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REVISTA NÚMERO 3

LA SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA O SOCIOLOGÍA DE LA NOVELA

Laura Chuaqui Numan
Socióloga (U. de Chile)
Departamento de Formación Pedagógica de la UMCE

El presente artículo tratará sobre la Sociología de la Literatura o Sociología de la Novela que fundaran Gyorgy Lukács y Lucien Goldmann. Este criterio consiste en analizar las relaciones funcionales entre la literatura y los procesos económico-sociales o bien político-sociales, o socio-culturales, dentro del marco interpretativo. (1)

Las obras literarias encierran a veces descripciones de la realidad social que les es contemporánea. Por ejemplo, se han podido estudiar los "tipos sociales" a través de Honorato de Balzac y Emilio Zola. En Inglaterra, las novelas de Charles Dickens, también "los Buddenbrooks" de Thomas Mann en Alemania, "Los Hombres de Buena Voluntad" de Jules Romainns, y muchas otras obras, constituyen materiales muy útiles para el trabajo de los sociólogos. Más aún, la literatura no solamente es un documento para la sociología, sino que se convierte en sociología propiamente tal, en la medida en que es reflexión sobre la sociedad, sobre la situación que le rodea al hombre en la sociedad, o sobre su propia condición en la sociedad. (2)

Para Lukács, el escritor debe estructurar literariamente la realidad y los destinos del pueblo, desde el punto de vista del mismo pueblo, es decir, debe haber una actitud militante, partidista, al servicio de este pueblo, para lo cual se requiere inevitablemente una clara visión y dominio de la ciencia literaria. Para este autor, la auténtica literatura debe tener como objetivo, conferir a cada hombre la conciencia de sí mismo.

Para cumplir esa misión ha de ser popular, pero esta popularidad no tiene nada que ver con la simplificación de los problemas, ni con una simplificación de la literatura meramente agitadora. Esa popularidad se basa precisamente en el hecho de que la gran literatura crea auténticos problemas en el nivel más alto, de que ahonda hasta las auténticas y profundas raíces de la acción y sufrimiento humanos, de los pensamientos y sufrimientos del hombre. Desde esta visión, se desprende que la obra literaria se transforma en un mecanismo educativo importante. Desde la perspectiva educativa que le correspondería jugar a la literatura, Lukács citando "La Estética" de Hegel, sostiene que el centro de la teoría de la novela del filósofo alemán es la educación de los hombres para la realidad. Hegel dice que este aspecto novelístico es la vuelta de lo serio hacia las novelas de la caballería convertidas en verdadero contenido. La casualidad de la existencia externa se ha convertido en una ordenación fuerte y segura de la sociedad burguesa y del Estado, de manera que ahora la policía, los tribunales, el ejército y el gobierno ocupan el lugar de los fines quiméricos que antes se proponía el caballero de los héroes que actúan en las últimas novelas. Se oponen como individuos con sus fines subjetivos del amor, del honor, el anhelo de honor o con sus ideales por un mejoramiento de mando, al orden establecido y la prosa de la realidad, que desde todas partes dificulta el camino. Hegel llega a la conclusión de que en el mundo moderno estas luchas no son otra cosa que los años de enseñanza, la formación del individuo en la realidad existente, con lo cual obtiene su verdadero sentido. La finalidad de estos años de enseñanza a juicio de Hegel consiste en que el sujeto se identifique con las condiciones existentes mediante su deseo y su opinión, en que se inserte en el encadenamiento del mundo y obtenga en él un lugar adecuado.

Lukács sostiene que tanto la esencia como la existencia, la formación y el efecto de la literatura sólo se puede comprender y explicar como relación histórica del conjunto de todo el sistema. La formación y el desarrollo de la literatura son una parte del proceso histórico de la sociedad. La esencia estética y el valor estético de las obras literarias, y en relación con ello su efecto, constituyen una parte de aquél proceso social por el cual el hombre se apropia del mundo mediante su conciencia. Lukács dice, (refiriéndose ante todo al arte y a la literatura) que toda actividad espiritual del hombre tiene una determinada independencia relativa en cada uno de sus campos de actividad. Con esto quiere subrayar que Marx y Engels no negaron nunca la evolución relativamente independiente de los distintos campos de actividad de la vida humana y que no negaron que otro pensamiento filosófico se une a otro anterior, lo desarrolla, lo ataca, lo corrige, etc. No es posible concebir que las artes o las ciencias tienen una historia particular, inmanente, exclusivamente alimentada por su dialéctica interior.

Por su parte, Lucien Goldmann denomina también a la Sociología de la Literatura "estructuralismo genético". Dice que el método de análisis de la obra literaria que tanto él como Lukács usan, parte de la hipótesis de que todo comportamiento humano es un intento de dar una respuesta significativa a una situación particular, y tiende, por ello mismo, a crear un equilibrio entre el sujeto de la acción y el objeto sobre el que recae el mundo circundante. (3)

Lukács recibe la influencia de dos vertientes distintas dentro del pensamiento estético o literario. Por un lado el de Dilthey conocido como epistemología cultural autónoma y por otro del marxismo, y la teoría estética derivada de este pensamiento. La epistemología cultural autónoma encuentra sus antecedentes en el filósofo alemán Fichte. A Fichte se le reconoce como uno de los que trataron de superar las contradicciones del pensamiento kantiano, una de las cuales consistía en que Kant niega la posibilidad de conocer los objetos en sí (el numen) y a la vez admite que el objeto del conocimiento es determinado por la conciencia. Fichte cree que debe conocerse un principio único para ambos, en el que no sea posible la contradicción. Toda filosofía que aspire a la libertad se inicia en el sujeto que es capaz de libertad. El objeto, en cambio, no lo es. No es necesario, por tanto, partir de la oposición sujeto-objeto, pues la existencia del objeto del conocimiento es creación del sujeto cognoscente. En el mundo de la realidad, no hay oposición alguna, pues todo pertenece al ser. En el mundo del saber se establece una relación entre dos polos: el yo creado por la autoconciencia y el no yo que aparece como objeto de conocimiento. Este planteamiento de Fichte, dará inicio a la Escuela Idealista Alemana y tendrá especial relevancia en la historia y en la creación artística, pues la mimesis (o sea, la imitación de las frases o gestos de alguien) es sustituída por el arte como creación artística. Es decir, que el artista no copia la realidad, sino que crea una nueva realidad. No hay representación de un mundo real, sino creación de un mundo ficcional.

