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REVISTA NÚMERO 2 CONSIDERACIONES EN TORNO A LA SEXUALIDAD, Francisco Javier Vidal El presente artículo pretende demostrar que los cambios ocurridos en la sexualidad de los jóvenes de nuestro tiempo requiere que el sistema educativo cambie su anquilosado rol de transmisor de contenidos para convertirse en un elemento activo, centrado en las preocupaciones reales de los jóvenes, que lejos de tratar de imponer a los y las alumnos/as criterios morales personales -por muy legítimos que éstos puedan ser para cada persona en particular- entreguen información concreta de cómo ejercer una sexualidad responsable para quienes han optado por comenzar su actividad sexual. Los docentes, en este contexto, deben convertirse en personas cercanas a los estudiantes, en amigos en los cuales puedan confiar sin temor de recibir por parte de éstos reprimendas ni respuestas evasivas. Para ello, se hace necesario formar docentes especializados en educación sexual que cuenten con la información, la empatía y la preparación necesaria para asumir los nuevos desafíos que implica la docencia en los tiempos de hoy. 1. Juventud y Sexualidad La sexualidad ha sido, desde hace mucho tiempo, uno de los temas que más polémicas ha despertado en ámbitos sociales, educacionales, culturales, jurídicos y políticos. Un claro ejemplo de ello son los debates suscitados en torno a los programas de educación sexual implementados por los ministerios de salud y educación en algunos establecimientos educacionales del país. Así, las Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad (JOCAS) han sido blanco de duros ataques por parte de distintos sectores políticos y religiosos. No obstante ello, muchos padres y, sobre todo, muchos alumnos, se han manifestado a favor de la puesta en marcha de este tipo de programas. La importancia de realizar programas de educación sexual por parte del Estado -o por otro tipo de organismo- tiene que ver con que, durante las últimas décadas, la sexualidad en los jóvenes ha experimentado notables cambios, los que tiene que ver principalmente con una mayor apertura y expresión vivencial de la misma. Esta consideración se fundamenta en los resultados de algunas investigaciones empíricas realizadas en torno al tema, tanto en nuestro país como en el extranjero. Por ejemplo, un estudio realizado por Rubin en Estados Unidos sobre las historias sexuales de casi mil personas heterosexuales de entre 18 y 40 años, reveló «la crónica de un cambio de gigantescas proporciones en las relaciones entre hombres y mujeres durante las décadas pasadas. La primera experiencia sexual de los entrevistados de más de 40 años contrastaba dramáticamente con la relatada por los grupos de edad más joven». Estos resultados son concordantes con los obtenidos por Pollak en Francia, quien encontró que la edad de inicio de la actividad sexual de los menores de 35 años era radicalmente distinta de las de los grupos de mayor edad. Nuestro país no se ha mantenido al margen de los cambios que ha experimentado la sexualidad entre los jóvenes de Estados Unidos o Francia. Así lo demuestra un estudio realizado a una muestra de más de cuatro mil jóvenes de diversas regiones de nuestro país, según el cual, el 52% de los consultados inició su vida sexual antes de los 17 años, mientras que el 79% se encontraba sexualmente activo a los 18. En concordancia con ello, un estudio cualitativo realizado en base a entrevistas en profundidad con 48 mujeres de distintos estratos socioeconómicos mostró que la edad de inicio de la actividad sexual promedio de las mujeres era los 19 años, en la mayor parte, antes del matrimonio. Los datos anteriormente señalados son coherentes por los encontrados por el Ministerio de Salud en una muestra de 5.407 personas, donde se constata que el 94% de la población mayor de 18 años de edad ya ha tenido experiencias sexuales. Comparando los tramos de dad extremos, el estudio muestra que, "entre las mujeres mayores y las jóvenes de hoy, la entrada a la sexualidad se ha adelantado en dos años: las edades medianas de iniciación bajan de los 20 a los 18 años. Entre los mismos grupos de dad de hombres se constata que la mediana de iniciación se ha reducido en un año: baja de 17 años 8 meses a 16 años y 8 meses" Por otro lado, una encuesta aplicada a 928 estudiantes de cuarto medio de enseñanza media de entre 17 y 19 años mostró que éstos reivindicaban la autonomía moral frente a la evaluación