar que un profesor es pedagógicamente
competente? Los principios y el modo de actuar, que subyacen y dirigen
el proceso de enseñanza-aprendizaje conforman, tal vez, la primerísima
y más importante condición de una persona que actúa
como difusor de conocimiento. Un profesor pedagógicamente competente
parte de la premisa que el proceso de enseñanza debe estar orientado
en función del proceso de aprendizaje. La estructuración,
planificación y la realización del proceso de enseñanza
debe apuntar siempre a un cambio del nivel de conocimientos del alumno.
Una hora de clases que no logra dejar huellas en el alumno sólo
se puede calificar de una hora de clases mal estructurada, quizás
mal planificada o eventualmente mal realizada, a través de la cual
no se logró los objetivos propuestos por el profesor en función
de los resultados a alcanzar en los sujetos de la educación. Hay
que considerar, sin embargo, que las horas de clases están dirigidas
a un grupo curso y que en este caso es decisivo que al menos el 50% de
los alumnos logre modificar su estado de conocimiento. Un porcentaje inferior
debería llevar al profesor a cuestionarse la hora de clases y a
realizar el correspondiente análisis de las acciones desplegadas,
a fin de poder establecer si el problema radicó en él o
en los alumnos; en consecuencia, la autoevaluación resulta fundamental
en el proceso.
Se podría resumir diciendo que la competencia pedagógica
se refiere a las acciones «enseñar» y «aprender».
El enseñar se refiere a las prácticas de enseñanza,
es decir cómo se enseña, y el aprender se refiere a los
resultados del aprendizaje. La relación de estos dos ámbitos
debería motivar la permanente reflexión, el permanente análisis
de las prácticas y los resultados. Aquí podría aplicarse
el silogismo hipotético «a buenas prácticas de enseñanza,
buenos resultados de aprendizaje». Si hay ausencia de resultados
positivos en el aprendizaje, es necesario poner bajo la lupa las prácticas
de enseñanza. No obstante, si se logra concluir luego de
un análisis crítico que las prácticas fueron
del todo buenas y que los resultados de aprendizaje no son atribuibles
a las prácticas de enseñanza, entonces es aconsejable que
el profesor se proponga hacer el análisis crítico desde
otra perspectiva, por ejemplo dilucidar las estrategias de aprendizaje
aplicadas, investigar la calidad del estudio realizado por los alumnos,
etc.
* Competencia en la especialidad: Ésta está referida al
ámbito del conocimiento a difundir por parte del profesor. Si se
trata de un profesor de matemáticas, éste debe manejar las
matemáticas del nivel para el cual fue formado, si, por ejemplo,
debe dedicarse a enseñar las operaciones básicas, debería
manejarlas a la perfección. Por el contrario, si se trata de un
profesor de un idioma extranjero, entonces se espera que maneje en
todas las habilidades la lengua a enseñar. Se espera, en
consecuencia, que pueda leer, comprender, escribir y hablar la lengua.
Si el profesor no maneja su especialidad, se corre el riesgo de que enseñe
los fenómenos de forma equivocada y se haga un enorme daño
a los alumnos, si éstos son confrontados con un profesor más
competente. Centrándose específicamente en la enseñanza
de una lengua extranjera, es deseable no pretender que un profesor, que
estudió la lengua como especialidad y dentro del ámbito
de la lingüística, pueda explicar textos filosóficos
o de alguna otra área del saber ajenas a ésta.
* Competencia didáctica-metodológica: Se espera de todo
profesor que sea versátil, es decir que sea capaz de elegir la
metodología apropiada para entregar el conocimiento y que se apoye
en los medios más adecuados en la práctica de enseñanza.
Si el profesor de biología pretende lograr conocimientos efectivos
respecto del efecto de la luz solar sobre el crecimiento de las plantas,
lo más indicado sería que pidiera a los alumnos realizar
el experimento y observar los cambios que se producen por efecto del sol
sobre una planta. El proceso cognitivo que realizan los alumnos asegura
conocimientos efectivos y cualitativamente mejores. Si sólo se
describe el efecto del sol, lo más probable es que no comprendan
el proceso y no deduzcan la función del sol sobre la planta. Pero,
volviendo al concepto de competencia didáctico-metodológica,
un profesor competente se halla permanentemente tras la búsqueda
de nuevas formas y métodos de enseñanza; regularmente busca
formas que facilitan la comprensión de los fenómenos a enseñar.
Este profesor busca con el propósito de innovar sus prácticas
pedagógicas. El profesor competente da valor a los métodos
más adecuados, da valor a la calidad de los materiales empleados
en el proceso, da valor al empleo de diferentes medios para dar cumplimiento
a los conocimientos pedagógicos. La competencia en cuestión
es tanto más importante cuanto que está científicamente
demostrado que la capacidad de concentración del estudiante suele
mantenerse en el mejor de los casos no más allá
de 45 minutos. El profesor competente podrá visualizar claramente
el momento en que debe cambiar de materia, de metodología, de actividad,
de estrategia, etc.