El nuevo concepto de literatura derivado del idealismo fichteano produce un giro decisivo en la creación, en la teoría y en la epistemología literaria: el artista, gracias al idealismo fichteano es un sujeto libre, no un copista. El proceso mimético, que aspiraba a lograr la perfección, en la verdad, es decir, en la relación de la obra con la naturaleza o con la belleza ideal, producto de la abstracción, es sustituido por principios que llevan al artista a rechazar los límites de su creación. Una vez que las tesis idealistas fueron acogidas en el plano de la creación artística, se dio lugar a la que quizás constituye la mayor revolución en la historia del arte, en la teoría de las artes y en el arte moderno. En lo que a la teoría se refiere, se introduce una total renovación de los presupuestos y de los métodos de análisis, lo que repercutirá inevitablemente en la valoración de las obras literarias y artísticas en general

Siguiendo esta perspectiva, Dilthey sitúa a las ciencias humanas en oposición a las ciencias de la naturaleza, aportando con ello las bases para una epistemología cultural autónoma, pues superó así la reducción kantiana de que sólo podía haber conocimiento científico acerca de la naturaleza y defendió la posibilidad de " experiencia" en el mundo histórico. A Dilthey se debe, por tanto, el desarrollo del historicismo a partir de las últimas décadas del siglo XIX. Se configura una nueva concepción de literatura al amparo de tal historicismo: literatura como producto cultural. El historicismo surge como una posibilidad de encontrar leyes generales en el cambio que los objetos creados por el hombre sufren en el tiempo. Dilthey hace una crítica de la razón histórica y a la vez una crítica histórica de la razón humana. La razón no es capaz de dar cuenta de la variedad de hechos, de la diversidad de fines ( a veces aparentemente contradictorios) que el hombre se propone en sus contradicciones, pero puede encontrar leyes generales. De aquí derivará el historicismo, que queda justificado como conocimiento científico sobre la dimensión histórica del mundo del hombre, y que tan brillantemente se ha desarrollado hasta la mitad del siglo XX. Es necesaria, aunque no suficiente, una visión histórica del objeto, para poder adentrarse en el mundo de la cultura e intentar explicarlo.

La cultura cambia en la historia y en su conjunto no es asequible a la razón, que también cambia. Por tanto, el mundo cultural, además de ser explicado, puede ser comprendido. Tales posturas desembocan en una concepción de la literatura como producto objetivado donde es posible la experiencia, como producto humano porque tiene dimensión psicológica y como producto histórico pues está sometido a leyes de la evolución. Las posibilidades del hombre respecto de sus creaciones son diferentes de las que puede tener con el mundo natural que le es ajeno. De manera que debe desplegar en cada una distintas intenciones y proponerse distintos fines: la explicación en el caso de las ciencias de la naturaleza, y la comprensión en el caso de las ciencias de la cultura. A través de la comprensión es posible captar el valor que la libertad imprime al mundo de la cultura. Los hechos naturales, por responder a una necesaria relación de causales y cuánticas, pueden explicarse, pero no pueden comprenderse. Los hechos culturales, por su parte, se explican y, además, se comprenden

La otra vertiente de pensamiento que influye en Lucien Goldmann es la estética derivada del marxismo. Para quienes toda estética es posible sólo si es social. El arte es una forma específica de reproducir la realidad, y es una forma de conciencia social. Goldmann sostiene que la idea principal de su método aparece por primera vez en la filosofía de Hegel y Marx a pesar de que ninguno de los dos utilizó explícitamente el término estructuralismo genético. Los planteamientos principales del pensamiento de Lucien Goldmann son los siguientes:

1.- Las estructuras constitutivas del comportamiento humano no son en realidad datos universales sino hechos específicos, nacidos de una génesis anterior y que están sufriendo transformaciones que esbozan una evolución futura. Sin embargo, en cada nivel de la delimitación del objeto, el dinamismo interno de la estructura no sólo resulta de sus propias contradicciones internas sino también del dinamismo –estrechamente ligado a ellas- de una estructura más vasta que lo engloba y que tiende a su vez a un equilibramiento. Y cabe agregar que todo equilibramiento, cualquiera que sea su nivel, no podría ser sino provisional, en la medida misma en que está constituido por un conjunto de comportamientos humanos que transforman el medio ambiente y crean, por ese solo hecho, nuevas condiciones, gracias a las cuales el antiguo equilibrio se vuelve contradictorio e insuficiente.

2.- Cualquier descripción de una estructura dinámica o de un proceso de estructuración (que por otro lado también es, en su aspecto complementario, una descripción de un proceso de desestructuración de estructuras preexistentes) tiene, dentro de esta perspectiva, un carácter comprensivo respecto del objeto estudiado, y un carácter explicativo respecto de las estructuras más limitadas que forman sus elementos constitutivos. El punto de partida de tal método será, por consiguiente, la obra misma, cuyos elementos deben ser descritos, pero no de manera indiscriminada, sino en razón de su finalidad. O sea, merced a la intención con que se han integrado en un conjunto o sistema. (4)