externa de la institucionalidad estatal o eclesiástica. En este sentido, Ramos concluye que los jóvenes no le reconocen ni al Estado ni a la Iglesia el derecho de controlar moralmente el comportamiento privado en materias de vida sexual. Sin embargo, este mismo estudio también reveló que la mayor parte de los jóvenes considera que el amor y el afecto constituyen los principios que legitiman la vida sexual prematrimonial. Así, en la visión de los jóvenes, la expresión de la sexualidad se encontraría íntimamente ligada a la expresión de los afectos. Una manifestación concreta de la temprana iniciación sexual de los jóvenes en nuestro país lo constituye el aumento en el número de adolescentes embarazadas. Las estadísticas señalan que, cada año, cerca de 40.000 niñas se convierten madres, con variaciones que van desde 40 por mil en la XII región a más de 95 por mil en la III región. Un estudio realizado en torno a la ilegimitimidad muestra un proceso sostenido de aumento de los nacimientos ilegítimos, entre los nacimientos ocurridos entre 1960, de los cuales un 15,9% correspondía a hijos ilegítimos, y el periodo hasta 1990, donde el porcentaje se elevaba al 34,3%. También debemos considerar los 150.000 abortos al año y que, un grupo importante de jóvenes, no usa métodos anticonceptivos, a pesar de encontrarse sexualmente activos. Sin embargo, los cambios observados a nivel de la sexualidad de los grupos más jóvenes, no sólo tienen que ver con la edad de inicio de la actividad sexual, sino que también -como lo han demostrado algunos estudios- con el tipo de práctica sexual en que se involucran las personas. Rubin, por ejemplo, encontró que entre hombres y mujeres de más de 40 años, poco más de un 10% había practicado el sexo oral, mientras que, en la generación actual de adolescentes, el sexo oral -aunque no practicado universalmente- frecuentemente forma parte de la actividad sexual de los jóvenes. En cuanto a la masturbación -antaño sinónimo de sexualidad fallida- uno de los primeros informes sobre sexualidad -en Informe Kinsey- descubrió que el 90% de hombres y el 40% de las mujeres se habían masturbado alguna vez. Estudios más recientes han elevado estas proporciones a casi el 100% en los hombres y a cerca del 70% en las mujeres. En el caso de nuestro país, los datos indican que, de una muestra de 1.209 santiaguinos, el 39% de ellos había practicado el sexo oral. El estudio de comportamiento sexual del Ministerio de Salud, en tanto, muestra que el 60,2% de los y las entrevistadas declara practicar sexo oral como parte de la relación sexual. 2. Sexualidad y Sociedad Moderna Desde un punto de vista sociológico, Giddens enfatiza que los cambios ocurridos a nivel de la sexualidad guardan íntimas relaciones con las transformaciones que han tenido lugar en las sociedades contemporáneas. Este autor plantea que uno de los cambios más importantes de los últimos años tiene que ver con el papel que han desempeñado las mujeres en la producción de una "igualdad sexual". Esta igualdad sexual habría conducido al establecimiento de una "relación pura" entre hombres y mujeres, la cual formaría parte de una reestructuración genérica de la intimidad. Para Giddens, la relación pura es «una relación de igualdad sexual y emocional que tiene connotaciones explosivas respecto de las formas preexistentes de las relaciones de poder entre los diversos papeles sexuales establecidos». Estas transformaciones, unidas a la contracepción efectiva y a la tendencia a limitar el número de hijos, habrían influido en el surgimiento de lo que Giddens denomina la "sexualidad plástica", que es una sexualidad descentrada, liberada de las necesidades de reproducción. Esta separación que se establece entre sexualidad y reproducción encuentra expresión en que, con la ayuda de tecnologías "de punta", es posible que la segunda tenga lugar sin la intervención de la primera. Otro de los rasgos que Giddens considera característicos de la sociedad moderna se relaciona con la salida a la luz pública de las minorías sexuales. La conducta homosexual -indica este autor- ha sido influida por las mismas transformaciones que han afectado a la conducta heterosexual y su "aparición" en el escenario social ha tenido profundas implicancias para la vida sexual en general. Este planteamiento es concordante con la caracterización que hace Vattimo de la sociedad moderna, a la que denomina "sociedad transparente", cuyo rasgo central tendría que ver con la pérdida del