* Competencia psicosocial: No menos importante parece ser la parte humana
del profesor. Un profesor que excluye, de buenas a primeras, a un alumno
más débil y no se acerca a ver su parte humana, a examinar
qué está aconteciendo en su interior, en su entorno, etc.,
es porque su interés se radica en dar cuenta de su quehacer de
transmisor de conocimientos. Cómo se podría ayudar a estos
alumnos carece para muchos profesores de toda importancia. De allí
que sea altamente importante que el profesor aplique conocimientos de
psicología y de sociología, a fin de ayudar al joven estudiante
a mantenerse en el proceso; es, en consecuencia, altamente aconsejable
que el profesor se mantenga en permanente búsqueda de los elementos
que gatillan bajos rendimientos en sus estudiantes; un análisis
de estos elementos puede conducir, finalmente, a establecer que de parte
del alumno hubo poco interés por el ramo, atribuible a veces a
factores internos del quehacer docente referidos por ejemplo a la falta
de motivación, falta de preparación de la hora de clases,
etc., o que estos elementos se refieren exclusivamente a un problema de
aprendizaje ocasionado por una fuerte carga emocional en el seno del hogar
que propiciaría un ambiente contrario al requerido para el estudio.
A este respecto, se aconseja también tener presentes los resultados
que arrojan las investigaciones del ámbito cognitivo. Ciertamente
los adultos aprenden de manera diferente a los niños; éstos
suelen hacerlo por imitación, por el contrario, aquéllos
lo hacen a través de un proceso cognitivo, el que, según
Piaget, presupone, en una primera instancia, la asimilación y,
en una segunda, la acomodación. En relación con la adquisición
de lenguas extranjeras, es sabido que la persona adulta pierde aquella
movilidad intelectual o plasticidad que hace que el niño en edad
infantil aprenda a través del juego. Ciertamente esto no sólo
es aplicable a la adquisición de lenguas extranjeras; a nivel general
podría decirse que el estudiante adulto aprende con más
rapidez a través de su compenetración en el proceso, a través
de experiencias prácticas. Se puede decir que un profesor competente
psicosocialmente está siempre dispuesto a escuchar a sus alumnos,
se interesa por sus éxitos. En caso de fracasos, se ocupa por investigar
la razón; es una persona amable, atenta, y muestra interés
por el prójimo, asigna valor a las buenas relaciones sociales y
emocionales. En este ámbito, compete al profesor establecer reglas
claras de comportamiento. Si los alumnos conocen las reglas del juego,
referidas al comportamiento, que les rigen, entonces se atienen regularmente
a ellas. En el ámbito de la competencia psico-social se hallan
otras tareas, tales como reconocer los avances y expresar el estímulo
correspondiente. Todo logro debería ser reconocido en el grupo,
por pequeño que éste sea. El profesor competente sabe que
una palabra de reconocimiento puede marcar la diferencia. De esta forma,
el estudiante vivencia actitudes que le ayudan a afirmar su autoestima,
pues un pequeño éxito despierta la preocupación por
éxitos consecutivos.
* Competencia pragmática: La competencia profesional del profesor
comprende también una competencia pragmática. El profesor
competente en este aspecto es aquel que es abierto frente a sus alumnos,
que se acerca a ellos, libre de prejuicios y que nunca aparece frente
a ellos como un «sabelotodo». En la medida en que el profesor
se presenta como una persona «humilde», es decir sin rasgos
de arrogancia, es altamente probable que tenga éxito, al igual
que sus alumnos. La sinceridad, el tacto y la sensibilidad frente a las
personas, así como la franqueza frente a consultas, preguntas y
problemas son tal vez características altamente relevantes que
deberían estar presentes en todos los profesores. El profesor competente
se preocupa por proteger los sentimientos de su prójimo, debe desplegar
habilidad en su trato con los demás, cuidando siempre de ser sincero,
sin herir las susceptibilidades de sus alumnos. Un profesor con competencia
pragmática se maneja en un ambiente de trabajo amistoso con sus
alumnos, valora el trabajo en equipo de sus alumnos y construye su éxito
sobre la base de un apoyo solidario recíproco. Por ser una persona
práctica, este profesor está permanentemente buscando fórmulas
que facilitan el proceso de enseñanza-aprendizaje, pues no se trata
exclusivamente de «enseñar» y «aprender»,
sino que se trata de objetivos aún más generales, es decir
del grupo y de cada uno y no sólo en el ámbito disciplinar
sino en la vida en comunidad.
A todas las competencias a que se ha aludido podrían agregarse
otras de tanta o quizás mas relevancia, según sean los requerimientos
del grupo curso. La creatividad es, por dar un ejemplo más, otra
competencia que debería poseer el formador de formadores.
Reflexión final
En el momento en que el Ministerio de Educación
nuevamente está impulsando cambios a través de proyectos
concursables, en que promueve el modelo europeo que se ha venido gestando
desde fines de la década de los 90, en el que se pretende sintonizar
los estudios a nivel de los países de la comunidad europea, sin
pretender asimilarlos con la consecuente pérdida de identidad,
sino que más bien de manera formal, deberíamos plantearnos
seriamente si es pensable copiar este modelo, pues él conlleva
un cambio de visión, éste presupone comprender y aceptar
la globalización, lo que a su vez significa una fuerte mejoría
de las prácticas y de los resultados de aprendizaje, si realmente
queremos ser competitivos en el mundo global que promueve la movilidad
de las personas.

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