sentido de "una sola realidad". Ello habría ocasionado la liberación de las diferencias entre las personas. Para Vattimo, eso se expresa en los esfuerzos que han hecho las minorías sexuales por hacer valer su derecho a vivir, a pensar y a actuar del modo que estimen conveniente. Al respecto, este autor señala: «En cuanto cae la idea de una racionalidad central de la historia, el mundo de la comunicación generalizada estalla en una multiplicidad de racionalidades "locales" -minorías étnicas, sexuales, religiosas, culturales o estéticas- que se toman la palabra, al no ser, por fin, silenciadas y reprimidas por la idea de que hay una sola forma verdadera de realizar la humanidad, en menoscabo de todas las peculiaridades, de todas las individualidades limitadas, efímeras y contingentes». Esta idea de la caída de una racionalidad central de la historia puede relacionarse con los planteamientos de Lyotard sobre las sociedades modernas -o postmodernas como sostiene este autor. Lyotard caracteriza la sociedad actual como una en que los metarelatos anteriormente sostenidos como verdaderos -la dialéctica del espíritu, la hermenéutica del sentido o la emancipación de los trabajadores- pierden legitimidad. Esta incredulidad en los saberes sostenidos como verdaderos -como el saber científico- habrían influido en el surgimiento de conductas apáticas y desarraigadas, ya que no existiría un proyecto común que vincule a las personas. La falta de una visión socialmente compartida de "lo verdadero" concuerda con lo que Vattimo denomina "pérdida del sentido de una realidad" ya señalado. Un planteamiento similar al de Vattimo es el de Hegel, quien entiende la modernización como una época que extrae su normatividad a partir de sí misma y que rechaza criterios normativos provenientes de épocas anteriores. El principio básico de la modernización sería el principio de la "libertad de la subjetividad". En términos generales, Hegel caracteriza la Edad Moderna por un modo de relación del sujeto consigo mismo, que él denomina subjetividad: «El principio del mundo moderno es la libertad de la subjetividad, el que puedan desarrollarse, el que se reconozca su derecho a todos los aspectos esenciales que están presentes en la totalidad espiritual». El planteamiento de Vattimo sobre la sociedad postmoderna, no obstante, ha sido blanco de duras críticas por parte del continuador de la tradición sociológica frankfurtiana Jurgen Habermas, quien considera que el proyecto de la modernidad todavía no ha concluido. En este sentido, señala que los intentos de negarla corresponden al esfuerzo de los neoconservadores para que el modernismo cultural cargue el lastre de una modernización capitalista con relativo éxito en la economía y en la sociedad. Para Habermas, la cultura ha influido muy indirectamente en los rasgos considerados postmodernos, como la falta de identificación social, la falta de obediencia y el hedonismo. Así, este autor señala que las protestas contra la modernización tienen su origen en que «las esferas de la acción comunicativa, ocupadas de transmitir normas y valores, se encuentran penetradas por formas de modernización guiadas por normas de la racionalidad económica y administrativa». 3. Sexualidad y Riesgos Volviendo al tema de la sexualidad, Alfaro y otros destacan que, ante esta nueva realidad social y cultural que hemos descrito, existen una serie de riesgos asociados al ejercicio de la sexualidad adolescente que, según hemos señalado, se ha hecho mucho más frecuente que en tiempos anteriores. Estos riesgos, indican estos autores, tendrían que ver con tres planos distintos:
Con la aparición del Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), los debates suscitados en torno al tema de la sexualidad han adquirido particular relevancia. El SIDA aparece en un momento en que el hombre siente plena confianza en su razón y en su poder para controlar el mundo social y natural, dejando entrever lo que Fineberg ha denominado «las vulnerabilidades de la naturaleza humana» y mostrando una serie de fisuras y de conflictos no resueltos en una sociedad que aparentemente vivía sin los antagonismos que habían caracterizado la convivencia anterior. Las profundas implicancias sociales que ha tenido la aparición del SIDA en el mundo han sido adecuadamente expuestas por Nelkin et al., quienes señalan: «El SIDA no es una epidemia ordinaria. Más que una enfermedad devastadora, ésta carga con profundos significados sociales y culturales. Más que una tragedia pasajera, ésta tiene efectos de largo término en las relaciones personales, las instituciones sociales y las configuraciones culturales .... Sus efectos se extienden más allá de los costos médicos y económicos, moldeando todas las formas en que organizamos nuestras vidas individuales y colectivas». Todo lo anteriormente señalado redunda en que ninguna entidad se encuentre con la preparación suficiente como para hacer frente a la epidemia del SIDA de una forma más racional que emocional. Las estrategias para prevenir el SIDA adoptadas en los distintos países a través de los medios masivos de comunicación han pasado por distintas etapas: [1] dar a conocer los hechos; [2] causar miedo; y [3] proporcionar una respuesta adecuada para prevenirlo. Sin embargo, aún cuando las campañas preventivas han evolucionado en el transcurso del tiempo, lo han hecho a un ritmo que no ha podido contrapesar los avances del SIDA en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud a diciembre de 1999, existían en el mundo 34,3 millones de personas viviendo con VIH/SIDA. En el caso de nuestro país, las estadísticas indican que el SIDA ha ido aumentando progresivamente año tras año, alcanzando un total de 3.741 enfermos y 4.395 personas asintomáticas hasta el 30 de junio de 2000. Además, según datos de la Comisión Nacional del SIDA (CONASIDA) han muerto a la misma fecha 2.479 persona a causa de este mal. Las personas más afectadas por el VIH son jóvenes o adultos jóvenes, encontrándose una mayor prevalencia en los grupos etáreos de entre 20 y 30 años. Los motivos de ello probablemente radiquen en que los jóvenes todavía creen que el SIDA no afecta a las personas "comunes y corrientes" sino sólo a ciertos grupos de la sociedad. En una encuesta realizada en las principales ciudades urbanas de nuestro país a 4.522 estudiantes de entre 15 y 17 años, se evidencia que un 72,9% de los encuestados considera que no existe ninguna posibilidad de contagiarse el SIDA y que, en caso de existir, esta es muy baja. Ello concuerda con otros estudios realizados en torno al tema en nuestro país, donde se ha encontrado que sólo el 27% de una muestra de 1.209 santiaguinos se consideró en riesgo de adquirir alguna enfermedad de transmisión sexual. Por otra parte, si consideramos que el 70% de los universitarios y el 25% de los alumnos de enseñanza media se encuentran sexualmente activos, resulta claro que el tema de la sexualidad debería ser abordado de manera seria por organizaciones gubernamentales y no gubernamentales involucradas en el tema de la educación y/o de la juventud. Otro estudio realizado en estudiantes universitarios sexualmente activos muestra que éstos rechazan la abstinencia sexual como método de prevención del SIDA, no creen que el condón sea confiable en un cien por ciento como mecanismo preventivo y están de acuerdo que todas las personas que tengan vida sexual activa están en riesgo de contraer el VIH. Frente a estos resultados cabe preguntarse de qué manera creen los jóvenes que se puede prevenir la adquisición del virus del SIDA. Al parecer, la mayor parte de los estudiantes cree que la pareja única representa la forma más adecuada de mantenerse alejados de los peligros implicados en una probable transmisión del VIH. Sin embargo, lo que no consideran los estudiantes es que a pesar de ser mutuamente fieles mientras dura la relación, sus parejas sexuales van cambiando rápida y sucesivamente con el transcurso del tiempo -lo que Giddens ha denominado "monogamia serial"- y que la probabilidad de adquirir el VIH en estas condiciones aumenta considerablemente. También es probable que se mantenga la creencia de que el SIDA afecta a las personas que practican los que ellos y ellas conceptualizan como "relaciones de promiscuidad sexual", ya que, según sus respuestas, esta sería una de las causas del SIDA Otra de las características de la pandemia del SIDA en nuestro país tiene que ver con sus patrones de diseminación. Así, mientras en un primer momento, los principales afectados por el VIH eran homosexuales, en la actualidad el SIDA se encuentra en todos los grupos sociales, sin distingos de ninguna especie, evidenciando una creciente heterosexualización, feminización y pauperización. Los antecedentes estadísticos muestran que la proporción hombre:mujer ha pasado de 15:1 en 1991 a 7:1 en 1996. La situación de mayor vulnerabilidad en que se encuentra la mujer con respecto al contagio del SIDA probablemente tenga que ver con las ideas machistas predominantes en nuestra sociedad. De hecho, los estudios indican que a las mujeres les da vergüenza pedir a sus parejas sexuales que usen preservativos. 4. Sexualidad y Formación Frente a los peligros que implica la extendida actividad sexual en nuestros días, cabe preguntarse a quién le corresponde asumir la responsabilidad de formar a los jóvenes en el tema de la sexualidad. En primera instancia deberíamos respondernos que la familia debe tener un rol central en este sentido. Sin embargo, la mayor parte de los padres muchas veces se sienten incómodos para hablar con sus hijos temas referidos al sexo. Seguramente esto se explica porque sus padres tampoco les hablaron estos temas cuando ellos eran pequeños. Los resultados de un estudio anteriormente citado, destaca la escasa preparación que las mujeres tienen para asumir su vida sexual adulta. Al respecto las investigadoras señalan: "Esto hace que las mujeres aprendan en la práctica, casi por ensayo y error, y tengan una primera experiencia sexual cargada de dudas. Por supuesto el desarrollo de la sexualidad antes del matrimonio se hace a escondidas de los padres, confiándose algunas veces en hermanas o amigas. De hecho ninguna de las mujeres mantiene relaciones sexuales prematrimoniales con el consentimiento de los padres; ellos sólo vienen a enterarse formalmente cuando hay embarazos". Otra investigación realizada en hombres de distintos estratos socioeconómicos mostró que, "los varones de sectores medios altos fueron informados por los padres (en contraposición a los de estratos bajos, que no recibieron información), especialmente sobre biología y reproducción, pero en general la enseñanza fue pobre y ocasional. Sin embargo, se transmitió claramente que el mensaje que la sexualidad activa, la expresión del deseo y el placer del varón no correspondían al ámbito de la familia. Debían invisibilizarse, eran vulgares, pecaminosos" Esta dificultad de los padres para hablar de sexo podría tener que ver con que éstos sean considerados como fuentes de información en materias de enfermedades de transmisión sexual por sólo el 11% de una muestra de más de mil santiaguinos. Los medios masivos de comunicación representan la principal fuente de información para el 74% de los entrevistados según el mismo estudio. En este contexto, nos parece de alta gravedad que la última campaña de prevención del SIDA realizada por el Ministerio de Salud date del año 1997. El sistema educacional representa otra de las entidades que debería tener un rol central en la preparación del joven para enfrentar la vida en un sentido amplio, no sólo en términos de habilidades académicas. Sin embargo, los problemas que el sistema educacional ha puesto en evidencia para asumir su rol formativo han sido de variada índole, enfrentando incluso las presiones de sectores eclesiásticos. En primer lugar, los alumnos de los establecimientos educacionales no tienen, en su gran mayoría, cursos de educación sexual y, cuando los tienen, se asemejan a cursos de anatomía de la sexualidad o de biología de la reproducción, que se alejan de los requerimientos e intereses reales de los jóvenes. Ello se refleja en los resultados de una encuesta realizada en nuestro país, en la cual los entrevistados declaran que «lo dicho por los profesores era muy general y poco específico. Un ejemplo de ello son las siguientes declaraciones: "... cosas muy vagas, casi no recuerdo", "... en una escuela industrial es poco lo que te pueden dar en ese aspecto, tuvimos una charla sobre enfermedades, pero no me acuerdo ..."». En otros casos, el sistema educacional no sólo se ha desentendido de entregar información correcta a los y las jóvenes acerca de la sexualidad, sino que además, como demuestra Olavaria, se ha encargado de transmitir un mensaje censurador y represor de la sexualidad. "Entre los varones populares, el colegio ni siquiera mencionó la genitalidad. Para los varones de sectores medios altos que estudiaron en colegios católicos, la sexualidad, el goce y el placer fuese el autoerotismo (la masturbación) o las relaciones sexuales prematrimoniales- eran pecaminosos. El que se masturbaba debía ir al confesionario, ofendían a Dios y a su cuerpo" Creemos que no es ajena a esta situación la falta de formación que el profesorado tiene en materias de sexualidad, encontrándose ausente de la mayor parte de los planes de estudio de los alumnos de pedagogía cursos sobre didáctica de la sexualidad. De este modo, es el sistema de educación superior quien tiene la responsabilidad de capacitar a los profesores ya titulados, y de dotar a los futuros docentes de metodologías apropiadas para tratar temáticas vinculadas con la sexualidad, de una manera abierta y libre de prejuicios e inhibiciones. También debemos destacar que otros profesionales -como psicólogos, sociólogos o asistentes sociales- que han asumido labores en temáticas vinculadas con la sexualidad, se han encontrado con grandes problemas para llenar los vacíos dejados por su formación universitaria. Por otra parte, los profesionales del área de la salud también han debido asumir una labor para la cual muchas veces no se les preparó cuando fueron estudiantes. La prevención del SIDA no ha sido un aspecto que se encuentre lo suficientemente reforzado en el currículum de los estudiantes del área de las ciencias de la salud. De este modo, a nuestro juicio, el sistema de educación superior no ha reaccionado todavía frente a estas necesidades de formación teórica y práctica, lo que se evidencia en que muy pocas universidades se encuentren dictando cursos de postítulo en sexualidad o en estrategias de prevención en VIH/SIDA. Es posible que esta actitud poco proactiva del sistema de educación superior en temas vinculados con la sexualidad también tenga que ver con las presiones e influencias de ciertos sectores políticos, que progresivamente han ido adquiriendo cada vez mayor cantidad de planteles de educación superior. En un estudio periodístico acerca del tema de la sexualidad, Rajevic constata un divorcio entre el Chile real, el Chile de la calle y el Chile de las grandes esferas del poder. En su recorrido periodístico, esta autora observa "cómo desde las altas esferas se decidía con facilidad, como quien mueve una pieza de ajedrez, qué era lo "bueno" y lo "malo" para las personas, y qué era conveniente para ellas, sin que éstas tuvieran posibilidad alguna de opinar o intervenir, como si los chilenos fuéramos eternos menores de edad y requiriéramos de un tutelaje constante. Con mucha frecuencia, tras dejar la oficina de algún senador, luego de entrevistar a algún político o intelectual, o inmediatamente después de ponerle stop a la grabadora y salir del alfombrado e impecable despacho de algún notable empresario, me tocó trasladarme al otro Chile, al de la micro repleta, los colegios y las oficinas, la calle, el barrio, observando el tremendo abismo que separa al poder de los ciudadanos y cómo así transcurría la vida, en un perfecto orden, mientras esos dos mundos fluían por caminos diametralmente opuestos, cada uno por su lado. Y mientras el director de la entidad tal o el diputado cual acaparaba los espacios de la prensa para decir que las JOCAS eran un escándalo, pues al hablar sobre las relaciones sexuales y los métodos anticonceptivos se estaba incitando a los jóvenes a la liberalización de las costumbres y al caos sexual, en una población de Puente Alto, en una pequeña casa vivían una madre separada, con su hija adolescente de 14 años, que acababa de tener un hijo (por desconocimiento y falta de acceso a los anticonceptivos), más otro hijo de 17, que había traído a la polola a vivir a la casa, porque la habían echado de la suya y vivían de allegados en ese lugar: "Mi hija, gracias a Dios, se porta como una verdadera mujercita y es una mamá muy responsable", me comentó esa mujer, mientras su chiquilla, con las rodillas huesudas y el cuerpo desgarbado aún de niña, intentaba darle de mamar a un bebé que parecía su muñeca". Lo que se pretende transmitir en este artículo es que más allá de las visiones o impresiones que cada cual pueda tener sobre lo que debería ser la situación ideal de la juventud, existe un mundo de jóvenes que, sumidos en el desconocimiento, han debido asumir roles para los que muchas veces no están preparados y que probablemente trunquen sus proyectos de vida, sus sueños y sus anhelos. Creo que es hora de velar más por el futuro de estos jóvenes, de prepararlos para la vida, de desarrollar al máximo sus potencialidades, que quedarnos en discursos relativos acerca de lo que debería o no debería ser la conducta sexual de unos jóvenes abstractos que sólo existen en nuestra imagen idealizada de qué es lo que debería ser la sociedad. Bibliografía Alfaro, J. y otros: Adolescencia, Sexualidad y Riesgos:
Un Programa Psicosocial de Prevención, Centro de Estudios e Intervenciones
Sociales, Universidad Diego Portales, Santiago, 1993. |